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miércoles, 11 de noviembre de 2009

Las bienaventuranzas duelen

El seguimiento incómodo

Thelma Martínez, stj, thelmastj@yahoo.com.mx
Nicaragua

“Felices los que son perseguidos por causa del Bien porque de ellos es el Reino de los Cielos…” Mt. 5, 1-12

Y felices los que lloran… y los que son compasivos, y los que no necesitan de grandes cosas para ser felices… Y los que luchan por la paz y la justicia… y los que no hacen la guerra, y los que quieren creerle a la gente porque “son limpios de corazón”…

Felices los que RESISTE porque buscan y creen en el BIEN…

Van a ser perseguidos, procesados, silenciados…

Van a ser aplastados, pero no vencidos.

El bien, la justicia, la verdad, la libertad, tienen un costo: la muerte. No hay otra salida. Aún no sé por qué…

Pero ese fue el precio que pagó Jesús.

Resistió a un sistema opresor, lleno de mentiras. Resistió a una práctica religiosa cargada de hipocresía y de miedo. Resistió a un IMPERIO… Y creyó en la bondad intrínseca de cada ser humano.

Descubrió que Dios era Madre y Padre a la vez… femenino y masculino por igual. Y por eso no hizo distinciones. Tuvo discípulas también…

Fue “un pensador contra la ley”, como dice una canción.

Feliz porque fue libre y liberó. Y eso le costó la muerte.

Ante este Jesús tan difícil, yo me pregunto algunas cosas:

¿Será este el camino que de verdad queremos los cristianos?

¿De verdad creemos en el Reino? ¿Así, con estas consecuencias de revolución?

¿En serio queremos apuntarnos a un discipulado incómodo, que nos cuestione siempre y que nos empuje a decir lo que de verdad pensamos, creemos y sentimos?

¿De verdad queremos llorar con el dolor de la impotencia cuando vemos que el sistema no se mueve ni un ápice a pesar de tantos intentos?

¿Estamos dispuestas a arriesgar la propia vida porque queremos hacerle bien a la gente y a la sociedad a pesar de que los poderosos se encarguen de lo contrario?

¿En serio queremos formar una iglesia “contestataria”, “profética”, “liberadora”, asumiendo que para eso nos tengamos que poner frente a frente y decirnos con toda honestidad y RESPETO lo que no nos gusta y lo que creemos que va en contra del mismo Evangelio? E incluso… ¿arriesgándonos a que nos tilden de “heréticos” porque no pensamos como nos han enseñado a pensar?

No lo sé…

El Reino cuesta la misma vida… y todas las muertes juntas.

La de Jesús y la de sus verdaderos discípulos y discípulas.

Y tal vez mi tentación hoy sea la peor de todas: preguntarme para qué tanto esfuerzo…

Preguntármelo cuando veo que mi país se parte en dos y que los pobres son los más usados y los más engañados… Los pobres sólo servimos para que hagan discurso de nosotros, para que nos tengan lástima y para que nos manipulen y engañen con entregas de terrenos de miseria para que construyamos nuestras casas de cartón. Se burlan de nosotros y se les olvida que también somos GENTE. Y lo peor de todo… es que muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de que los poderosos nos están usando para existir. Y así, a lo largo de la historia, nadie ha podido “vencer” el “fenómeno de la pobreza”.

Me pregunto si “otro mundo es posible” cuando veo que la libertad de expresión no sólo es perseguida por el gobierno, sino también por la misma Iglesia oficial cuando alguien “se pasa del límite” de lo permitido para opinar… o disentir.

Me pregunto si el Reino es de los compasivos y los pacíficos cuando los países del primer mundo invierten cada vez más en armamento y lujos incomprensibles para los que vivimos cada día con lo mínimo. Cuando siento que me hierve la sangre ante tanta mentira y corrupción de los que están en el poder en mi país y en todos los demás países del mundo… ellos están felices, y mi gente sigue buscando comida, trabajo, vivienda, salud y educación… pero “no hay presupuesto” para estos “gastos”.

Me pregunto si el Reino es de los pacientes cuando de verdad a veces no sé cómo aguantarme las ganas de gritar: BASTA! Ante tanta desigualdad, miedo, injusticia, opresión, complejos, manipulación, luchas de poder, egoísmo, envidias y falta de libertad.

