martes, 10 de marzo de 2009

La crisis espiritual


Los hombres y las mujeres no comprenden su dignidad y no se promueven. Y vive nun conformismo que verdaderamente es opio del pueblo. Esto hay mucho, hermanos/as. La gente rica que no piensan que ellos/as son solo culpables del pecado social.

También la gente perezosa, también la gente marginada que no luchan por conocer su dignidad y trabajar por ser mejor.

Toda aquella persona que se adormece y está tranquila, como que otros/as le realicen su propio destino, está pecando también.

San Romero de Las Américas (Homilía 24 de julio de 1977)


I-Introducción:

En política exterior hacia América Latina y en política nacional, el presidente Barack Obama está más o menos en la misma situación que estaba el para entonces presidente Franklin D. Roosevelt (FDR), cuando Estados Unidos se enfrentó a lo que alguien denominó la doble crisis: la crisis mundial financiera y la crisis de la Segunda Guerra Mundial.

Para aquel entonces FDR nos dijo que necesitábamos preservar cuatro libertades: Libertad para expresar sus ideas; libertad para adorar a Dios en la forma preferida; libertad para elegir la forma de trabajar a fin de no padecer necesidad; y libertad de evitar todo aquello que haga que la gente sufra algún temor. ¿Cuál era la preocupación principal detrás de toda esta retórica?

Aunque son dos momentos socio-históricos diferentes, el de FDR y el de Obama, es importante señalar que ambos presidentes son desafiados con la misma preocupación dentro del contexto de la ideología política imperialista y colonial estadounidense: cómo promover, proteger y mercadear un plan de dominación mundial por parte de Estados Unidos como imperio.


II-La crisis espiritual:

En este contexto de dominación mundial, se encuentran, a mi juicio, tres temas latinoamericanos que son sumamente candentes y con los cuales la política del Presidente Obama está lidiando en este momento. La decisión de si se enfocan estos temas en políticas nacionales o exteriores es puramente una de esas ilegalidades de Washington. Estos tres temas son: la revolución cubana dentro del contexto de la política interior; la revolución bolivariana en Venezuela dentro del contexto de la política exterior; y el tema de Puerto Rico como la colonia más importante dentro del contexto de su política nacional. En última instancia el resultado que se persigue en política nacional o exterior es el mismo: mantener el dominio de Estados Unidos en estos países.

Ahora bien, Obama, muy amante de la retórica política de FDR, está enamorado de aquellas cuatro libertades que FDR pronunció ante el Congreso de Estados Unidos, el 6 de enero de 1941, como estrategia de enfrentar la crisis financiera y la crisis de la Segunda Guerra Mundial. No obstante, yo sigo creyendo que solo había y sigue habiendo, una sola crisis: la crisis espiritual. Esta se caracteriza por la distribución errónea de la creación de nuestra Diosa donde poca gente agarró mucho y mucha gente que se las lleve el diablo (entiéndase capitalismo) y el responder con discrepancias y resistencia contra la clase dominante con soluciones bélicas (entiéndase el militarismo).

Permítanme aclarar un poco este asunto de la espiritualidad. De una manera muy arbitraria, están quienes han definido el tener espiritualidad con la abundancia de oraciones, retiros, meditaciones, leer la Biblia, hablar en lenguas, profecías, ayunos, abstener del sexo, o apartarse de este "mundo pecaminoso", entre otras. Yo personalmente creo, y sostengo, que la espiritualidad debe de ser definida en la relación del espíritu de una persona, o grupo, con todo lo que compone su realidad. Por supuesto, no es una relación de espíritu con espíritu sino más bien con toda la realidad que la persona y/o el grupo representa. Por tal razón, la palabra que mejor puede describir la esencia de nuestra Diosa- me parece a mí- no es salvación sino más bien liberación. Cuándo tomamos la realidad de una persona o grupo desde una perspectiva de liberación estamos obligados a liberar todas sus realidades humanas: económicas, políticas, sociales, emocionales, culturales, sexuales y por supuesto, espirituales.

