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miércoles, 19 de agosto de 2009

El protector del capitalismo

Jaime Richart

Benedicto, es cierto, insta a los gestores del capita­lismo a corregir excesos. Pero es como predicar a las putas para que sean menos putas y a los violadores para que sean menos violado­res.

Todo depende del siguiente principio que propulsa el cristianismo y al catolicismo: es preciso que haya pobres que se salven del infierno por la Resignación y la paciencia (bienaventurados los mansos por­que de ellos será el reino de los cielos, dijo Cristo), para que haya ri­cos (sobre los que sólo pide el Mismo que lo que da la mano dere­cha no lo sepa la izquierda) que se salven del Averno por la Caridad. Y a la inversa. Si no hubiera ricos nauseabundos y pobres como las ratas, no habría bienaventuranzas y no habría este sistema híbrido internacionalcristiano que cada día se va profanando más hasta que­dar algún día sólo la cáscara de la política como método de pi­llaje, y la cáscara de la religión como narcótico que ya no hace nin­gún efecto a nadie salvo a los desahuciados.

El papa es capitalista por los cuatro costados. Todos los papas lo fue­ron. El papa, todos los papas, además de estar al sol que más ca­lienta salvo que se trate de un régimen político que excluya a la reli­gión dominante como opio del pueblo y relegue a la religión al plano intimista que le corresponde, o que la incorpore como un sina­pismo de medio pelo que contribuya al control social, lo que quiere -y así lo proclama-, es que la sociedad que bulle bajo el capitalismo atroz sea "buena", que no se extralimite al ordeñar las ubres del sis­tema en provecho de unos cuantos. Esto es, lo que quiere es la cuadra­tura del círculo. Nada de implantar un marco jurídico político donde se establezca la justicia social de raíz, empezando por excluir la propiedad privada...

No hay más que echar un vistazo y apartar de uno todo prejuicio, al panorama del capitalismo que aprisiona al mundo sin remisión con la complicidad de papas y obispos académicos. Descubriremos entonces la forma en que el planeta va desmoronándose; cómo cada sociedad, una por una, se va diluyendo moral, psíquicamente, lo que equivale a la extinción de la tranquilidad, el sosiego y la ata­raxia salvo que nos refugiemos en las altas montañas lejos del munda­nal ruido. Véáse, digo el panorama, y nos encontraremos con una España de pena, una Italia para vomitar, una Francia para llorar, una Alemania acomplejada, una Rusia y lo que fueron sus satélites, perplejas y desarticuladas donde las mafias se han apoderado de la vida fundamental; un Estados Unidos donde otro títere en la Casa Blanca no se ha dado cuenta todavía de que lo es y que nada tiene qué hacer frente a lobbies, CIA, fábricas de armas, Pentágono, Labora­torios farmecéuticos y frente a la industria que arrastra poco a poco al planeta a su ruina y al desastre definitivo. Sólo los países nórdi­cos se salvan de la quema. Pero es que esos países no son re­inos de este mundo...

Esta visión pesimista no pueden no compartirla más que los que nadan en la abundancia y mientras la abundancia les dure; no pue­den no aplaudirla quienes tienen una reserva por los rincones del mundo o en Montecarlo donde sentirán un poco más el retraso del Holocausto de la humanidad.

No es que recibamos todos los días malas noticias, es que todo es un refocilarse en el crimen, en el saqueo, en la burla, en el fraude, en el abuso, en la injusticia... Todo, además, institucionalizado, todo bendecido, todo disculpado, todo normal. No se nos responda, por favor, que lo bueno de esta libertad es saberlo todo. Primero porque no es cierto, sólo sabemos lo que les conviene y nos ocultan lo que verdaderamente nos haría sublevarnos, y luego porque aunque lo sepamos o precisamente por eso no nos alcanza la esperanza y la ilusión, las dos amigas que hasta ayer nos permitieron dormir sin zozobra. Ahora no. Ahora las claves son que no sólo todo va por un desagüe a las cloacas del Aqueronte. Ahora es que ya sólo vemos que es segura la salvación de la chatarra y de los residuos nuclea­res. Y el papa, erre que erre, discutiendo sobre el sexo de los ánge­les y poniendo en duda si la luz del monte Tabor pudo ser creada o increada. Que le zurzan…


Jaime Richart
http://www.kaosenlared.net/noticia/el-protector-del-capitalismo

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jueves, 18 de junio de 2009

España: Una izquierda de derechas

Jaime Richart

Me refiero a la izquierda ahora en el poder en España y a la que espera en los países europeos donde ahora domina la derecha. Diversos politólogos e intelectuales europeos han analizado el fracaso de la socialdemocracia en Europa, y todos coinciden en que la socialdemocracia europea copia a la derecha y por eso los electores prefieren el original.