Tengo que preguntarme estas cosas porque las bienaventuranzas hoy me duelen… Me duelen porque a pesar de cuestionármelas las quiero para mi… y para el mundo.

Porque le creo a Jesús me duele su mensaje liberador.

Porque creo en el bien y en el Reino me duele el discipulado.

Y porque aún no comprendo por qué el precio tiene que ser la muerte.

En el fondo… lo que no entiendo es que el mundo no quiera el BIEN. No entiendo por qué le tememos a la libertad, a la justicia, a la Verdad, a la paz y al respeto mutuo.

No sé por qué Jesús dice que son Bienaventurados los “perseguidos”… es que no entiendo por qué tienen que perseguir a alguien que quiera la justicia…

A no ser que…

El SISTEMA que hemos creado a lo largo de la historia sea todo lo contrario a lo que Dios siempre ha querido.

Y romper con este sistema… Sólo lo pueden lograr los valientes… o los locos… o los creyentes comprometidos que estén dispuestos a dar la vida por este Reino diferente.

Entonces… la pregunta me la hago más en silencio y en verdad, sólo para mí misma: ¿esta es la vida que quiero asumir? ¿De verdad quiero yo alistarme en esta fila en contra del sistema frente al cual Jesús mismo luchó?

Puedo elegir no seguir. Y unirme a la masa. Ser alguien más del montón y pasar la vida “medianamente feliz”. Acomodada y ciega para que la realidad que vea no me “afecte” ni me comprometa con el deseo de un cambio.

Pero si elijo un “sí quiero”, y me voy detrás de este hombre libre que se llama Jesús… tengo que saber que la vida no será nada fácil y que al final me quedaré bastante sola gritando en la lontananza mis gritos de BASTA ante todo lo contrario a la bondad, la verdad, el amor, la libertad y la justicia.

A no ser que…

En este seguimiento también me encuentre con algunos locos que, al igual que yo, le crean a Jesús: “Felices los que son perseguidos por causa del Bien porque de ellos es el Reino de los Cielos…”

Si los encuentro… seré más “medianamente feliz”, seré profundamente “BIENAVENTURADA” porque en este seguimiento encontré hermanas/os, amigos, pueblo… identidad y pertenencia. Gente de a pie que también apuesta por el Reino que no está en “los cielos”, sino que lo podemos construir ya, hoy, como una pequeña levadura, en la masa de esta tierra.

Tal vez, por esta posibilidad que de cierta forma puedo percibir incipiente, tímida, frágil y sólida a la vez, renuncio a la tentación de renunciar y me alisto en las filas del seguimiento incómodo, incomprensible y, verdaderamente, BIENAVENTURADO…

Thelma Martínez, stj, thelmastj@yahoo.com.mx
http://eclesalia.blogia.com/2009/110901-incomprensible.php


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jueves, 8 de octubre de 2009

No hay cambio sin sueño

Washington Uranga

Dado que la política supone la lucha por poder, es difícil en medio del fragor de los acontecimientos detenerse para analizar cuánto de verdad tienen las posiciones de los eventuales contrincantes o adversarios. Es más. En la mayoría de los casos se parte de la base –por cierto errónea– de que el éxito sólo se alcanza por la eliminación del oponente. La política argentina actual –no ha sido demasiado distinto en otros momentos– está atravesada por miradas cargadas de intransigencia, basadas en la única pretensión (¿irresponsable?, ¿imprudente?, ¿necia?) de imponer la opinión propia y el interés sectorial, sin reparar en otras perspectivas y sin atender otras consideraciones.

Es cierto cuando se afirma que lo que está en juego es un modelo. Pero dicho esto más allá de cualquier diseño político. Lo que está en juego es un modelo de vida. Es la disputa entre afianzar y defender lo propio y pensar, por contraposición, en lo colectivo, como bien público y como sentido social.

