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sábado, 28 de marzo de 2009

Organizaciones realizan acto en San Pablo

Adital

Diversas organizaciones sociales de todo el mundo realizan a partir de mañana (28) diversas actividades para celebrar la Semana de Movilización Global contra la Guerra y el Capitalismo que se extenderá hasta el 4 de abril. En San Pablo, sindicalistas, mujeres, sin-tierras, jóvenes y otros movimientos sociales participan de una marcha en defensa de los derechos laborales y sociales, pidiendo el fin de los despidos, la reducción de los intereses e inversiones públicas.

La programación de la Semana de Movilización fue discutida por la Asamblea de los Movimientos Sociales, durante el Forum Social Mundial de Belem, Pará, Brasil. Están previstos tres grandes momentos: mañana (28), habrá movilizaciones alrededor de la reunión del G-20, que se reunirá en Londres, a comienzos de abril; el lunes (30), será el día de movilización contra la guerra y la crisis y de solidaridad con el pueblo palestino; el día 4 de abril, habrá actividades en protesta por los 60 años de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

El lunes (30), la Marcha Mundial de las Mujeres participa del acto unificado en defensa de las trabajadoras y de los trabajadores, al lado de las entidades más representativas del movimiento sindical, estudiantil y popular. Bajo el lema "¡Trabajadores y trabajadoras no pagarán la crisis!", la marcha comenzará en la Avenida Paulista y seguirá hacia el centro de la ciudad. El acto estará acompañado por acciones y demostraciones en ciudades de todo el país.

"Pasaremos por la Fiesp, donde protestaremos contra los despidos y en contra de las condiciones de trabajo. Después partiremos en dirección del Banco Central, donde demandaremos un cambio en la política económica, con la reducción de la tasa de intereses. Por fin, llegaremos a la Bolsa de Valores, donde los movimientos sociales vamos a presentar una plataforma de lucha", afirma Sonia Coelho, de la Marcha Mundial de Mujeres.

El día 30 de marzo también es simbólico, pues en esta fecha se recuerda la defensa de la tierra Palestina, la solidaridad contra la política terrorista del Estado de Israel, por la soberanía y autodeterminación de los pueblos. "Queremos enfocar la cuestión de la guerra en estas manifestaciones. La guerra, de una manera particular, afecta directamente la vida de las mujeres, principalmente en la cuestión de la violencia sexual y de la sobrecarga de trabajo, cuando las mujeres se quedan con la responsabilidad de cuidar a los enfermos, a los ancianos y a los niños", destaca Sonia.

Ciudades de todo el mundo realizarán manifestaciones en contra de la crisis y en contra de la guerra. En Europa, las manifestaciones tendrán lugar principalmente en Londres, en razón de la reunión del G-20, y en Estrasburgo, a causa del encuentro de los miembros de la OTAN. En Alemania, Australia, Bélgica, Canadá, Cataluña, España, Estados Unidos, Francia, Grecia, Holanda (Países Bajos), India, Italia, Noruega, País Vasco, Pakistán, Québec, Kenia y Reino Unido (Escocia e Inglaterra) también se realizarán manifestaciones.

"En este momento de crisis financiera, que también es alimentaria y energética, sólo hay una salida: unidad de lucha de los movimientos sociales. Es importante que diversas miradas constituyan un proceso común de lucha, pues un solo sector no puede dar una respuesta efectiva a esta crisis. Tenemos que mostrar nuestro descontento en las calles, porque las grandes empresas siempre son socorridas, pero el trabajador común no recibe ayuda", resalta la militante feminista.


Adital
Traducción: Daniel Barrantes - barrantes.daniel@gmail.com
http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?boletim=1&lang=ES&cod=37942

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jueves, 26 de febrero de 2009

Nuevos valores para una nueva civilización


En el Foro Social Mundial de Belém, se concluyó que las alternativas al neoliberalismo y a la construcción del ecosocialismo no se engendran en la cabeza de los intelectuales o de programas partidarios, sino en la práctica social, a través de luchas populares, movimientos sindicales, campesinos, indígenas, étnicos, ambientalistas y comunidades de base.

Para gestar tales alternativas se exigen al menos cuatro actitudes. La primera una visión crítica del neoliberalismo. Éste profundiza las contradicciones del capitalismo, en la medida en que la expansión globalizada del mercado estimula la competitividad comercial entre las grandes potencias; desplaza la producción hacia regiones donde se puedan pagar salarios irrisorios; estimula el éxodo de las naciones pobres hacia las ricas; introduce tecnología de punta que reduce los puestos de trabajo; vuelve a las naciones dependientes del capital especulativo; e intensifica el proceso de destrucción del equilibrio ambiental del planeta.