Desde luego en España lo que llamamos izquierda no es más que una derecha social que sólo al lado de los bocazas y los fascistas puede parecer izquierda. La socialdemocracia, que es una destilación del socialismo mutada a socioliberalismo, en la praxis y en su lenguaje sigue las mismas pautas que la derecha por más que ponga contrapuntos a la música. Al final, en el cómputo general, ambas son la misma cosa. Pues la izquierda en el poder compite con la derecha y con sus mismas claves; “consumismo” y “crecimiento” son los dos referentes de una y otra. Sus valoraciones se hacen desde ambos conceptos. Véase cómo tiran constantemente los candidatos y sus portavoces de los mismos gráficos, aunque varíen para unos y otros las cantidades y los porcentajes. Mil comen, diez no comen. Pero qué más da… En este agravio comparativo ambas, derechas e izquierdas, coinciden en la indiferencia. Lo que quiere decir que ambos hablan el mismo lenguaje, el “políticamente correcto”. Y por eso los unos y los otros se acusan de “incumplimientos” y de “ineficacia”. Para ambos la eficacia es un concepto unívoco medido en cifras. Para ambos el amor está en el mismo sitio: hace mucho que para la izquierda dejó de estar también en el corazón.

Por ello esa "izquierda" en funciones sólo tiene una posibilidad de sobrevivirse a sí misma en el escenario de la democracia capitalista. Si sus líderes, en el lenguaje políticamente correcto o rompiendo con él (esta es otra de las cuestiones aún pendiente: ¿qué es lo políticamente correcto?) dijeran: “mirad, nosotros estamos resueltos a hacer muchas cosas, trabajamos para la igualdad, estamos dispuestos a extirpar la pobreza del mundo y la marginalidad en nuestra cercanía, pero los poderes fácticos no nos lo permiten”; “estamos maniatados por la realpolitk, por el poder económico, por la mayoría de los medios, por el clero, por la industria automovilística y la industria en general, por la banca, por los Laboratorios farmacéuticos, por los militares, por las fábricas de armas, por el gran empresariado del país y por la multinacionales del globo. Si nos ayudáis a librarnos de las argollas que nos paralizan, les venceremos entre todos.”

Si fuesen capaces de decir algo así, otro gallo cantaría en Europa. Ya se vería cómo rápidamente se movilizarían los altísimos porcentajes de abstención habituales, y la izquierda verdadera ganaba abrumadoramente.

Pero como eso no lo dicen ni lo van a decir, ni lo hacen ni lo van a hacer, primero por soberbia, porque se niegan a reconocer que imitan a la derecha, y segundo porque un giro hipotético de esa clase sólo se puede concebir en un líder muy carismático de la izquierda real que en Europa, y menos en España, no hay; un líder que combine la firmeza y la rebeldía precisas para dar un golpe de timón sin ser acusado de “populista”… pues no hay nada qué hacer. Todo seguirá igual hasta que la izquierda desaparezca engullida por la alternancia o atrofiada por la derecha extrema.

A las pruebas me remito: Chávez en Venezuela. Ahí tenéis a un político que rompió con lo politicamente correcto de Allende que ya se vio a dónde le llevó. Chávez ha roto con lo "políticamente correcto". Por eso es populista. Ahí tenéis a Ahmadineyad en Irán, otro “políticamente incorrecto” porque por nuestros andurriales dicen que lo es. Medios y políticos, incluso de supuesta izquierda, les atacan constantemente, les llaman manipuladores, usurpadores…

En cuanto los poderes mediáticos, los de hecho y los institucionales, deciden que un líder de izquierdas -de la izquierda real, claro está- no vale, ya puede prepararse. No hay ningún medio o periodista oficialista que no prefiera a Musaví, el líder de la oposición en Irán y pupilo de Estados Unidos, a Ahmadineyad, el que se resiste todo lo que puede para impedir que su país sea colonizado por el yanqui, como lo están ya las tres cuartas partes del mundo incluida Europa. Y es que por aquí y por allá la realidad es que, aunque se pasen la vida quejándose, los medios y la mayoría no ya de derechas sino también de la izquierda en el poder, no quiere más que más de lo mismo: ficción y farsa, más farsa y más ficción; que unos sean los malos, carteristas pero simpáticos, y los otros los buenos, templados pero tontos.