Y lo anterior no supone disolver o hacer desaparecer las diferencias. Las discrepancias, por más importantes que sean, no tienen que resolverse necesariamente bajo la lógica de “vencedores” y “vencidos”. Hay otras formas de manejar la diversidad y las discrepancias. Pero para lograrlo hay que ponerse en el lugar del otro. O como se dice en el lenguaje cotidiano: ponerse en los zapatos del otro. Equivale a proponerse salir de la mirada propia para conocer desde otro lugar, para comprender los argumentos de quien está situado en otro espacio. Porque el conocimiento no está desvinculado del poder: cada uno conoce también desde la mirada de poder que tiene y desde allí acepta y descarta como verdadero o falso aquello que le es favorable o adverso.

Hasta el tan proclamado diálogo requiere condiciones mínimas, porque de lo contrario es apenas un escenario para el intercambio de proyectiles simbólicos. Dialogar es distinto para los representantes de los productores agropecuarios y para el Gobierno, para los trabajadores de Kraft y para la empresa. Salvo, claro está, que en todos prime la disposición a la escucha y a la construcción colectiva. No parece ser lo que está ocurriendo. Ni en los casos mencionados ni en las actitudes de encumbrados dirigentes sociales, empresariales, religiosos y políticos. Dialogar es un significante vacío si no hay apertura a calzarse los zapatos del otro, aunque ello no signifique resignar lo fundamental de las propias posiciones.

¿Es una mirada ingenua de la política? Podría decirse, en todo caso, que es una mirada acerca de la política. Una mirada que se apoya en la necesidad de construir el bien común, de generar una “casa común” para que todos y todas la puedan habitar con dignidad. Que no rehúsa el conflicto, sino que lo inscribe dentro de la naturaleza de la historia humana, pero que reconoce que todos tenemos que revisar nuestras convicciones (porque nadie es dueño de la verdad absoluta) y nuestras pretensiones (porque la dignidad y los derechos de la mayoría tienen que estar por encima de los beneficios de los menos).

Puede ser ingenuidad. Pero también puede ser una manera diferente de pensar la política y la construcción colectiva; desde otro lugar, apostando a la diversidad como riqueza, al conflicto como dinamizador y al diálogo como herramienta. Puede ser un sueño, pero también es la esperanza de transformar la política en una actividad creativa, productiva y positiva y no simplemente en un escenario sólo apto para aves de rapiña. Seguramente es un sueño y también una esperanza. En el mismo sentido que lo afirmaba Paulo Freire en Pedagogía de la esperanza: “No hay cambio sin sueño, como no hay un sueño sin esperanza”.


Washington Uranga
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-133115.html

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sábado, 29 de agosto de 2009

Taizé, diversidad y respeto

PepCastelló

Como podrán ver quienes entren en la página web de la Comunidad de Taizé [1], su ya remoto origen se sitúa en los tristes años de la segunda guerra mundial, cuando los ejércitos alemanes invadieron Francia y la locura nazi desencadenó una feroz persecución de judíos, gitanos y otros seres que en su ideario figuraban como inferiores. Allí el Hermano Roger de la Iglesia Calvinista y otras personas compasivas de diversas confesiones religiosas escondieron a cuantos pudieron e hicieron cuanto pudieron para ayudarles a huir. Taizé nació pues horizontalmente, con amplia vocación fraterna en favor del débil, del injustamente perseguido por el poder.

Pasada la gran guerra, una parte de quienes allí actuaron, provenientes de diversas iglesias cristianas, decidieron unirse en comunidad fraterna para dedicarse a organizar encuentros de jóvenes procedentes de diversos países e iglesias con el fin de que se conociesen y amasen y fuesen capaces de negarse a repetir la barbarie de la guerra que tan de cerca ellos habían vivido.

La diversidad confesional de los hermanos imprimió desde un buen comienzo un carácter nada común en las iglesias cristianas, pues nadie impuso allí credo ni doctrina alguna. Ni se le impone a nadie todavía. Cada cual es aceptado con sus creencias y sus diferencias personales en pensamiento y en fe. La plegaria responde a la pluralidad de confesiones e iglesias cristianas de quienes allí se acogen y puede ser compartida por creyentes de otras religiones y aun por no creyentes. Nadie queda excluido del ágape, de la comunión simbólica, ya que incluso quienes no comparten las creencias eucarísticas pueden participar tomando un simple pedazo de pan bendecido.