La segunda actitud: organizar la esperanza. Encontrar alternativas es un trabajo colectivo, puesto que no surgen de la cabeza de intelectuales iluminados o de gurús ideológicos. De hay la importancia de dar consistencia organizativa a todos los sectores de la sociedad que esperan otra cosa diferente de lo que se ve en la realidad actual, desde agricultores que sueñan con trabajar su propia tierra a jóvenes interesados en la preservación del medio ambiente.

La tercera actitud es rescatar la utopía, el neoliberalismo no trata solamente de destruir las instancias comunitarias creadas por la modernidad, como la familia, el sindicato, los movimientos sociales y el Estado democrático. Su proyecto de atomización de la sociedad reduce la persona a la condición de individuo desconectado de la coyuntura socio-política-económica en la cual se inserta, y lo considera mero consumidor. Por lo mismo se extiende también a la esfera cultural. Como diría Emmanuel Mounier, el individualismo es opuesto al personalismo. Pascal fue enfático: “El Yo es odioso”.

En su apogeo el capitalismo lo mercantiliza todo: la biodiversidad, el medio ambiente, la responsabilidad social de las empresas, el genoma, los órganos arrancados a los niños, etc. y hasta nuestro mismo imaginario. Un ejemplo trivial es lo que se gasta en la compra de agua potable envasada industrialmente, dejando de lado el viejo y buen filtro de cerámica o incluso la recogida del agua limpísima de lluvia después de un minuto de precipitación.

Sin utopías no hay movilizaciones motivadas por la esperanza, ni posibilidad de visualizar un mundo diferente, nuevo y mejor.

Cuarta actitud: elaborar un proyecto alternativo. La esperanza favorece la emergencia de nuevas utopías, que deben ser traducidas a proyectos políticos y culturales que señalen las bases de una nueva sociedad, eso implica el rescate de los valores éticos, del sentido de justicia, de las prácticas de solidaridad y compartimiento, y del respeto a la naturaleza, en suma, se trata de un desafío también de orden espiritual, en la línea de lo que pregonaba el profesor Milton Santos, de que debemos priorizar los “bienes infinitos” y no los “bienes finitos”.

El proyecto de una sociedad ecosocialista alternativa al neoliberalismo exige revisar, después de la caída del muro de Berlín los aspectos teóricos y prácticos del socialismo real, sobre todo desde el punto de vista de la democracia participativa y de la preservación ambiental.

El ecosocialismo se caracterizaría por la capacidad de incorporar el concepto y las prácticas de igualdad social y desarrollo sustentable a partir de experiencias de los movimientos sociales y ecológicos, así como de la revolución cubana, del levantamiento zapatista de Chiapas, de los asentamientos del MST, etc.

Es vital incluir en el proyecto y en el programa los paradigmas emergentes actuales, como ecología, indigenismo, ética comunitaria, economía solidaria, espiritualidad, feminismo y holística.

Este sueño, esta utopía, esta esperanza que llamamos ecosocialismo no es sino la continuación de las esperanzas de aquellos que lucharon por la defensa de la vida como Chico Mendes y Dorothy Stang, dos luchadores cristianos que dieron sus vidas por la causa de los pobres, de los explotados, de los indígenas, de los trabajadores de la tierra y de los pueblos de la selva.


Frei Betto
Traducción de J.L.Burguet
Frei Betto es escritor, autor de “Cartas desde la cárcel”, entre otros libros.
http://alainet.org/active/29038

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miércoles, 25 de febrero de 2009

La cara oculta de los supermercados


La gran distribución comercial (supermercados, hipermercados, cadenas de descuento) ha experimentado en los últimos años un fuerte proceso de expansión, crecimiento y concentración industrial. Las principales compañías de venta al detalle han entrado a formar parte del ranking de las mayores multinacionales del planeta y se han convertido en uno de los actores más significativos del proceso de globalización capitalista.