Así podemos pasarnos otros treinta años más. En Europa el perfil de los protagonistas y el del electorado es más difuso, pero en España los espectadores son exclusivamente de dos tipos: unos jalean y otros abuchean. La mayoría, el 46,06%, se queda fuera. Ni siquiera se acomoda en el gallinero. No vota. Y es que en el fondo a todos los que van al espectáculo, les excita la pamema "nacional".

De ahí que los intelectuales europeos hablen de imitación. Y de ahí que la socialdemocracia no hable de igualitarismo como eje de su politica y de su acción, sino, como antes dije, de crecimiento y de consumo: los dos pilares del tinglado capitalista. ¿Qué distingue, pues, ya, a la izquierda europea de la derecha? Nada. Si acaso moderación en el lenguaje y menos cinismo. Si nos ceñimos a España, no hay más que oír a González, a Almunia, a Leguina, a Solbes, después de haber escuchado a Zapatero y a los portavoces de su partido.

Un sistema, como el demoliberal, que sólo funciona en tanto fabrica y vende artefactos y lujo, pero deja al margen a buena parte de la población mundial salvo para encasquetarle lo que no le sirve, no sólo es un sistema injusto a cuyo frente sólo medran los necios cargados de una violencia moral equivalente a mil bombas atómicas en espera de explosionar, es que es un sistema que, aunque silenciosamente, en formato de abstención, fracasa y sólo cuenta con la aprobación de los privilegiados que son grandes minorías..

Las estadísticas a menudo son insensibles y difíciles de entender para la mayoría de los que vivimos una vida privilegiada en los mundos desarrollados del Norte. Consideremos, por ejemplo, el hecho de que las 356 personas más ricas del mundo disfrutan de una riqueza colectiva que excede a la renta anual del 40% de la humanidad. Mientras hablamos con entusiasmo de la globalización, del comercio electrónico y de la revolución de las telecomunicaciones, el 60% de las personas del mundo no ha hecho nunca una sola llamada telefónica y una tercera parte de la humanidad no tiene electricidad. En esta nueva era, en la que hay más y más conexiones económicas globales, cerca de 1.000 millones de personas permanecen sin empleo o subempleadas, 850 millones de personas están desnutridas y cientos de millones de personas carecen de agua potable adecuada, o de combustible suficiente para calentar sus hogares. La mitad de la población del mundo está completamente excluida de la economía formal, obligada a trabajar en la economía extraoficial del trueque y la subsistencia. Otros consiguen llegar a fin de mes en el mercado negro o con el crimen organizado.

Un sistema semejante y miserable como éste, compuesto de derechas sin tapujos e izquierdas que remolonean para no acabar en derechas pero que al final sucumben… un sistema que permite todo eso y además combate cualquier otro que intente hacerle frente, sólo puede sostenerse por culpa de la debilidad y de la ausencia de organización de los desposeídos y de los que estamos con ellos. Y tanto la izquierda europea como la española, con el tópico de que el comunismo ha fracasado, no hace más que fortificar los muros del capitalismo, del fascismo y del neoliberalismo de que nos ha rodeado la derecha en España y en Europa desde siempre...


Jaime Richart
http://www.argenpress.info/2009/06/espana-una-izquierda-de-derechas.html

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miércoles, 6 de mayo de 2009

La sociedad porcina

Jaime Richart

Ha tardado, pero tenía que llegar. El mal porcino ha llegado desde las profundidades de la sociedad porcina a la fachada de la socie­dad porcina.

El número de los porcinos y de las cosas porcinas en la sociedad por­cina no es infinito pero sí ilimitado. Por eso me limitaré a citar algu­nos ejemplos:

El político porcino es el que en lugar de hacernos amable la vida, nos la amarga; no aclara, confunde; no amansa, agita; no es veraz, deforma la verdad y regurgita la mentira.

El periodista porcino es el que silencia lo grave y exagera lo irriso­rio; hace crítica en lugar de limitarse a informar.