La acogida y el respeto mutuo son los principios fundamentales de la Comunidad de Taizé. Bien distinto de los que rigen en la Iglesia Católica Romana, perseguidora de herejes e infieles desde su comienzo y a lo largo de los siglos y de disidentes aun en la actualidad, que desde su instauración como religión del Imperio tuvo como principal objetivo la unidad religiosa y la sumisión de toda la población a su doctrina, en ámbito imperial primero y mundial después. Tanto fue así que cabe preguntarse si aquel cristianismo lleno de humanidad que afirmaba «no se ha hecho el hombre para la Ley sino la Ley para el hombre», una vez convertido en religión del Imperio no sirvió para lo contrario, para someter al hombre a la Ley que dictaban los poderes de turno.

Pienso que la Comunidad de Taizé es un posible modelo de lo que debieran ser las comunidades cristianas en nuestro mundo occidental. Ecuménica desde su origen, ha hecho del respeto a la diversidad de pensamiento y creencias uno de sus principios fundamentales. Completamente autónoma, basa su economía en su propia actividad y no acepta donativos personales ni dinero de institución alguna, ni civil ni eclesiástica. La forma de vida sencilla y solidaria que allí se sigue es un modelo estimable de conducta. La pluralidad confesional que la hace eclesiásticamente libre, la independencia económica, la sencillez de vida y la ausencia absoluta de aspiraciones expansionistas, junto con su fidelidad al evangelio libran a la Comunidad de Taizé de dar soporte mediante ignominiosas connivencias y sacrílegas bendiciones a regímenes políticos autoritarios e injustos, a criminales golpistas, a poderosos adoradores de Mammón cuya codicia es la principal causa del sufrimiento de millones de seres humanos, algo bien distinto de cuanto ha hecho la Iglesia Católica Romana a lo largo de los tiempos.

Si observamos con atención podremos ver que en Taizé bien poco cuenta el desmesurado afán de confort, prestigio y poder que constituyen los valores máximos en nuestra civilización occidental cristiana, hoy extendidos a lo largo y ancho del mundo. La extrema sencillez que allí reina en todas sus dependencias, empezando por el templo, contrasta con la magnificencia de los grandes templos cristianos de todas las épocas. Sin duda alguna Taizé es un claro esfuerzo por poner en práctica la Buena Nueva evangélica en su más pura esencia; un camino hacia la equidad mediante la acogida, la colaboración, la ayuda mutua, el alegre compartir, la austeridad necesaria para que en el mundo no haya pobreza. No en vano uno de sus cantos dice «Beati voi poveri, perché vostro è il regno di Dio». ¡Qué absurdo e hipócrita resultaría este texto en el interior de la basílica de San Pedro de Roma o en el de tantas magníficas catedrales ricamente ornamentadas, que no son sino elocuentes manifestaciones del poder eclesiástico!

Quienes quieran cerciorarse del contraste que acabamos de señalar, no tienen más que detenerse en su regreso a casa a visitar la catedral de Albi, dedicada a Santa Cecilia (siglos XIII al XVI), impresionante mole de ladrillo rojo, con más aspecto de fortaleza que de templo, construida para conmemorar la victoria de la Iglesia Católica Romana sobre la herejía cátara, exterminada a fuego y filo de espada, y advertir del fin que les esperaba a quienes irreflexivamente intentasen apartarse de sus enseñanzas. Por si la gran estructura no fuese suficientemente elocuente, el interior majestuosamente decorado es un rendido homenaje escultórico y pictórico a los poderes temporales y a la gloria de los elegidos, los cuales, como es de esperar, son los poderosos de turno fieles a la Iglesia y quienes les obedecían. En esa visita y en otras a similares monumentos podrá ver, quien tenga ojos y los quiera usar, qué derroteros tan poco evangélicos ha recorrido la Iglesia a lo largo de los siglos. Ante semejantes manifestaciones de prepotencia, tan comunes y tan frecuentes en los grandes templos católicos y tan presentes en todas las manifestaciones de la alta jerarquía eclesiástica desde los más remotos tiempos hasta el presente, una pregunta surge de lo más hondo de mis entrañas: ¿abandonará algún día la Iglesia Católica Romana su intolerancia doctrinal y ese gran apego al poder que le impiden hoy colaborar en el proceso de evolución humana que tanto necesita el mundo y en especial nuestra civilización occidental cristiana?