Su aparición y desarrollo ha cambiado radicalmente nuestra manera de alimentarnos y de consumir, supeditando estas necesidades básicas a una lógica mercantil y a los intereses económicos de las grandes corporaciones del sector. Se produce, se distribuye y se come aquello que se considera más rentable, obviando la calidad de nuestra alimentación. Aditivos, colorantes y conservantes se han convertido en algo cotidiano en la elaboración de lo que comemos. En Estados Unidos, por ejemplo, debido a la generalización de la comida rápida, se calcula que cada ciudadano toma anualmente 52 quilos de aditivos, hecho que genera crecientes dosis de intolerancia y alergias. Lo publicitado como "natural" no tiene nada de ecológico y es resultado de procesos de transformación química. Nuestra alimentación, lejos de lo que producen los ciclos de cultivo tradicionales en el campo, acaba desembocando en una alimentación "desnaturalizada" y de laboratorio. ¿Sus consecuencias? Obesidad, desequilibrios alimentarios, colesterol, hipertensión... y los costes acaban siendo socializados y asumidos por la sanidad pública.

Los alimentos "viajeros" son otra cara del actual modelo de alimentación. La mayor parte de lo que comemos viaja entre 2.500 y 4.000 kilómetros antes de llegar a nuestra mesa, con el consiguiente impacto medioambiental, cuando, paradójicamente, estos mismos productos son elaborados a nivel local. La energía utilizada para mandar unas lechugas de Almería a Holanda, por ejemplo, acaba siendo tres veces superior a la utilizada para cultivarlas. Nos encontramos ante un modelo productivo que induce a la uniformización y a la estandarización alimentaria, abandonando el cultivo de variedades autóctonas en favor de aquellas que tienen una mayor demanda por parte de la gran distribución, por sus características de color, tamaño, etc. Se trata de abaratar los costes de producción, aumentar el precio final del producto y conseguir el máximo beneficio económico.

No en vano, según el sindicato agrario COAG, los precios en origen de los alimentos han llegado a multiplicarse hasta por once en destino, existiendo una diferencia media de 390% entre el precio en origen y el final. Se calcula que más del 60% del beneficio del precio del producto va a parar a la gran distribución. La situación de monopolio en el sector es total: cinco grandes cadenas de supermercados controlan la distribución de más de la mitad de los alimentos que se compran en el Estado español acaparando un total del 55% de la cuota de mercado. Si a éstas sumamos la distribución realizada por las dos principales centrales de compra mayoristas, llegamos a la conclusión de que solo siete empresas controlan el 75% de la distribución de alimentos. Esta misma dinámica se observa en muchos otros países de Europa. En Suecia, tres cadenas de supermercados tienen el 95,1% de la cuota de mercado; en Dinamarca tres compañías controlan el 63,8%; y en Bélgica, Austria y Francia unas pocas empresas dominan más del 50%.

Una tendencia que se prevé aún mayor en los próximos años y que se visualiza muy claramente a partir de lo que se ha venido en llamar la "teoría del embudo": millones de consumidores por un lado y miles de campesinos por el otro y tan solo unas pocas empresas controlan la cadena de distribución de alimentos. En Europa, se contabilizan unos 160 millones de consumidores en un extremo de la cadena y unos tres millones de productores en el otro, en medio unas 110 centrales y grupos de compra controlan el sector. Este monopolio tiene graves consecuencias no solo en el agricultor y en el consumidor, sino también en el empleo, en el medio ambiente, en el comercio local, en el modelo de consumo.

Pero existen alternativas. En un planeta con recursos naturales finitos es imprescindible llevar a cabo un consumo responsable y consumir en función de lo que realmente necesitamos, combatiendo un consumismo excesivo, antiecológico y superfluo. En lo práctico, podemos abastecernos través de los circuitos cortos y de proximidad, en mercados locales, y participar, en la medida de las posibilidades, en cooperativas de consumidores de productos agroecológicos, cada vez más numerosas en todo el Estado, que funcionan a nivel barrial y que, a partir de un trabajo autogestionado, establecen relaciones de compra directa con los campesinos y productores de su entorno.

Así mismo es necesario actuar colectivamente para establecer alianzas entre distintos sectores sociales afectados por este modelo de distribución comercial y por el impacto de la globalización capitalista: campesinos, trabajadores, consumidores, mujeres, inmigrantes, jóvenes... Un cambio de paradigma en la producción, la distribución y el consumo de alimentos solo será posible en un marco más amplio de transformación política, económica y social y para conseguirlo es fundamental el impulso de espacios de resistencia, transformación y movilización social.


Esther Vivas
[Esther Vivas es coautora de "Supermecados, no gracias" (Icaria editorial, 2007) y miembro del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales (CEMS) - Universitat Pompeu Fabra. Artículo aparecido en Público, 25/02/09]. Militante de Izquierda Anticapitalista. Miembro de la Red de Consumo Solidario y de la Campaña ‘No te comas el mundo’
http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=37443

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