viernes, 19 de noviembre de 2010
Ternura y malvón
jueves, 19 de noviembre de 2009
Sólo cielo y milagro hoy no es suficiente
Qué bien vendría a deidades y dioses de los diversos credos venir a este planeta sin ojos de turista.
Han pasado los siglos, alguien diría unos miles, y algunas salvaciones jamás nos han llegado. Si hay mágicas deidades más halla del elenco que propone el Olimpo, es una duda grande que ninguna se atreva a convivir con especies que fueran su proyecto. Según tanto se repitiera de nosotros ‘hechos a semejanza de dios’, sin formato de peces o mirada en la nuca y tipos comunes como usted, yo y el otro, les pedimos a las divinidades visitar este planeta como sea. Sin milagros ni misas muy suntuosas queremos solamente que se ocupen de equilibrar los tantos de este siniestro juego diseñado en la tierra. Aunque embarren su aureola por estos arrabales que junta condenados por el hambre y el frío, rincones apartados de cualquier esperanza, esperamos hallar algún sobrenatural todopoderoso que disponga un cambio, donación o trueque de nuestra agobiadora realidad. Según lo conocido, nadie creíble marinero o terrestre, vio angélicas figuras bregando por la repartición de comida, o advirtiendo a señores adueñados del mundo que todo es de la tierra y con la muerte, muere. De aquí ningún mortal se lleva ni las migas; los diamantes deslucen la mortaja y con la cremación todo metal se altera, pierde sus propiedades… Qué bien vendría a deidades y dioses de los diversos credos venir a este planeta sin ojos de turista. Por favor, recorrerlo con ganas y verlo según es; con sus pícaros sermoneando en los templos y absolviendo pecados cada cual a su precio, y que al pasar llenan con crédulos turistas bien vestidos la famosa plaza egregia de los romanos. Esa renombrada representación que cualquier domingo ofrecen esos artistas estelares con bonetes de dibujo animado, ropas carnavalescas y un lenguaje confuso de exigir a los mortales comunes que sean buenos, desechen la riqueza, se amen unos a otros y abatan la pobreza.
¿De qué hablan estos pastores además de proponernos regularmente que ante la tentación carnal hagamos el amor rezando un padrenuestro? No jodamos, arengar a desechar la riqueza a esos que sin alcanzar fortuna comen siempre, es un guiño cómplice con los furibundos cultores religiosos por la propiedad privada de sus bienes. Dueños de cuantiosas fortunas, aunque no tanto y también mucho menos, hoy están decididos a liquidar hambrientos cómo sea, en tanto los miserables de la tierra que sólo por seguir vivos delatan la inequidad del sistema económico implantado en el planeta, - que a las sectas religiosas no les sugiere ningún remordimiento litúrgico- se empecinan en seguir comiendo. Ese algo natural de cualquier especie a la sobrevivencia, pareciera la gran preocupación de las clases medias bajas hacia arriba en la Argentina que conocemos. Ese renombrar técnicamente ‘acabar con la pobreza’ la lucha contra los miserables, esconde una mentira diabólica y cruel porque al mismo tiempo los pudientes favorecidos por navegar en estas aguas, sin cesar aumentan su agresión a los desposeídos. En nombre de la democracia, la seguridad jurídica y cualquier ardid que se les ocurra, los dueños verdaderos del Poder usan a sus fabricantes de opinión, - medios de comunicación, corporaciones místicas, farándulas varias y delirantes orientadores conceptuales- en aleccionar que el sistema económico, social y financiero que ellos disponen es el único respetable y posible. Cualquier actitud contra sus intereses es antidemocrático, criminal o terrorista, y debería eliminarse por el ‘gatillo fácil’, frecuente método policial, o reclamando sin cesar el endurecimiento de las condenas contra los menores. No hay código penal que los conforme y aunque disfracen el pedido de pena de muerte contra cualquiera, jamás aceptan ni discuten el mejor reparto de los bienes y mucho menos el régimen de propiedad de la tierra. A ellos les resulta hereje toda vocación en organizar comarcas en la que coman todos, y esa cerrazón o tozudez del Poder y sus adoradores ante las encerronas del sistema, hoy exhiben un patetismo rígidamente teatral.
Pero se llame capitalismo o de distinto nombre pero incapaz de repartir los panes, por aquí nada sirve y así ninguna deidad mágica o prodigiosa se apiada de este planeta menor con nosotros encima. Aunque eso sí, parece que el Pentágono y el Departamento de Estado disciplinando a la *SIP, le avisaron a los dioses que no se inquieten porque ellos se ocuparán de todo. (noviembre del 2009)
*SIP: Sociedad Interamericana de Prensa, representativa de las corporaciones y dueños de medios de comunicación.
Eduardo Pérsico
escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
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miércoles, 28 de octubre de 2009
Por los dioses, la patria o lo que sea.
Al referirse a la relevancia de las religiones en el desarrollo de la humanidad, el escritor José Saramago dijo ‘lo único que han hecho ha sido matar, matar y matar’; una apreciación no muy ajena a los pensadores independientes en serio y que en otros términos ya había dicho Bertrand Russell, al recordar las persecuciones y crímenes que ocurrieran entre los mismos cristianos. Una profunda disidencia con las religiones de dos pensadores que no invalidarían a cierto humorista de los años cuarenta en Buenos Aires, F.P., al decir que ante la pedofilia y homosexualidad creciente en los colegios de curas era lógico la adoración de los sables, pero que bendecir los cañones de Benito Mussolini en Italia ya era demasiado...
Irreverencias aparte, las religiones aún vigentes están vinculadas al oro y no fueron casuales las uniones entre reinados y religiones, bien demostrado por los Reyes Católicos de España al impulsar la conquista de América con atropellos a punta de espadas y de cruces. En la Conquista, generada por el hambre como desde siempre fueron las migraciones del hombre, los indígenas de las Antillas fueron sometidos a trabajos forzados para así cargarse la mayor cantidad de oro a España, y al romperse así la economía agrícola antillana sobrevino la casi extinción de su población, sin la menor conmiseración del catolicismo que consideraba seres inferiores a esos nativos que en verdad los dueños del territorio. Luego Hernán Cortés imaginó hallar en México una riqueza imposible de satisfacer y el señor Inca Moctezuma no podía comprender semejante codicia. Esa vez y conocida como la Noche Triste, los conquistadores abandonaron Tenochtitlán con muchísimas pérdidas humanas, pero por 1561 Franciso Pizarro con el secuestro de Atahualpa, el último señor Inca, obtendría ‘una habitación de tres metros por cinco de ancho repletas de oro, y dos habitaciones más llenas de plata’. Atahualpa fue aconsejado por su gente que atacara con sus miles de guerreros a Pizarro, que sólo contaba con 167 hombres, pero como este igual que Moctezuma temía que los españoles fueran hijos del rey Viracocha, no lo hizo y los españoles no tardarían más de una hora en liquidar a los tres mil guerreros nativos. Así empezaría la fundición en lingotes del oro tallado por los orfebres para ser fletados a España, y con la muerte de Atahualpa moriría también una cultura con más de tres mil años de antigüedad; eso sí, con la bendición de dios nuestro señor padre todopoderoso, conquistador por ese entonces.