Por supuesto que no tengo respuesta para esta pregunta, pero a fuer de sincero debo decir que no espero que eso ocurra, pues son muchos los intereses personales y colectivos que atenazan a esa macro organización religiosa. No hay nada que me anime a esperar ningún cambio de conducta en quienes la rigen y quienes les rodean, sino al contrario, que persistan hasta el final en la misma obcecada cerrazón que ahora muestran. Ya vimos el pasado siglo XX que la curia pudo más que el papa Juan XXIII, de modo similar a como casi dos mil años antes el poder religioso había podido más que el mensaje humano de Jesús de Nazaret. Cabe esperar no obstante, pues a ello nos lleva el conocimiento que tenemos del devenir humano a lo largo de los tiempos, que con creencias religiosas diversas o sin ellas siga habiendo en el mundo personas que evolucionen hacia cotas cada vez más elevadas de humanidad, para su bien y el del universo entero. Y cabe esperar también −¿cómo no?− que nuestro ánimo pueda permanecer hasta el final en esta remota, tenue y peregrina esperanza. A ello contribuyen, entre miles y millones de personas diversas, la Comunidad de Taizé y quienes con ella colaboran.

[1] http://www.taize.fr/es

Artículos anteriores relacionados con el presente:
I -
Taizé, peregrinación y encuentro
http://lahoradelgrillo.blogspot.com/2009/08/taize-peregrinacion-y-encuentro.html


PepCastelló


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sábado, 28 de marzo de 2009

América Latina y los desafíos de la izquierda revolucionaria

Camilo Moreno

Para nosotros no se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva...
Nuestro grito de guerra ha de ser siempre: ¡la revolución permanente!
(C. Marx. Mensaje a la Liga Comunista. 1850)

Introducción:

Muchos líderes y analistas de izquierda cometen un grave error de percepción al sobrevalorar los cambios políticos ocurridos en América Latina en los últimos años. Sus planteamientos van desde aquellos que perciben los triunfos electorales de la centro izquierda como "avances revolucionarios" , hasta los que, menos optimistas, plantean sin embargo que América Latina ofrece nuevas oportunidades para transformar profundamente las relaciones de dependencia y miseria privilegiando la vía institucional y aprovechando "las puertas que se han abierto" desde la democracia burguesa. Esto trae como consecuencia la subvaloración de la importancia de la lucha extra institucional y antisistémica, la movilización y organización popular y la creación de poder alternativo local.

El complejo y contradictorio proceso que vive desde hace años América Latina requiere, sin embargo, análisis más abarcativos para no dejarse engañar por las ilusiones que, aunque haciendo llamados a la movilización de masas, plantean la lucha electoral privilegiadamente como el único camino posible y "sensato" para la izquierda.

La izquierda revolucionaria tiene como desafíos plantearse estrategias capaces de construir verdaderas alternativas de poder y recuperar la movilización de masas en decadencia. Esto pasa por reconocer, más allá de los triunfalismos, algo que ya hoy es evidente: el reflujo de la movilización social en América Latina y el resurgir de la derecha.

Crisis del neoliberalismo a inicios de siglo y triunfo electoral de centro izquierda:

Después de la contraofensiva neoliberal de los años 90, a finales de la década e inicios de siglo su derrota en el plano económico desacreditó a la derecha tradicional, creó conmociones sociales y produjo una crisis que derrocó varios gobiernos de la región por vía de la movilización popular: la revuelta derrocó tres presidentes en Ecuador, varios en Argentina y dos en Bolivia. Los movimientos sociales fueron los grandes protagonistas de las jornadas rebeldes que dejaron decenas de muertos como saldo y pusieron temporalmente en jaque la institucionalidad dominante. Indígenas, campesinos cocaleros, trabajadores mineros, piqueteros y masas urbanas empobrecidas desarrollaron jornadas de protesta social demostrando en ciertos países gran capacidad de acción y voluntad de sacrificio.

Las revueltas desataron una crisis de institucionalidad que, sin embargo, no logró ser capitalizada por los movimientos sociales para crear verdaderas alternativas de poder.

