miércoles, 27 de agosto de 2008

Acerca del “pack”

Pepcastelló

Me pregunta una buena amiga, ferviente católica y excelente persona, qué le veo de malo al “pack”. Intentaré explicarme.

El “pack” es un aglutinado de cosas diversas y aun contradictorias que genera confusión. Tanto, que no podemos por menos que preguntarnos si esta confusión no está buscada a posta con el fin de desorientar a los fieles seguidores y encauzarlos hacia un camino distinto del que el mensaje evangélico señalaba. Intentemos sino relacionar la humildad del evangelio con el poder de la Iglesia (bienaventurados los pobres, los humildes...); la sencillez de Jesús con la soberbia de la clerecía (no llames padre ni maestro a nadie... ¡Padre, ilustrísima, santidad!); la transformación interior que predicaba Jesús con esa vida religiosa centrada en el culto y en el valor simbólico de la liturgia y los sacramentos, un simbolismo que no exige ningún cambio en la forma de vida de quienes participan. Y no digamos ya de cómo tomar en serio cuanto la Iglesia afirma referente al sacerdocio y al pontificado sin haber hecho antes un firme propósito de fidelidad a su doctrina. Fijémonos en el sectarismo que propugna la jerarquía eclesiástica con la canonización de Escrivá de Balaguer, con la bendición de diversos colectivos de tendencia fundamentalista y con la ocultación de los casos de pedofilia y protección a los curas pedófilos. Fijémonos en qué partidos políticos gozan del favor de la clerecía romana, si los que propugnan el progreso social o los que lo dificultan o impiden. Fijémonos en tantas y tantas cosas que muestran lo lejano que está el pensamiento de quienes lideran la Iglesia Católica del que inspiraba a quienes escribieron el Nuevo Testamento, incluso en la versión actualmente aceptada sin entrar en absoluto en la posibilidad de que en su debido momento esos textos hayan sufrido retoques. Pero fijémonos más que nada en la actuación de toda esa gran estructura que es la Iglesia Católica y en como orienta de modo preferente sus recursos humanos a crear lazos de afecto entre los fieles y ella, un afecto que es el que da consistencia a la idea de «todos somos Iglesia» y sofoca cualquier rebelión seria contra los desmanes eclesiásticos. Y ya para terminar, porque la lista es larga y hay para contar y no parar, observemos el rígido autoritarismo eclesiástico, claramente visible cuando alguien se atreve a saltarse la norma para actuar de forma auténticamente evangélica en favor de los más desfavorecidos, como fue el caso de la Parroquia de Entrevías y otros que ahora no me vienen a la memoria.

Desde mi personal perspectiva observo que la sociedad católica de mi entorno se contempla a sí misma con ojos de Narciso. Veo a las personas católicas, con sus pastores al frente, recreándose en el gozo de su propia sensibilidad religiosa, sin mayor exigencia que la de afianzar sus convicciones y reafirmar su adscripción a la Iglesia. Y me parece que está claro que este y no otro es el fin que se han trazado las máximas autoridades católicas desde que Wojtyla se convirtió en Juan Pablo II, lo que representó regresar a la época anterior a Juan XXIII, de nefasta memoria para quienes tenemos ya alguna edad.

No estoy muy seguro de estar expresando con claridad lo que pienso, y con ese fin voy a relatar una situación que he vivido recientemente.

Unos amigos míos han hecho un viaje de turismo religioso a Tierra Santa. Unas cuarenta personas con tres sacerdotes. De regreso, comentando lo maravilloso del viaje, las emociones vividas y las excelencias de la organización, uno de ellos ha apostillado: «lo mejor para mí ha sido lo espiritual».

Me he preguntado para mis adentros que entiende esta persona por “espiritual”, si los arrobos internos que ha vivido o “el cambio de proyecto de vida” al cual le impele la contemplación de los Sagrados Lugares. ¿Empezará esta persona a partir de ahora a mirar con ojos críticos las relaciones de dominio y explotación de los países ricos sobre los pobres en la que se basa el bienestar de nuestro mundo opulento y nos permite tantos viajes de turismo religioso o no religioso? (Lo de los viajes es sólo un ejemplo, puesto que ya sabemos que hay cosas más graves).

No digo yo que no sea lícito a cada ser humano buscar la mejor forma de vivir, ni que los gozos que proporciona la contemplación no sean deseables. “¡Dios me libre!” Digo que el “pack” religioso que se ofrece en mi entorno corresponde a un diseño acomodaticio de catolicismo conservador y burgués, ni profético ni transformador. Tal vez sí a nivel interno personal, aunque con dudas, pero no social.

Pienso, y ojalá me equivoque, que todo ese “pack” religioso al cual me refiero tiene como fin producir en las personas sobre las que actúa esas sensaciones internas de bienestar y autocomplacencia que se expresan con el termino “espiritual”, sin la menor intención de transformar su forma de vivir, de rechazar la injusticia, de luchar por un mundo mejor. ¿Será esto una forma de entender aquello de «mi reino no es de este mundo?». Pues si es así me pregunto: ¿actuaría del mismo modo la Iglesia Católica si estuviese instalada su jerarquía en el tercer mundo en vez de estarlo en el primero?

Bien, aunque me expresé mal, espero haberme hecho entender. Gracias por vuestro esfuerzo.

Pepcastelló

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