Ya ni vale cuestionar la conquista española de América, pero si el aporte mayor a las culturas existentes fueron las liturgias del catolicismo y el inicio de un sistema económico irracional y feroz que en pleno siglo veintiuno, con su liberalismo capitalista que exige invasiones y un pibe muerto de hambre cada cinco segundos, mi amigo Saramago tiene toda la razón sobre el aporte de las religiones y punto. Y acaso sea tiempo de preguntarle a los papas, ayatolas y rabinos qué pervive de tantos hombres roncos de gritar por cierto dios, bandera o patria siempre imaginaria; esos millones y millones de miserables sometidos a un perpetuo territorio emocional y desangrados en el campo de alguien, que como premio, no le dará ni un metro para dejar de herencia. El pobre común, el humillado que jamás lo sabe si con rezos, plegarias y alabanzas lo engañaron por siglos a jugarse la vida. Infeliz de creerse victorioso con su espada, arremetiendo hasta sentir costillas bien adentro lo único en verdad suyo en la pelea: el furor enemigo. Despanzurrado y hecho jirones no recibe más discursos, arengas o promesas para ganar su empeño; él y sus iguales enfrentados engordarán la tierra de otros, pero sus hijos o su hembra ni un sitio bajo el sol. ¿Será por ley de dios que también su causa de pelea se muera el mismo día y prosigan entre rezos, sotanas y plegarias los inmortales dueños de la tierra y el oro? Bienes inconmensurables que quienes Mandan se apropian sin medir las hambrunas perpetua o la metralla. Este inconfeso pero renovado Destino Manifiesto hitleriano que no jodamos, resulta inevitable para seguir con la explotación de los países centrales contra el resto. Algo sugerente de que esta historia de la especie humana sigue siendo una trágica historieta. (28 octubre 2009)
Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
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domingo, 4 de octubre de 2009
Se nos murió Mercedes Sosa
Hoy se nos murió Mercedes Sosa y según debía, al ir amaneciendo. Una artista natural sin farándula tilinga que nos fuera agrupando, concentrando, y descubrimos allá por el sesenta y pico en un salón de mi barrio lanusero. El Peretz. Cantora de voz incomparable a quién los argentinos le debemos porque ella, la Negra, jamás integró esa cofradía de obispos, terratenientes y banqueros desmesurados. No simplemente solidaria y brillante y más bien indomable, según siempre lo fuera. Claro, se mudó a esa Argentina que intuimos existe los mismos que nunca soñamos con el cielo, donde la recibirán el morocho Gardel, Yupanqui y esa otra, la Eva, para decirle 'entrá Negra con nosotros, a la popular. Y ahora toca Piazolla'. Y queremos que todo algún día se nos cumpla y de paso, cantemos.
Eduardo Pérsico, octubre del 2009.
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viernes, 21 de agosto de 2009
Juventud divino reflejo
Los años transcurridos suelen ser un ideal de dicha reinventada, difícil de esquivar. Nada es imprevisto en la nostalgia; época juvenil, templo a ritmo de imaginarnos todo y desamores con sabor a tragedia. Y a reiniciar camino con mirada más amplia porque el crecimiento debe ser eslabón, fin de etapa dorada; y a culparse si la vida nos viene despareja…
Hoy se reitera un manual a recitar aunque el teatro de la divina juventud se asoma sin aula ni trabajo. Una representación quizá poco novedosa, pero a puro personaje de víctimario y víctima más cuadros juveniles corridos por el hambre, sobran protagonistas que actúan de inmediato y con violencia. Según los datos tomados de las villas, mientras en otras clases no hay registro ni encuesta sobre la adolescencia. La barata desidia que vincula a pobreza con delito pero a sus hijos nunca.
Se agitan los lamentos porque murió un cantante y fulgura la rubia que se durmió desnuda, pero sobran olvidos con los dientes del hambre deshaciendo la especie. No es ninguna noticia que tantos doblegados cambiando de manada nos vuelven al primate, y nadie se hace cargo. Informar ya es tendencia y joven delincuente quebrado para siempre, un ente que respira, luce mucho más útil baleando embarazadas en el noticiero de la noche. Y algo más recurrente: ese chorrito resultará didáctico para santificar la propiedad en todos los canales que sirven al sistema. Los crímenes del hambre por el ocio obligado son efecto previsto del proyecto económico, algo institucional y registrado Por más que los publicistas del Poder cínicamente instauren las frases del papa y los obispos por la ‘calamidad del hambre’ y ahí acaben su parte. Y en Argentina hasta copiaran esos rezos los agropecuarios, adictos evasores de impuestos y a ocupar changarines en negro; renglones de la farsa.
El cambio del modo y el ropaje es lógica juvenil de toda historia, pero hoy la pendejada archiva su conjuro y parece aterrada de emprender la existencia. El reflejo del modo expoliador tiene formas y rostros; están entre nosotros y soltando discursos de moralismo fácil. No hay bondad que soporte entre calles de hierro con peldaños de niebla y sombra interminable, ni hay ser vivo que aguante empezar cada día a comer como sea. Esa etapa de vida no es fábula estadística si puede desgajarla el terror miserable, y aunque la juventud traiga crisis que agraven su trayecto, - ver a Freud y cofrades- es condena ya mismo. ‘Con recital y ruido los jóvenes resisten’, otra alienación de darlos vuelta al vacío y la nada donde algunos no intuyen ni lejano el mundo donde habitan. Un desenganche más del que sobran los datos y no sólo entrevistas: ignoran ‘la pelea’ entre soldados del Bien y narcotraficantes terroristas que cumplen décadas en luchas fragorosas de asociar el negocio y apropiarse las hembras de países vencidos. Y digamos, estudiantes terciarios; con más una juventud perpetua que repite el libreto que el Poder nos reinventa y no los involucra. Los expulsados del mapa de madrugada y fábrica, del despliegue social más valedero, ambulan los arrabales del sistema sin ninguna respuesta. Y ni curten preguntas de hacernos cada tanto; a quién rezan los curas cuando rezan y si han de ganar los buenos algún día.
Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
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viernes, 17 de julio de 2009
Entonces los gorriones
A esta brizna del mapa sólo llegan gorriones. Parlanchines perpetuos rebuscando semillas, voraces que revuelan del surco hacia el tejado,
Y con ellos no lucen garzas multicolores, engreídos flamencos ni calandrias sonoras. Son pájaros a secas, sin trino con estirpe conmemoran el aire que anuncia lejanías, festivos con los pibes saliendo de la clase y le dan resonancia a rincones sin eco. Digamos esta calle, un átomo en el mundo.