Aunque de manera desigual, la crisis y las protestas permitieron en ciertos casos la llegada al gobierno de candidatos de centro izquierda que capitalizaron la revuelta social para desplazar a la derecha tradicional (Argentina, Uruguay, Chile, Brasil, Ecuador). En otros casos surgieron líderes de los propios movimientos sociales (Bolivia), y un militar bolivariano que obtuvo popularidad por encabezar un golpe fallido a un gobierno corrupto de derecha (Venezuela)

A pesar de los matices (no es lo mismo Venezuela, Bolivia y Ecuador que el resto de la región del cono sur) ninguno de los gobiernos de centro izquierda en la región logró desarrollar o consolidar cambios estructurales profundos, ni plantear alternativas reales al proyecto neoliberal. Venezuela es una notable excepción en este caso, cuyo proceso revolucionario aun tiene inmensos desafíos por delante, y donde seguramente la acción decidida de las organizaciones de base clasistas será un factor decisivo en la profundización de los avances.

Los gobiernos de centro izquierda encauzaron la rebeldía popular por vías institucionales, hicieron un llamado a la "mesura" y no aprovecharon la capacidad de movilización para desarrollar poder alternativo real. Con discurso progresista estos gobiernos en la mayoría de casos desmovilizaron a los movimientos sociales, desligaron varios de sus líderes minando la autonomía y capacidad de respuesta de éstos, al tiempo que nombraron en puestos claves de los ministerios a neoliberales ortodoxos para lograr un equilibrio de poder y garantizar así la gobernabilidad.

Política exterior y distanciamiento de EEUU: Máscara anti-imperialista, fondo neoliberal

Muchos análisis de izquierda se centran en la oposición que los nuevos gobiernos de centro izquierda hacen respecto a la hegemonía Norteamericana: el rechazo al ALCA principalmente es tomado como una muestra del carácter antiimperialista de los mismos. Excluyendo a Cuba y Venezuela, y aunque en algunos casos el rechazo al establecimiento o continuidad de las bases norteamericanas es una muestra de dignidad nacional, el distanciamiento de las políticas norteamericanas responden más bien a un contexto interno y externo que vale la pena analizar (sobre todo en los países del cono sur): En el plano externo la diversificación de los mercados internacionales y el alza en los precios de las materias primas a inicios de siglo permitieron cierta flexibilidad y capacidad de maniobra de los gobiernos y restaron importancia a las políticas del FMI y el BM; esto creo las condiciones en el plano interno para el surgimiento de una clase agro minera exportadora

local y extranjera que aprovechó los altos precios de las materias primas para buscar mayores ventajas en otros mercados. Esta clase domina las finanzas, ejerce presión sobre los estados, y exige, al mismo tiempo, junto a los gabinetes de gobierno, mayor liberalización del mercado norteamericano (oposición al ALCA). En la mayoría de casos no se plantea, en último análisis, una oposición al neoliberalismo, sino más bien relaciones de mercado más competitivas y menos unilaterales por parte de EEUU. Esto evidentemente debilita la política norteamericana acostumbrada al saqueo incondicional y a tener regímenes clientes totalmente sumisos a sus designios. Estos gobiernos buscan y firman tratados de libre comercio con otras naciones más favorables a la entrada de sus productos (UE, países Asiáticos y comercio local y regional). Sin embargo, al mismo tiempo se avanza poco en un proyecto verdadero de integración solidaria (ALBA) y desarrollo
endógeno.

Fortalecimiento de la derecha, debilitamiento de los movimientos sociales

En la mayoría de países donde triunfó electoralmente la centro izquierda, ésta tuvo que buscar alianzas para conseguir gobernabilidad. La reprimarización de la economía condujo a estos gobiernos a basar su política económica en consolidar el sector agro minero del cual obtenían grandes dividendos y les permitía llevar a cabo programas sociales tendientes a superar la crisis social de inicios de siglo. El equilibrio de poder constituido por la centro izquierda basada en sus alianzas con los grandes productores y exportadores agro mineros y sectores financieros por un lado, y la base electoral compuesta por la clase trabajadora urbana y rural de clase media y baja por el otro, terminó por desplazar la correlación de fuerzas hacia la derecha agro minera con mucha influencia en la economía [1].