Esta espiritualidad es por lo tanto una experiencia de empoderamiento solidario que busca por un lado el despertar de la conciencia crítica y de clase, para que podamos entender nuestras realidades sociales, políticas, económicas, históricas, y religiosas, sin tener que recurrir a respuestas mágicas que nos enajenan de nuestras responsabilidades. Por otro lado, también nos hace partícipe de un poder que nos debe llevar a la organización estratégica que persigue el dejar como resultado la organización socio-política para lograr la transformación de circunstancias opresoras en experiencias de liberación.

Asimismo, la espiritualidad, a mi juicio, tiende a producir otra realidad. Todos los/as seres humanos/as tienen espiritualidad, ya sean creyentes o no creyentes en Dios, practicantes o no practicantes de una religión, ya que la espiritualidad es una experiencia humana de reencuentro y relación con la creación de nuestra Diosa. En otras palabras, la espiritualidad nada tiene que ver con creer en Dios, sino más bien, practicar la justicia. La falta de practicar esta justicia en todas sus dimensiones -justicia política, económica, sexual, racial, genero, cultural, étnica, lingüística, etc.-, es la que me lleva a mí a concluir que estamos viviendo una crisis espiritual.

En este momento, ¿cómo se pone todo esto en arroz y habichuelas? El discurso de FDR le ofrece a Obama la oportunidad de seguir promoviendo por un lado la ideología teológica opresora que Dios por un lado creó la pobreza, por otro lado pone a prueba al resto de la humanidad para ver si en medio de las necesidades creadas divinamente (ejemplo: no tienen vivienda, no hay que comer, no hay servicios médicos, los desplazan de sus tierras, les desaparecen, les torturan, etc.) le demuestran su devoción, y por otro lado le confiere a Estados Unidos el control divino del resto del mundo. ¡Tremendo disparate!

De aquí entonces la necesidad de crear instituciones que puedan garantizar la hegemonía política y económica del gobierno de Estados Unidos. La famosa Escuela de Las Américas es una de estas instituciones que se distingue por entrenar a militares latinoamericanos/as para que retornen a sus países de origen por un lado para garantizar que quienes están en el poder, se queden en el poder.Y por otro lado, luchar contra movimientos insurgentes que quieren remover del poder a estos gobiernos canallescos y antidemocráticos. Por supuesto, proteger a estos gobiernos es lo mismo que proteger la política exterior del gobierno de Washington de explotación y opresión hacia América Latina. Ahora bien, ¿qué son movimientos insurgentes para el currículo de la Escuela de Las Américas? Cualquier grupo que atenta contra la clase dominante y gobernante de un país donde la inversión en corporaciones o multinacionales es más importante que la inversión social en el pueblo. Cualquier grupo que comienza a trabajar por la distribución equitativa de los recursos económicos del país. Cualquier grupo que lucha contra los desplazamientos masivos de personas civiles de sus tierras. Cualquier grupo que reclama soberanía nacional, el derecho a defenderse y condena la intromisión por parte del gobierno de Estados Unidos. Cualquier grupo que se atreve a decirle a Washington que en nuestros países mandamos nosotros/as. Cualquier grupo que condena la intromisión del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. Cualquier grupo que lucha contra las políticas sucias del NAFTA, ALCA, CAFTA-RD, etc. Cualquier grupo que lucha contra las políticas neoliberales de la globalización. Cualquier grupo que se declara en contra del Plan Colombia. Cualquier grupo que pide explicaciones por los arrestos arbitrarios, torturas, desapariciones y asesinatos. Cualquier grupo que tiene la capacidad de declararse socialista y/o comunista, etc.

Porque estoy en contra y actúo en contra de toda esta ideología de control hacia nuestros países en América Latina en particular y el resto del mundo en general, es que en una acción de desobediencia civil participé con mis compañeras/os de subversión -Theresa Cusimano, Kristin Holm, Diane Therese Pinchot, Al Simmons y Louis Wolf- entrando a la base militar Fort Benning el pasado noviembre del 2008, contra la Escuela de Las Américas. Por esta acción fuimos a juicio el pasado 26 de enero del corriente año y salimos culpables de ser transgresores/as violando leyes injustas. ¡No somos criminales somos activistas por los derechos humanos! Y por esta razón este lunes 9 de marzo yo entraré al Metropolitan Correctional Center aquí en la ciudad de Nueva York y ellos/as serán encarcelados/as en otras penitenciarías federales y esto nos hace, con mucho orgullo, prisioneros/as de conciencia.