Más conociendo el barrio sabemos un secreto: por aquí no discurren cóndores imponentes ni cuervos papagayos de campanario y templo. Y por mucho que agiten cotorras noticieras, - especie que no vuela- no inquieta a los gorriones fauna lejos del barrio. Más bien no presumimos de heroico territorio, pero el águila teme que los pájaros se unan en un chillido. Y en la furia del hambre amotinen los aires y nada los detenga en un vuelo infinito. Y entonces sea el Entonces.
Julio del 2009
Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
martes, 30 de junio de 2009
Todavía
No todos los instantes ya pasaron y aún aguardan tenaces.
Imprevistos. Furtivos.
Ocultos en la lluvia que enjuaga la ventana,
o en la invicta añoranza que irrumpe cada tanto
si algo ya nos dejó camino arriba.
No son sólo un ayer de gorriones quebrando
el aire transparente de una tarde lejana.
Ni el sol febril curtiendo la sangre adolescente.
Tal vez cada futuro es también una ausencia.
Sin el dulce regusto de niñez y nostalgia,
un posible que ausente no alcanzó su destino.
Sin aguardo de magia o resplandores
cada fugacidad será un acaso
muy íntimo y final. Sueño y milagro.
Entonces. Todavía.
Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
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jueves, 18 de junio de 2009
Soñando sueños de trapo
Mi viejo y tres amigos armaban la tipografía y en una antigua Minerva imprimían unos volantes a repartir lejos del barrio. Una tarde que entramos al taller con el mate y las medias lunas, los cuatro buscaban resumir que el enemigo nos llenaba a cada uno de egoísmo, un arma impiadosa con la solidaridad. Sin esquivar alguna broma, entre ellos llevaría su tiempo conjugar con brevedad la idea y al irnos mi madre les cuestionó el término enemigo, por estridente. Ella prefería que cada renglón fuera una voz de papel y no panfletos estilo ‘madrugada y fábrica sería lindo si nos explotaran menos’. Y menos en época de condecoradas arengas, advertencias a la población y aguas revueltas que exigían hablar en un murmullo.
Hincar los dientes sobre el hueso del tiempo puede ser un ejercicio que aterra y atrae a la vez, que dicho así suena a retórica sentenciosa pero es un modo de empezar. Más bien, mis primeros rastros parecieran diluidos en su índole, estribaciones de la memoria o cadencia condenada en sí misma; aunque podría ser la voz sin después de mi madre, furtivo rescate que se esfuma sin retorno o el cosquilleo que sorprendiera mi mano en la inicial caricia al lomo de un caballo. Aunque de aquel recuerdo dudo bastante por parecerme una desvaída rememoración recibida en la sangre; mis padres habitarían rumor de caballadas, chasquidos de rebenque, ecos de inundaciones suburbanas y silbos vigorosos de trasnochados compadres. Ellos venían de raíces que se iban licuando, inexorables, aunque aún defendían cada palabra de acercarse al resto de la gente. Y así mi viejo compartía con tres o cuatro ‘el tiempo superado es una sombra astuta como una desmemoria de sumergidas lluvias, una intuición apenas de ronda planetaria, cegadora de rostros borradora de nombres’.
Yo hubiese preferido que mi viejo no muriera en un hospital por una angina cualunque, pero y al fin de tanto repaso, entre mis primeros recuerdos brilla un tren allá abajo con sus ventanillas iluminadas en el corazón de una noche lluviosa y mis ojos reinventando aquella imagen tras la ventana de mi casa. ¿Y cómo era aquel rincón del mundo costeado por las vías, mi lugar cuando pibe sin vereda de enfrente? Un recuerdo difuso, pero en la escena brilla un tren chocante sobre sí al arrancar, y luego sus vagones serían veloces fotogramas a esfumarse cual un barco en enigmas de penumbra. Y esa escena cautivando mis ojos tendría un prisma diferente en el asombro, y alumbraría mejor ese muestrario fantasmal de seres infecundos, de rostros ausentes y doblemente solitarios en el silencio de voces humanas en los trenes de la madrugada. Cuerpos llevados por la noche como rehenes de un destino inviolable y al ser uno más, comprendí mejor las voces de papel de mi padre y sus tres camaradas que se llevaron las aguas revueltas del setenta. Tipos dispuestos a imprimir ‘los últimos serán los primeros en morirse de hambre’, y ‘el mejor negocio de los ricos es una pelea entre los pobres’.
Mi madre, fervorosa de la moderación apreciaría ‘al entender que éxito y egoísmo son sólo sueños de trapo, ya habremos perdido la última sonrisa’, una oración que para mi viejo y sus amigos ya era una moralina frente a los ataques y escondites del enemigo, dentro de nosotros mismos. (junio 2009)
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Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
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martes, 9 de junio de 2009
Michael Moore, Barak Obama y quién le dice qué a quién.
Comer y aparearse en esencia igualan al hombre con las demás especies, y la palabra, el ordenamiento de su propia historia y los atributos del trabajo, el arte y las místicas son recursos para convivir mejor con la naturaleza. Igualmente, su vocación de vivir en grupo hace que el pasado de la humanidad bien podría explicarse observando las migraciones por hambre, esa constante todavía en el siglo veintiuno no solamente entre las poblaciones más desamparadas. Ese asunto que por propias a nuestro estilo de vida ni piensa cada empleado común de un medio de comunicación que pone su rostro en cámara, ni el ejecutivo más jerárquico. Ellos, los mismos que publicitan asuntos menores hasta hacerlos gravitantes por insistencia, jamás sugieren que sin eliminar el hambre del mundo como principal causa de la infelicidad de la especie, todas las palabras carecen de sentido. Dichas desde un estudio televisivo o desde un púlpito las palabras no sirven, y callar esa certeza cotidiana hace de todo discurso una mentira impune y elaborada. Y eso nos retrae a Harold Lasswell, puntal de las ciencias de la comunicación, que por 1950 acuñó ´quién le dice qué a quién y con qué fin´, vinculando así a cada uno con otro y a la sociedad en su conjunto. Producción, consumo y culturas se englobarían en aquel con qué fin alguien le dice qué a quién, por el mismo patrón que Carlos Marx afirmara antes ´el productor crea al consumidor´, frase que pese a su encono antimarxista el liberalismo de mercado aplica impúdicamente tras el consumismo que reinventa cada día.
