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jueves, 18 de junio de 2009

Soñando sueños de trapo

Cuento de Eduardo Pérsico.

Mi viejo y tres amigos armaban la tipografía y en una antigua Minerva imprimían unos volantes a repartir lejos del barrio. Una tarde que entramos al taller con el mate y las medias lunas, los cuatro buscaban resumir que el enemigo nos llenaba a cada uno de egoísmo, un arma impiadosa con la solidaridad. Sin esquivar alguna broma, entre ellos llevaría su tiempo conjugar con brevedad la idea y al irnos mi madre les cuestionó el término enemigo, por estridente. Ella prefería que cada renglón fuera una voz de papel y no panfletos estilo ‘madrugada y fábrica sería lindo si nos explotaran menos’. Y menos en época de condecoradas arengas, advertencias a la población y aguas revueltas que exigían hablar en un murmullo.

Hincar los dientes sobre el hueso del tiempo puede ser un ejercicio que aterra y atrae a la vez, que dicho así suena a retórica sentenciosa pero es un modo de empezar. Más bien, mis primeros rastros parecieran diluidos en su índole, estribaciones de la memoria o cadencia condenada en sí misma; aunque podría ser la voz sin después de mi madre, furtivo rescate que se esfuma sin retorno o el cosquilleo que sorprendiera mi mano en la inicial caricia al lomo de un caballo. Aunque de aquel recuerdo dudo bastante por parecerme una desvaída rememoración recibida en la sangre; mis padres habitarían rumor de caballadas, chasquidos de rebenque, ecos de inundaciones suburbanas y silbos vigorosos de trasnochados compadres. Ellos venían de raíces que se iban licuando, inexorables, aunque aún defendían cada palabra de acercarse al resto de la gente. Y así mi viejo compartía con tres o cuatro ‘el tiempo superado es una sombra astuta como una desmemoria de sumergidas lluvias, una intuición apenas de ronda planetaria, cegadora de rostros borradora de nombres’.

Yo hubiese preferido que mi viejo no muriera en un hospital por una angina cualunque, pero y al fin de tanto repaso, entre mis primeros recuerdos brilla un tren allá abajo con sus ventanillas iluminadas en el corazón de una noche lluviosa y mis ojos reinventando aquella imagen tras la ventana de mi casa. ¿Y cómo era aquel rincón del mundo costeado por las vías, mi lugar cuando pibe sin vereda de enfrente? Un recuerdo difuso, pero en la escena brilla un tren chocante sobre sí al arrancar, y luego sus vagones serían veloces fotogramas a esfumarse cual un barco en enigmas de penumbra. Y esa escena cautivando mis ojos tendría un prisma diferente en el asombro, y alumbraría mejor ese muestrario fantasmal de seres infecundos, de rostros ausentes y doblemente solitarios en el silencio de voces humanas en los trenes de la madrugada. Cuerpos llevados por la noche como rehenes de un destino inviolable y al ser uno más, comprendí mejor las voces de papel de mi padre y sus tres camaradas que se llevaron las aguas revueltas del setenta. Tipos dispuestos a imprimir ‘los últimos serán los primeros en morirse de hambre’, y ‘el mejor negocio de los ricos es una pelea entre los pobres’.

Mi madre, fervorosa de la moderación apreciaría ‘al entender que éxito y egoísmo son sólo sueños de trapo, ya habremos perdido la última sonrisa’, una oración que para mi viejo y sus amigos ya era una moralina frente a los ataques y escondites del enemigo, dentro de nosotros mismos. (junio 2009)
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Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
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sábado, 25 de abril de 2009

Sobre la obra teatral “Cuestión de principios”

Teatro sobre “mundos desaparecidos”


Demian Paredes

“El teatro de arte es siempre rebelde. Y por eso es siempre político. Cuando le toca, le pone el pecho al autoritarismo; en tiempos de bonanza institucional se enfrenta al mercantilismo, a la banalidad y al mal gusto. Y en todos los casos necesita romper con las modas. Es decir, hace política”
Roberto “Tito” Cossa, autor de la obra (1)

En un living se desarrolla el reencuentro de los dos protagonistas de Cuestión de principios. Padre e hija vuelven a unirse después de 8 años, debido a un trabajo: la resentida y belicosa Melina debe escribir las memorias del padre, sindicalista y militante del PC, quien quiere que “alguien de confianza” se ocupe de la tarea.