Mi activismo espiritual me trajo a esta fase en mi vida pastoral y académica. Traigo conmigo a la cárcel a todo este sistema opresor que piensa que van a confinar mi compromiso con el pueblo. ¡Se equivocan! Mi cuerpo lo podrán encarcelar, jamás encarcelaran mi dignidad, mi compromiso político con el pueblo o mi compasión revolucionaria porque están cimentadas en la paz con justicia.


III-Muchas gracias, de corazón:

Por lo tanto, en este escrito más allá de señalar la crisis espiritual, aprovecho para agradecer toda la solidaridad que se ha brindado a mi persona en particular y a la lucha contra la Escuela de Las Américas en general. La solidaridad es una expresión de amor tal y como Jesús y El Che nos dijeron, y es la cualidad más importante para quienes estamos trabajando en este proceso revolucionario de crear un mundo diferente. Para mí esta solidaridad de amor, dentro de nuestra espiritualidad, es el sacramento más importante y confío que algún día se convierta en la verdadera y única religión. Sin embargo, muchas personas han perdido esta capacidad solidaria porque han querido manifestarla fuera de lo que se llama compasión.

La compasión nos hace sensible al mal o dolor que padece lo que se denomina el/la otro/a, para comenzar a verle como mi hermano o hermana. Cuando se tiene compasión, aprendemos a tener la capacidad de amar a nuestros/as enemigos/as, sin necesidad de justificar sus acciones y poder llevarles de la mano para que hagan correcciones en sus vidas. Lo contrario a esto es alimentar el odio que se convierte en revancha la cual en última instancia me destruye a mí como persona. ¿Cuándo aprenderemos que la restitución de la justicia es mucho más importante que el castigo?

Este fue uno de los mensajes en la película controversial titulada The Reader, donde alguien se atreve a poner sobre el tapete el aspecto humano de una "criminal", Hanna. Este proceso de devoción, sobre todo hacia quienes creemos que son nuestros/as enemigos/as, no se hace para justificar sus crímenes, sino mas bien por un lado para retornarle la humanidad a quienes supuestamente son el enemigo y por otro lado nos brinda una bella oportunidad para que descubramos nuestra compasión. Así de esta manera creamos una sociedad mejor, comenzando en mi vida.

En otras palabras, la compasión es un prerrequisito para poder tener la capacidad de comunicar el amor solidario. Cuando no tenemos compasión nos hemos deshumanizado. Fue a esto a lo que Jesús se refirió cuando nos habló de nacer de nuevo. Es a esto a lo que El Che denomino el crear el nuevo hombre y la nueva mujer. Este proceso deshumanizante es presentado de una manera genial en el libro Metamorfosis de Franz Kafka, donde un personaje llamado Gregor Samsa, despierta un día convertido en un insecto el cual es alienado y prisionero de su sufrimiento. Esta es una de esas realidades donde se reclaman los valores más propios de la identidad humana y se nos reta a buscar desde la compasión el como cambiar nuestra sociedad. Luchar contra la Escuela de Las Américas es demostrar nuestra compasión.


Conclusión:

Por lo tanto, traigo conmigo mi compasión y amor solidario, no para que sean encarcelados. Estos, como le dije al juez en Corte, volaran todos los días a través de los barrotes y de la celda para encontrarse contigo, porque son libres. Es por esto que entraré de pie con mi dignidad y mi compasión, y saldré de pie con mi dignidad y mi compasión, y aún más, con mi frente en alto de esta cárcel: soy un transgresor de violar leyes injustas y construir la paz con justicia. O sea, que nada ni nadie doblegará mi espíritu de lucha porque las ideas y acciones de justicia nadie las puede encarcelar, estas quedaron marcadas en el camino, brillaran y hablaran por si solas. Muchas gracias, donde quiera que estés.


P. Luis Barrios *
* Iglesia de Santa María, New York
http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=37660


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