En estos días de junio de 2009 cayó en bancarrota General Motors en Estados Unidos, y a propósito el cinematografista Michael Moore le envió al presidente Barak Obama una petición que le sugiere aprovechar a favor del norteamericano común la desaparición de una de las empresas señeras del sistema capitalista. Es que al pedir su propia quiebra la mayor expresión empresaria mostrada como ejemplo ante las aspiraciones socializantes dentro y fuera de Estados Unidos, llamó a reflexionar hasta dónde son firmes en sus ideas los teóricos liberales al no oponerse a la estatización que dispuso el gobierno de Barak Obama. Y al margen del enfoque inicial que emparentara al pedido de Michael Moore con algún capricho farandulero, los mismos medios de comunicación del Poder enseguda olvidaron el asunto con un acto reflejo corporativo, el de silenciar y no difundir más ese inconveniente ya predecible desde hace años: la decadencia y caída de la civilización del automotor. Una era económica iniciada a principios del siglo veinte y que hoy afecta seriamente la salud del planeta, parece llegar a su fin, algo escamoteado en los medios por ser sensible a los intereses petroleros y de los armamentos, históricamente vinculados por naturaleza. General Motors, hoy quebrada, fue una activa participante en esos acuerdos de sostener el orden a cualquier precio y en esta crisis acaso terminal que el mismo neoliberalismo gobernante aceleró, no pudo salvarse. Porque internacionalmente las relaciones de fuerza han cambiado y pese a los quebrantos empresarios y aumento de la desocupación que ensombrece a todo el planeta, el fin de una etapa trascendente para la humanidad pareciera no ser tema de análisis serio en los medios integrantes del Poder. Para ellos nada nuevo bajo el sol, es indudable, pero lo más ritual que hace al corazón del sistema económico sería la actitud de esquivar los análisis profundos sobre la crisis, −con el hambre creciente como protagonista principal− y concertando una conspiración de silencio entre los medios informativos que evitan abordar y ‘ningunean’ el asunto. Acaso eso sea por falta de material humano para desarrollar los problemas en profundidad, −y que comamos todos, por ejemplo− porque la ramplona realidad informativa recitada desde Miami a la previsible entrega de páginas y programas televisivos presuntuosos en la Argentina, pareciera indicarlo. Al menos si se exhiben sitios donde los exponentes o empleados de los medios suelen frecuentar sus ignorancias con cierto orgullo transgresor, sospechosamente, y hasta forzando las cosas para que la realidad coincida con sus palabras. Pero si la realidad ya decidió otro rumbo nada será modificado con los escamoteos palabreros que se hagan en los medios de comunicación del Poder, aquello de elegir el qué decir y para quién, porque la realidad del hambre no espera. Junio 2009.
Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
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lunes, 30 de marzo de 2009
Los medios y el variable sentido de cada palabra
Cada palabra se jerarquiza o envilece según desde donde se pronuncie. En ámbitos como podría ser el profesoral o académico hasta cuenta la altura que asume el dicente, y sería ocioso abundar con otras establecidas convenciones. Así bien vale decir que por ‘palabra’ comprendemos los idiomas y dialectos para la comunicación, talvez desde que la especie humana se agrupara en manadas donde además del hambre, el mayor factor de integración resultara la palabra. Su buen o mal uso devino en convivencias, separaciones, luchas, descubrimientos y postergaciones. En la difusión del conocimiento sólo la palabra enlaza los nuevos conceptos con los ya existentes en la estructura del individuo, y de ahí en más si ella se traiciona o malversa puede acarrear significados siniestros a la sociedad toda. Y volviendo a la posición desde dónde y cómo se pronuncian las cosas, Napoleón Bonaparte aseguró ‘un Idioma es un dialecto con un ejército detrás’. Una clara definición del Poder de la fuerza armada en este caso, para la construcción de pensamiento de las comunidades, un asunto tan bien ilustrado por la adopción del castellano en Sudamérica en desmedro de las lenguas nativas. Un logro del poder militar afín a la infinidad de púlpitos del invasor sobre quienes aquí vivían; brutal invasión del norte al sur cruzando el Ande hacia la inmensidad de la pampa sureña, indiscutible verdad que nos fuera escamoteada durante siglos aunque por fortuna, hoy muchos españoles aceptan desde dónde y con qué palabras el Poder supo contarnos la historia.
Últimamente se diría que a la universal estafa urdida en Wall Street para zafar a USA de su pantano entre producción y consumo, hoy los impagos se llaman ‘activos tóxicos del sistema’, los despedidos son ‘aspirantes a un seguro social’, las familias masacradas en Medio Oriente por los yankis ‘daños colaterales no deseados’, y en Argentina, - esta misma de sentirnos ingenuamente ajenos a toda manipulación ideológica- las corporaciones informativas malversan y trastornan sin piedad al pensamiento colectivo. Falseando, extrapolando y denunciando improbables atentados de los malos contra los buenos, bien maniquea la cosa, esas corporaciones fabricantes de opinión retomaron un rol decisivo en nuestra disputa interna, favorecidas hoy por la demorada disputa entre una parte del sector agropecuario y el gobierno constitucional. Sin reparos, la mayoría de radios, televisoras y diarios tradicionales machacan como noticias sus opiniones haciendo estas indiscutibles, un antiquísimo ardid que descubriera al diputado socialista Alfredo L. Palacios allá por 1905, al desafiar en la calle a un escriba que no explicitara bien sus dichos ‘usted no repitió mis palabras exactas y como eso es una injuria personal, debería prepararse’.
Hoy principalmente los canales televisivos compiten para pronunciar la frase más descomedida contra el gobierno constitucional, adversario a quien aspiran a decapitar usando cualquier recurso ante la inminencia de ser presentado ante el Congreso Nacional, por cuenta del Poder Ejecutivo, una nueva ley de radiodifusión que suplantaría otra sancionada hace décadas por un gobierno militar de facto. Ese cambio que si es bien intencionado, democrático y culturalmente actualizado, lo merece todo país organizado en lo institucional, pero cayó como un baldazo entre los tradicionales dueños de los medios de comunicación en Argentina. En principio por el riesgo que implica sacudir las sábanas de recientes fantasmas nacionales, como la desaparición de personas donde tantos responsables aguardan turno para desfilar ante Tribunales. Para ellos donde no falta gente de los medios, curarse en salud y diluir esa realidad que puede acosarlos no sólo económicamente sino en jurídicamente personal, es primordial. Así que de inmediato surgió la descalificación sin debatir y el ataque frontal contra esa ley, encabezada por los más conocidos locutores televisivos que dicen todo con esa sonrisa diluida de quien lo están violando pero dólares más o menos, les gusta.