Pese al buen dinero que cobrarán como coautores –ya que la editorial para la cual trabaja Melina acepta publicar el libro-, esta tarea se mostrará ciclópea, imposible, en tanto padre a hija representan dos polos opuestos: mientras que el primero es un “hombre de principios” y honor, la hija sostiene que la historia “pasó por arriba” a todos aquellos que luchaban por el socialismo y el “hombre nuevo”; Melina de hecho encarna el escepticismo reinante los últimos tiempos, producido tras la caída del “socialismo real”: el Muro de Berlín y los procesos de 1989/91.

Sin embargo, la obra de conjunto muestra las flaquezas de ambos: por un lado la rigidez y acartonamiento del padre: una suerte de “monje rojo” (incluso sectario, ya que en la investigación la hija encuentra como dato que terminaron perdiendo la conducción del sindicato porque no quisieron hacer un acuerdo con los socialistas) que tiene un completo pudor de tratar los temas personales y familiares, el sexo, y hasta reconocerle una frase a León Trotsky -que el padre siempre se la atribuyó a Lenin-.

Por su parte, la hija (que le descubre al padre al verdadero autor de su frase preferida, “googleando”) es una escéptica: sentencia que el mundo no se puede cambiar, y que los pobres de hoy sólo pueden llegar a ver como salvación “la Biblia o el Corán”, y que las ideas de Marx, Lenin, Trotsky “ya no interesan, ni sirven, a nadie”. (2)

Las preguntas que hace el autor en la presentación de la obra son: “¿Qué pasó con nuestros sueños de un mundo socialista? ¿Por qué se nos vino abajo aquélla hermosa utopía?”. A lo que agrega: “¡Qué puede hacer un ciudadano de a pié que está obsesionado por el tema y ni siquiera leyó un libro de Carlos Marx, que lo único que sabe es escribir obras teatrales?(...), echar una mirada sobre el tema desde la conducta de seres humanos, personajes que se debaten en sus historias personales. Nada más. Encender un fósforo en la inmensa oscuridad del universo”. Y lo que queda iluminado en la obra son varias cosas: por un lado las contradicciones acerca de las “certezas” del padre: en última instancia, un honesto luchador confiado en un partido –el burocrático y stalinista PC- que en realidad no luchaba por cambiar el mundo; al mismo tiempo que, el individualismo (que propugna la sociedad capitalista con su ideología liberal) de Melina, la hace someterse a los poderes constituidos: como la editorial para la cual trabaja, que la hace incluir “amarillismo” en la biografía.

Ambos “mundos”: el de la hija, adaptado al capitalismo (hoy en bancarrota) y con un melancólico resentimiento; el del padre, a la espera ineluctable de un “mundo nuevo”, quedan, colisionados y maltrechos, tras muchísimas discusiones, a disposición del público.

Escrita por “Tito” Cossa (ex periodista y persistente y decidido impulsor de la experiencia del Teatro Abierto durante la dictadura), la obra tiene funciones en el Teatro del Pueblo (3), los viernes y sábados, a las 21 hs.

Notas:
1) “El teatro siempre hace política”, artículo aparecido en revista Ñ, 2004.
2) Dice el director de la obra Hugo Urquijo dice en un reportaje: “Admitiendo cierto sectarismo, el padre apunta a un mundo más justo y solidario, y es cierto que está solo y que en ese estado lo único que puede hacer es escribir sus memorias. Padece el desencuentro, también el psicológico, por el impacto que tiene la ideología sobre la subjetividad. La hija, por ejemplo, es un personaje que responde a la subjetividad de esta época. Es lo que en términos más técnicos se llama ‘producción de subjetividad’” (diario Página/12, 4/4/09).
3) El Teatro del Pueblo, fundado en 1930 por Leonidas Barletta, tiene una muy interesante página web con una reseña histórica del mismo y artículos de los dramaturgos, entre otras cosas ( www.teatrodelpueblo.org.ar ). El último lustro el teatro viene estrenando unas 15 obras por año.

Demian Paredes
http://cultural.argenpress.info/2009/04/sobre-la-obra-teatral-cuestion-de.html

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