La monarquía porcina es la que sabe que sobra y se empeña en per­sistir.

El juez porcino es el que se tiene por justo cuando es arbitrario.

El obispo porcino es el político metido a cura porque no le hubiera so­portado la política.

La sociedad porcina, en fin, es la que hoza en el capitalismo.

Cualquier día publicaré dos tomos con la tira de todos los especí­menes porcinos y las actividades porcinas. Si bien, caben en un ren­glón, porque aquéllos son todos los que beben en los abrevade­ros del sistema, y éstas son esa serie de ocupaciones demasiado bien pagadas y rimbombantes pese a ser superfluas.

Jaime Richart
http://www.kaosenlared.net/noticia/la-sociedad-porcina

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sábado, 18 de abril de 2009

Saber vivir

Jaime Richart

Saben vivir... Todos, absolutamente todos los que nos dirigen de una u otra forma tienen la vida material asegurada; mejor, blindada.

La libertad política y las libertades formales en general no son la base o el motor de la felicidad de un pueblo. Antes, mucho antes, es preciso contar con la seguridad económica imprescindible. Y la inmensa mayoría de la población de este país y la de las naciones capitalistas carecen de ella.

La excitación que hay o puede buscarse o encontrarse en la aventura de trabajar para terceros y depender de terceros que pagan, no se compensa con las decrecientes expectativas no ya de hacernos ricos sino simplemente de atesorar, como la hormiga, grano para el invierno. La diferencia aunque sólo sea psicológica y mental entre los que tienen la vida "fácil": los citados, los que tienen fortuna, los pensionistas y los funcionarios, por un lado, y los que viven a verlas venir, de una manera inestable e inquieta, por otro, es lo suficientemente significativa como para dividir a un país entre tranquilos y desquiciados. Tener ingresos imprecisos, percibirlos de una manera intermitente o perderlos para tener que volver a buscarlos, y pasarse así la vida, mientras los gastos ineludibles no admiten espera, es terrible. Ingresos inciertos frente a pagos ciertos e inexorables: alimentos, hipoteca o alquiler, supone que ésa es una sociedad fracturada entre los que viven azarosamente y los que viven sin preocupaciones materiales: un estado de cosas injusto y lamentable social, política y psíquicamente hablando. Bastante impredecible y aleatoria es la salud personal, que no puede comprarse a ningún precio, como para añadir incertidumbre a lo que debiéramos no sufrir...

Así nos va. Eso se nota, y mucho, en el desenvolvimiento de las gentes en la vida cotidiana, en la de la pareja, en la de la familia tradicional o nueva. No es lo mismo dormir con la amenaza constante de un desahucio o de un lanzamiento por impago del alquiler o la hipoteca, o bien hacinados o en el hogar paterno con 40 años que dormir sabiendo que al día siguiente podemos realizar sin problema nuestros planes. Y la población que existe en la primera situación, la de la vida en precario, es notoriamente desproporcionada en su disfavor respecto de la que vive la vida poseyendo.

Y en cuanto a la Iglesia católica es inadmisible y nauseabundo que una institución que vive al amparo de la absoluta seguridad material, con todas sus riquezas y las donaciones y subvenciones que recibe sin excepción, se enfrente y persiga siempre tenazmente a los colectivismos cuando ella siempre se ha organizado y existido bajo ese patrón sociológico pese a ser piramidal y adoptar la forma monárquica electiva en los aspectos institucionales.

El fin de la política es proporcionar felicidad a los ciudadanos que se han organizado bajo formas supuestamente dirigidas a ese fin. Lo malo es que los que poseen, los patricios, los que nos organizan la vida política, económica y demás son los que, desde sus fortalezas, no pueden comprender la precariedad ni les importa.

Promoviendo como promueve el sistema su propia incompetencia, déficit democrático y déficit económico del pueblo llano en general, lo que hace al propio tiempo es generar desquiciamiento, desasosiego e intranquilidad notables, sustituidos por los narcóticos tecnológicos de poco precio pero al final artificiales.

Es éste, por lo tanto, dígase lo que se diga, un modelo fracasado que no tiene derecho ni legitimidad para perseguir o reprochar a países organizados bajo otro modelo su esfuerzo para que la felicidad reine aunque no brille porque no tienen ni quieren ni pretenden tener ferraris.


Jaime Richart
http://www.kaosenlared.net/noticia/saber-vivir

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