Así las cosas, es notorio en el conflicto gobierno-ruralistas la supresión de términos inteligibles para la comprensión del relato. Además del trasnochado ‘quienes cortan las rutas son asambleístas autoconvocados’ y ‘los camioneros ajenos que quieren pasar son provocadores del poder sindical’, renglones para inquietar con un próximo enfrentamiento social, también es poco visible la mescolanza conceptual que todos soslayan en el conflicto. ¿En qué sistema económico estamos insertos? Mostrando su Capitalismo puro y sin discusión, los dueños de la tierra suelen exhibir en su tranquera ‘Propiedad privada. No pasar’. Doctrina bien opuesta al Estado Benefactor keynesiano, dirían sus economistas contrarios a toda semblanza socializante aunque hoy como siempre junto a los dueños de la tierra, tan liberales y capitalistas, si pierden exigen el auxilio del Estado y en sí, de la comunidad íntegra. Si los sacude la sequía, bajan los precios internacionales o deben pagar retenciones a las exportaciones, - cargas impositivas dentro del Capitalismo iguales al acrecentamiento de los controles cuando se vende al exterior y evitar mayor evasión tributaria- cada productor rural se enrola contra al Estado por su no intervención a favor de ellos y sin cambiar de monta, silencian su ideología Capitalista como buenos patrones de la tierra, para que el Estado Benefactor le atempere sus pérdidas. sus pérdidas. Cuando si fueran en verdad Capitalistas, según discursearon siempre, ante las pérdidas irreparables venderían sus tierras y a otra cosa. Algo que debe hacer cualquier productor de otro ramo: si pierde con su explotación la vende porque no puede cargar su fracaso a la comunidad toda. En el Capitalismo, gane o pierda, nadie tiene derecho sobre los demás; así como ninguno tomaría ese campo del que hablamos, por tratarse de una propiedad privada. Algo que por omisión o escamoteo, en ningún medio jactancioso de su pluralidad informativa se dice. Qué lamentable, ¿no?
Eduardo Pérsico, escritor. Nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
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lunes, 19 de enero de 2009
En Argentina, los del campo también siembran alguna duda
- Oqué- le dijo el de revolver y gorra..
(De un cuento propio)
Una constante de la teoría capitalista consiste en asegurar, como si nada, que ese sistema es el único que aspira al ascenso económico de la humanidad. Y más suponiendo que sabiendo, sus mentores reiteran que todo aquello que apunte a generar un estado de bienestar generalizado es una solemne ficción. Hoy mismo, pese al cataclismo financiero afirman ‘el Estado Benefactor es aquel donde todos tratan de vivir a expensas de los demás’, las mismas palabras dichas por el francés Claude Bastiat por 1860 y Henry Hazlitt en 1970. En principio, dicho así ese Estado sería impracticable y además, históricamente ese ejercicio de la explotación de los demás ha sido una constante de los de arriba y nunca de los marginados. Es bueno recordarlo, aunque sin alejarnos y revisando el origen de las grandes fortunas en la Argentina, donde las clases altas tanto gesticulan pidiendo cada día un capitalismo más cerril, repitamos que ellos nutrieron los elencos de los gobiernos más fascistas y autoritario de nuestro páis; exclusivamente militares; que prepotearon por estas pampas desde siempre y no sólo del año ‘30 en adelante.
Esta presencia rectora reaparece cíclicamente entre nosotros y ahora mismo, mitad del recaliente enero del 2009, retornaron las protestas de la ‘gente del campo’ para exigirle al gobierno de turno las medidas y soluciones que les permitan recuperar los niveles de ganancia que tuvieron hasta mediados del año 2008. Unos cinco años de óptimas ganancias por el valor de la tonelada de soja, que al final del ciclo anduvo orillando los seiscientos dólares. Unos valores no fijados por cada país exportador sino por ciertos avatares del comercio en los productos sustanciales al mundo. Los commodities que les dicen. Y esta crisis surgió cuando el gobierno pretendió aumentar los porcentajes de las retenciones a la exportación, y se agravó al descender esos valores internacionales en algunos casos más de un treinta por ciento. Ahí los agroexportadores y demás aplicados al quehacer agrícola sintieron el golpe y aunque capitalistas sin duda, arrinconan al gobierno pidiendo la implantación de un Estado Benefactor que no sólo los libre de toda carga impositiva sino de los perjuicios de una sequía bastante prolongada. Un fenómeno que aunque cíclicamente ocurre en todo el planeta los productores de la Argentina han sumado a suma reclamos y por suerte, esta autoridad de gobierno bien elegidas por el sistema eleccionario pero no demasiado eficiente, prefirió callar cualquier promesa climática y dejó esos imprevistos de la lluvia en manos de San Pedro.
Pero sin ninguna ironía los referentes del campo han vuelto al borde las rutas; ese recurso festivamente sórdido de autoritarismo; a exigir varias derogaciones y modificaciones en la legislación impositiva que les atañe. Algo que supieron manejar con éxito por décadas pero esta vez, callando algo más pesado que reclaman sólo en privado: la inmediata eliminación de la ONCCA. Un organismo controlador de las exportaciones agropecuarias, inactivo por años y que hace poco tiempo fue revitalizado y parece ser, les viene viene entorpeciendo los trámites de los agroexportadores. En verdad sabemos que ese ‘entorpecimiento’ consiste en blanquear las liquidaciones a veces ficticias y siempre cómodas que se permitían realizar quienes venden al exterior. Mal o bien, hoy esa oficina de control les requiere datos como la fecha de los stocks a exportar, referencias de los proveedores que casi siempre eran anónimos y más papeleos que permitan evitar las perniciosas evasiones que tan mal le hace al sistema. ¿No?
Hoy las organizaciones del campo vuelven contra el gobierno con argumentos que dejan de lado que la Argentina adscribe, por tradición y organización jurídica, al sistema económico capitalista. La misma constitución nacional menciona y establece el respeto a la propiedad privada y las cargas impositivas; confiscaciones según el campo; que deben soportar todos los contribuyentes se derivan hacia ese Estado Benefactor que en todo país más o menos civilizado, gasta esos recursos en seguridad, educación, salud y vejez.. Si a ellos no les conforma esa decisión republicana pueden discutirla en las instancias parlamentarias pero nadie, por más que se disfrace de gaucho transitorio, puede impedir que el resto circule libremente. Estas personas serán dueños de alguna tierra pero de ninguna libertad ajena, algo tan claro a la convivencia como que si en nuestro sistema económico y jurídico alguien emprende una explotación comercial cualquiera, es dueño de sus ganancias y responsable de sus pérdidas. En este sistema de propiedad ningún dueño de librería, metalúrgico exportador o no, taxista o socio de una pizzería, tiene derecho a culpar o condicionar a la comunidad si pierde con su explotación comercial. Eso es parte de su libertad individual dentro del capitalismo; si alguien pierde con su negocio vende el útil de su explotación comercial y no jode a nadie más. Dentro del capitalismo quien pierde debe vender su herramienta y a otra cosa; sea esta un taxi en Humahuaca, una verdulería en Sarandí Centro o dos mil hectáreas en la pampa húmeda. Porque sin el coraje ni la libertad para liquidar los bienes que le ocasionan perjuicio, ¿qué es la gente de campo? ¿Capitalista o qué? (19 de enero del 2009).
Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
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lunes, 18 de agosto de 2008
Mi tango es en voz baja
Cuando se nos viene sigiloso y casi nos sugiere un silbido, el tango huye de cantoras y recitadores clamorosos para hablarnos palabras que sólo uno sabe. Así que a contraluz de cualquier pensamiento se adueña de nosotros y de cuánto no pudimos ser; esas cuestiones.
Siempre el tango retorna por esos recovecos del frío fabriquero y ojos de alguna piba que nunca lo supiera; más el amigo fusilado en agosto como una lluvia sobre mi traje nuevo.
No tan sólo por eso mi tango es en voz baja. Yo lo siento conmigo a solas y de a uno también si afina su rasguido de viola misteriosa, entrañable y compadre, y evoca los sueños demolidos contra algún paredón congelado y oscuro. Y es que aquel otro tango, del sueño adolescente y goles perdidos sobre la hora, se obliga a dar un paso de costado, digamos versallesco, y los olvidos olvidados nos vuelvan de rebrote hacia tanta arboladura de esperanza que tuvimos. Anterior al desaliento y la feroz derrota.
Es que el tango, taimado, no nos deja sin herirnos un resquicio. Él se adueña del cuerpo aniquilable y de una sola sombra en el difuso velamen de las sábanas. De nuestro pobre cuerpo que llevamos de arrastre huyendo de un reloj de insaciable desgarro.
Eso lo sabe el tango. Y es entonces que torna cigarrillo de larga ceniza meditada, una copa de vino solitario balbuceando algún nombre y ojos en el vacío. Apenas y por eso no jay que gritar el tango, es en voz baja y que nadie sepa cuánto nos ilusionamos o quisimos. Es un chamuyo visceral y mío que vuelve cada tanto. Contragolpe al vacío de un tiempo mejor o imaginario, semental de nostalgia que a veces ya resuena a vulgar organito repetido.
El tango en alta voz y teatralero es una grosería de recién venido. Y él puede someternos por laberintos de la mirada lejos y olvidos inasibles al recuerdo. Es una confesión de tanto en tanto, un deschave en sí mismo y un ‘vos sabés como fueron esas cosas’.
Por eso y lamentos que prometí callarme, me vuelve siempre el tango. Y no perdona.
Eduardo Pérsico *
(*) Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
viernes, 8 de agosto de 2008
Ellos, los diferentes
Puede tener cierto sabor a gloria sentirse diferente. Con la certeza de saberse distinto cada día cualquiera ha de amanecer victorioso y entero. Sin apremios en decir ‘soy de otra clase’ ni presumir de lo bueno ‘que existan diferencias’, la expresión de esa gente no es la nuestra. Acaso por pisar un escalón más alto; eso suelen callarlo pero sentir lo sienten; demuestran ser distintos. Y no vale despreciar, ellos tienen su estilo.
Sin pensar en azarosos engendros de galaxias lejanas o exóticos venidos de ultratumba, hay un gentío natural y común, -esta no es la palabra- que habita en otro barrio más seguro y lujoso que nos mira sin vernos. O más bien, ni nos mira. Aunque nos advierta alguien que entiende asuntos de la ciencia que ellos, los diferentes, son iguales en todo y no hay genética que analice riquezas, por ejemplo. Por decirlo de un modo, esos tipos son similares al Papa, al Rabino Supremo y al mismísimo Rey del Oro en barras. Son iguales a la gente que si no come ha de morirse de hambre y si asumen perpetuarse en la especie, también deben aparearse de la manera más a mano y divertida para engendrar un hijo.
Ellos, los diferentes, son iguales a todos porque al fin como todos son esclavos del hambre. Y no del deseo social de comer algo cuando decae la tarde, sino del hambre de verdad, profundo y serio. Hambre por no comer lo imprescindible y merecido que además de las tripas demuele la ética o la moral a cada uno y todos. Por eso quizá los diferentes opinen sobre todo por desconocer el hambre terminal, ese que tampoco respetan iglesias, sinagogas y mezquitas al ponderar palabras y milagros y proseguir diciendo tonterías sobre el asunto.
‘Mi reino por un caballo’ imploró aquel aterrado Rey al presentir el aletazo del final, porque nada vale en la vida más que la vida misma’, le escuchamos a cierto filósofo de trasnoche en un bar de Buenos Aires. Que además, solía imaginar a los hombres y mujeres más afortunados del planeta reunidos en un palacio inigualable, de pronto absolutamente aislado y sin nada de alimento. ‘Entonces al cuarto día, sin prejuicios ni pudores, todos daban todo pero todo por un cachito de pan’. Aunque claro, era su pura imaginación…
Igual y de cualquier manera, no hay mortal que ande exento de una herencia de hambrunas. La humanidad se explica por tantas migraciones persiguiendo comida. Familias, gentíos y multitudes caminaron desiertos y atravesaron mares corridos por el hambre. Esa implacable realidad que nunca espera y acaso muera con nosotros, continúa; y lamentablemente lejos de tanta gente diferente que ni siquiera mira. (7/8/08)
Eduardo Pérsico *
(*) escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
viernes, 25 de julio de 2008
Sombra que llama una vez
El sol extendido a sus anchas en la mañana se iría apagando en nubarrones. Caprichos de Buenos Aires, si al rato la lluvia tenaz y repetida encubría los perfiles de la calle y desde una cama en la clínica médica, un hombre inconsciente acaso presintiera ese cuadro borroneado de insólita tormenta.
Llueve detrás de la ventana. Sus proyectiles húmedos atraviesan la luz tenue y a golpes restallante. Imbatible, la lluvia no anda a ciegas y conoce sabiamente los vacíos que nos cruzan el alma. No hay lluvia que no acierte cuando rompe su cristal cantarino en el insomnio de la madrugada. Y en ese instante exacto, quizá el hombre inmóvil y lejano aún imaginara algún diseño extraño en el vidrio empañado.
Acaso por algo tan inexplicable como la misma vida, aquel pastor de una congregación mística, desahuciado y ausente sobre una cama hace horas, sienta caer esas balas de agua en el centro de sus ayeres. La bienhechora lluvia alumbrando su tiempo adolescente; pájaros rompiendo el aire inmóvil y celeste de un verano, muy lejos, aún la voz perdida de su madre y los ojos de aquella muchacha sin memoria que jamás olvidara. Reflujos de una estación con dioses todavía flamantes y él pronto desecharía; ‘no estos monarcas desgastados con barbas de trapo y obedientes al mandato de juntar posesiones. No más los adoradores de amontonar riquezas encandilados en abatir el tiempo incontenible y el destino impiadoso de animal mortal. Esa actitud, hermanos míos, sostiene la ingenuidad de postergar el tiempo de las cirugías femeninas, como si nuestro cuerpo no fuera una batalla perdida de antemano’.
Y esas arengas sobre el alma que ese pastor repitiera por años en púlpitos ‘tan impuros y estrafalarios como en las otras iglesias’, desleía la culpa de los codiciosos que por esas contradicciones de la fé, lo convirtieron simplemente en millonario. En apenas esa perseguida inmortalidad, hasta la feroz mordedura que desgarró su pecho y luego los momentos indóciles y amotinados ante el eslabón inevitable. Ya enmudecida la lluvia en la ventana vislumbró la sombra del después. Y la voz de su madre, la misma que volvió a recordar pronunciando su nombre.
Eduardo Pérsico (*)
(*) Escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos _Aires, Argentina.
miércoles, 28 de mayo de 2008
Aquel convocador de la palabra
El cuento nos contaba del lugar maravilloso que era el cielo donde pasaban tantas cosas lindas – alguien recitó y volvió a sentarse. El maestro de literatura frotó sus anteojos, bromeó “no te ensañes, Salcedo” y nos reímos.
Aquel hombre nos daba clase los jueves al atardecer y hacía jovial su trabajo. Disfrutaba con las palabras, las amaba y jugaba con simpleza y al convocarnos a su niñez, repetía que entonces ellas eran sólidas voces con miga, ‘inflexiones sustantivas, verdaderas y no estos improvisados caprichos algebraicos, televisivos y gelatinosos’. Nos ilusionaba al decirnos que cuando el sol guia el vuelo de los pájaros y el inicial contoneo de una chica del barrio, las palabras cargan otro peso; “cada palabra arrastra su propia memoria, maestra es una buena señora sabedora de todo, escuela un caserón en mitad de la cuadra con la niñez adentro las tardes del verano una carcajada vital”. Y al conseguir alguna sonrisa atenta se encendía diciendo que si las protegemos, las palabras se amigan con nosotros y dejan de ser imprecisiones tenaces, alquimias pretensiosas, elípticas, oblicuas y sin relleno. Han de ser signos para juntarnos, comprendernos y jamás caprichos gramaticales de agrandar los misterios y el absurdo.
Decía sus cosas el maestro aquel y en Tres Caminos, ni diez mil habitantes, aparte de unos pocos inquietos por liberar alguna cuerda loca y comprender, por ejemplo “cada instante es indeclinable y su latido fugaz es casi olvido”, al pueblo su verba le sonaría a pecado.
Por mucho que algunos por ahí anotara “saborear el amor con alegría es todo lo que somos”, sentencia delirante pero tozuda. Y quizá por eso nos gustó enterarnos que él había conocido antes el lugar, detrás de un amorío.
- Este anduvo por aquí hace mucho tiempo - nos sugirió un viejo en voz baja.
-¿Fue un galán misterioso?
- No tanto, un engaño común – y Salcedo, que fuera monaguillo, ahí aprovechó a sentenciar que el profe era un loco lindo al pedir que los religiosos olvidaran el milagro y ayudaran a multiplicar los panes, “ya que un pibe muerto de hambre es una derrota de dios”...
Por ese tiempo, a nuestra adolescencia le llegó lo sucedido en Tres Caminos y otros pueblos de alrededor. En pocos días cambiaron los jefes políticos y los comisarios, y llegaron a ocupar esos trabajos personas que pocos conocían y de saludar apenas. Al suspenderse la charla quincenal en la biblioteca municipal las conversaciones se hicieron menos ruidosas y recién pasada una semana nos preguntamos por el maestro de literatura. Siempre y luego de acabar su clase del jueves, el hombre tomaba su robusta ginebra en tanto aguardaba el ómnibus del anochecer, pero nadie supo si esa vez llegó a su casa de la capital, y ni siquiera si alcanzó a entrar en el boliche del pueblo.
Eduardo Pérsico
Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
viernes, 7 de marzo de 2008
Toda mariposa es imbatible
Eduardo Pérsico
Llegó octubre, en mi barrio la primavera ya vistió al ciruelo con florcitas colorinches y por ahí una mariposa inquieta a mi gato Fidel. Quizá ella se ufane de llevar en sus alas un dibujo irrepetible, un rasgo de la especie a perpetuar en la herencia de ese “insecto lepidóptero”; una palabra que indica a los entomólogos como gente poco confiable al nombrar así a una mariposa…
Digamos, ninguna mariposa llega a pesar un gramo pero a puro vuelo comunica su mensaje al planeta entero. Así que gato Fidel, no discutas el dominio del patio mientras ellas demuestren la imbatible armonía de los dioses, que a soplo vital y ala diminuta cumplen con cierto plan gigante y misterioso. Naturalmente, cada vuelo desorienta a mi gato, en cuanto a estos felinos los perjudicó el desmesurado homenaje que le hicieron unos tipos muy famosos. Charles Baudelaire, por ejemplo, creía que la belleza de los gatos sugería lujo y voluptuosidad, y Víctor Hugo dijo que algún dios los imaginó para darle al hombre la ilusión de acariciar un tigre. Todo eso parece magnífico, pero yo apenas le pido a mi gato que abandone la pared y no se humille ante esta invicta mariposa, que con su fuga y retorno volandero dispone encender la primavera cuando quiere.
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Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
lunes, 25 de febrero de 2008
Y esta vez, ¿quién le pagará al gaitero?
El ejercicio del poder siempre requirió de la mentira institucional. Desembozada y con fina sutileza, la patraña, el embuste y la farsa son parte constitutiva de aquellos que mandan. Y en tanto el Poder actúa su rol con más o menos descaro es útil recordar alguna mentira que nos justificaron como algo imprescindible; ese recurso reiterado en voz baja ante la caída de las torres gemelas.
Al finalizar
El libro de la autora inglesa que en su idioma titulara ‘Who paid de piper?’, - quién le paga al gaitero o quién paga elige la canción- refiere publicaciones de gran prestigio abonados con estos fondos, a saber ‘Tempo Presente’ en Italia, ‘Preuves’ en Francia y ‘Encounter’ en Inglaterra y olvidemos los nombres de muchas publicaciones aparecidas en Argentina y el resto de América Latina por esa época. Salvo la recordable revista Visión, voz del departamento de estado norteamericano. Pero bien, durante décadas
Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina
domingo, 10 de febrero de 2008
Esas tareas “fuera de servicio”
Cuento de Eduardo Pérsico *
Al hombre sentado en la estación ferroviaria lo entretenía el reflejo de las vías El ámbito tal vez lo hiciera pensar que uno se acostumbra a todo, hasta sorprender diciendo ‘tranquilos señores, esto es un allanamiento’ y si por ahí no quedara otro remedio, aflojar un par de balazos y a otra cosa.
A las dos y diez de la madrugada la llegada de un tren se impuso al silencio. Sin mirar a los costados descendió una persona llegó y medio minuto después, como al descuido, abandonó en el asiento un maletín que traía y volvió al tren que retomó la marcha. Desde un quinto piso del edificio de enfrente se encendió y apagó una linterna; todo estaría en orden y el hombre solitario dejó de distraerse con el reflejo de las vías, alzó el portafolio y salió sin apuro del paradero de trenes.
Sí, uno se acostumbra a todo, y casi con parsimonia subió al auto que arrancó enseguida. ‘Todo en orden’ fue un guiño con quien manejaba y anduvieron un trecho antes de hablarse. La persona que dejara el dinero del rescate ya estaría lejos, convencido que ellos le soltarían al hijo ni bien recibieran el pago... Pero además esa vez ni cambiarían los billetes para no tentar de nuevo a ningún héroe, como aquel camarada que pretendiera frenarlos, pobre tipo, y al rato aparecieron su mujer y los dos pibes llorando en la televisión.
* Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
miércoles, 6 de febrero de 2008
El miedo a la recesión significa recesión, Yoryi
Opinión de Eduardo Pérsico.
Acabado el último Foro Económico Mundial de Davos, ya en febrero del 2008, recordamos una burlona apreciación que leímos cuando pibe: ‘la economía no es ningún ajedrez, es apenas un tatetí con pretensiones’. Es que sin exigirle a los economistas que sean verdaderos hombres de ciencia; muchos estudiosos consideran a esa disciplina un conjunto de tareas estadísticas con cambiantes incidencias sectoriales y emocionales, y por lo tanto sin el rigor científico que la equiparen a lo aceptado como Ciencia. Digamos, en opinión de muchos epistemólogos la economía carece de comprobaciones constantes que hacen de ella algo tan discutible como el psicoanálisis, pero no llevemos esto más allá.
En el Foro de Davos la mayoría de los participantes aportó solamente datos estadísticos sobre la delicada situación en los Estados Unidos, desbordada por el pastiche nada científico que armaron las inmobiliarias en acuerdo con algunos grandes bancos y varios millones de tomadores de créditos hipotecarios sin posibilidad de reintegro. Un mortífero preparado de baile de egresados que lanzaron al mercado financiero, - esa parodia de la economía real- con la intención de sostener los índices de ocupación en Estados Unidos y que según falacia numérica, desembocaría en cinco años de jolgorio en esta sustantiva crisis que muchos ni el presidente norteamericano se animan a nombrar. En cambio, en Davos el miedo a la recesión en USA se tornó certeza al repasar el derrumbe de los precios inmobiliarios y el creciente aumento del desempleo en ese país, pese las múltiples y dudosas estadísticas que ellos difunden y no consiguen cambiar la realidad que es la única verdad… Es innegable que la economía norteamericana está en recesión hace un buen tiempo, y ya los indicadores marcaron la reducción del poder adquisitivo y la reticencia a comprar, realidades cotidianas crueles pero indiscutibles en la misma administración del presidente George W.Bush. La economía en USA viene en declive y que hay recesión hace un par de años lo signan el aumento de las quiebras personales y empresarias, en tanto Brasil, China India y Rusia, con crecimientos en algún caso cercanos al 10%, funcionan con otras expectativas y son las nuevas estrellas del universo económico del Capitalismo. Aunque por mucho que algunos vaticinen una futura era de prosperidad ‘si somos capaces de difundir microcomputadoras por todo el planeta’, pronunció esa imbecilidad irreparable un futurólogo francés para empobrecer todavía más al Foro de Davos, nos desazona al mismo tiempo la necesidad cierta de la especie humana, -impostergable, primaria y sin cambios en la última semana- que sigue siendo la de comer para seguir viviendo. Un imperioso y natural condicionante de la especie que en estos encuentros de economistas y empresarios no se considera quizá porque la misma palabra a ellos les parece ajena y diferente. Pero íntegramente la humanidad transcurre el meridiano del hambre aunque no lo padezca, por más que el Capitalismo con mayúscula eso nunca lo debate por elegancia o vaya uno a saber, aunque esa indiferencia no impida que cada tres segundos se muera un pibe de hambre en el planeta.
De todas maneras y como hablar de lo sustancial en ciertos ámbitos carece de relevancia y prestigio, la recesión viene apurando el paso en una marcha que muchos entienden dilatada más de la cuenta. Esa realidad no se calmará subiendo o bajando un cachito más las tasas de interés bancaria ni demorando los pagos impositivos entre los favoritos de las clases altas, paliativos transitorios sin duda, y aunque todo el desquicio tampoco significa la caída del sistema capitalista, pone blanco sobre negro al mundo entero las mentiras y trampas que se practican dentro del régimen neoliberal, ese que nos castigara con fiereza en esta parte del mundo durante las últimas décadas. Y como a las nuevas criaturas es bueno darles un nombre, en estos días iniciales de febrero del 2008 cobró prestigio ‘desacople’ para entender la desintelingencia o gigantesco despelote que trajeron los conflictos entre la productiva actividad industrial y la malsana especulación financiera. Desacople, buen término para ese microbio de grandes infecciones del sistema que hoy se aceptan como esperables; tanto que el mismo Alan Greenspan, que presidiera
Eduardo Pérsico
(Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina)
jueves, 10 de enero de 2008
Elegía a una ventana tropical
Desde que llegara de Uruguay a trabajar en la confección de camisas a medida, en Nueva York había vivido cómodo, y aunque su felicidad seguiría siendo otro asunto, algo cambió al desplomarse las torres por el año 2001. Y unos meses más tarde, al entrar al café de la calle Waverly charlando con un sirio llamado Ibrahim, lo detuvieron, lo interrogaron con esa sola manera conocida y cinco meses más tarde no veía necesario que un soldado lo arrastrara contra un escritorio donde otro, con insignias y pelo muy recortado, le recitara en inglés un cuestionario que sabía de memoria: nombre, país de origen y condición. Y la última, ‘¿condition?’, una ambigüedad con mala leche, la respondió en español ‘persona’, porque en ese lugar correspondía. Igual lo amontonaron con otros en una celda donde las paredes sostenían una losa que servía de asiento, en un rincón una puerta encubría el retrete y bien arriba, vislumbró una ventana que permitía entrar algo de luz…Ese detalle lo distrajo y se dijo que depende de cada uno convertir cualquier nimiedad en el Aleph concentrador del mundo, la perspectiva inmejorable, la síntesis absoluta. Y en aquel encierro, con un poco de imaginación una ventana abandona su condición de accidente de la cartografía edilicia, pierde su equilibrio cuadrangular de metal, vidrio y madera, y deviene en el viaje de ida y vuelta que se proponga. Una ventana es un estado de ánimo que llega cargado de paisaje, revive la fantasía bullanguera de la infancia, la piel de la mujer que aún hoy preferimos y las risas del vino con amigos; y ya mismo deberían enterarse, - albañiles y arquitectos- que ese delirio ventanero incrementa y sublima el valor de las edificaciones: Y aunque cualquier fantasía desnivele al negocio de sus dinteles, eso es lo de menos; entonces según fueron redactados proclamas por la libertad y demás valores entrados en decadencia, la humanidad le debe una recuperación formal a cuánto simboliza una ventana. Por ejemplo, pensó, un manifiesto ventanero que no exceda de cuatro o cinco palabras y se frecuente en todos los idiomas. ¿Qué geometría supera a ese visor allá lejos para desbrozar enigmas y saltar hacia la libertad? Ni comparar con los sospechosos divanes o confesionarios donde se ejercitan actos de contricción y fé, porque toda ventana nos revive las ansias de retornos y partidas, amores y dichas demoradas en la curva del tiempo. Aunque también, nos tumba de impotencia al anunciar que en esa cárcel de Guantánamo donde lo seguirían torturando para confesar algo desconocido, sólo había ese ventanuco allá arriba, lejos, inalcanzable.
Eduardo Pérsico