La incapacidad para adelantar cambios estructurales profundos, para modificar las relaciones de propiedad de la tierra, para organizar efectivamente al movimiento popular como motor estratégico de cambio, trajo como resultado un debilitamiento de la centro izquierda y un fortalecimiento creciente de la derecha, ahora a la ofensiva. Los movimientos sociales se debilitaron, perdieron influencia y en algunos casos militantes.

En resumen, los gobiernos de centro izquierda, por falta de voluntad o incapacidad, adelantaron una "revolución pasiva" funcional a la supervivencia del sistema capitalista cuya crisis orgánica a inicios de siglo era evidente [2]. Esto es, con consignas progresistas resignificadas (cambiando algo, para que nada cambie), administraron la crisis neoliberal, aceitaron los engranajes del sistema, y devolvieron la legitimidad a las instituciones. En última instancia, concientes o no, reconstruyeron la hegemonía dominante y dieron paso al resurgimiento de derechas.

La derecha retoma la ofensiva

Al contrario de la izquierda tradicional que solo se moviliza en tiempos de campaña electoral y privilegia la lucha parlamentaria, la derecha en cambio, con sus grandes recursos, utiliza todos los medios a su alcance para recuperar su hegemonía. En todos los países controla los grandes medios de comunicación que desarrollan fenómenos mediáticos pro fascistas (Colombia), campañas de descrédito multimillonarias (Venezuela, Ecuador); han logrado proyectos separatistas (Bolivia) donde la oligarquía agro minera controla varias provincias ricas en recursos; han promovido iguales proyectos en el estado de Zulia (Venezuela), con la infiltración creciente de grupos paramilitares colombianos, y en Guayaquil (Ecuador). En Brasil, la oligarquía agro exportadora, las inmensas inversiones extranjeras en megaproyectos de agro combustibles y exportación agrícola, con la complicidad del gobierno, han desplazado miles de campesinos, debilitado y perseguido a los Sin Tierra (MST) y deforestado millones de hectáreas. En Argentina, la oligarquía agraria ha movilizado miles de personas en un paro que buscaba concesiones sobre los impuestos de exportación gubernamentales.

Así mismo, la derecha ha logrado constituir una base social fuerte en varios países y ha combinado la lucha parlamentaria con la movilización callejera de manera efectiva. Ha utilizado la movilización masiva para consolidar proyectos de ultra derecha (Colombia), avanzar sobre campañas de derrota a las políticas progresistas (referéndum en Venezuela), bloquear carreteras y parar la economía (Argentina) y consolidar proyectos separatistas (Bolivia).

En la mayoría de países la embajada norteamericana y agencias como la National Endowment for Democrcy (NED) han gastado miles de dólares en financiar partidos de oposición, dar asesoría sobre propaganda electoral, promover candidatos de derecha y desestabilizar gobiernos adversos a sus intereses, al tiempo que reactivan la IV flota caribeña y dan millones de dólares en ayuda militar a gobiernos terroristas como el colombiano.

De igual forma, la derecha ha promovido la violencia callejera y el terrorismo en varios países. Ha creado grupos de choque para hostigar simpatizantes del gobierno central en Bolivia y Venezuela, grupos armados privados para desplazar campesinos en Brasil y Colombia, y consolidar así megaproyectos agro mineros y energéticos.

El mito del reformismo: Nuevos ropajes, viejas ilusiones

Contrario a lo que sucedió con la socialdemocracia europea "de fines del siglo XIX y las primeras seis décadas del XX, en países beneficiados por un desarrollo económico, político y social capitalista basado en la explotación colonial y neocolonial, que les permitió acumular excedentes y redistribuir una parte de ellos entre los grupos sociales subordinados"[3] ;en America Latina la transnacionalización y desregularización de las economías, su creciente dependencia respecto al capital financiero internacional, y el Nuevo Orden Mundial impuesto, creó un mecanismo de seguridad que restringía aún más a los gobernantes la toma decisiones de manera autónoma o el desarrollo de proyectos de reforma progresista. Así mismo, después de la pacificación y la derrota política sufrida por la izquierda en las décadas anteriores, donde se instauraron dictaduras de "seguridad nacional"y el imperialismo usó la intervención directa y la lucha contrainsurgente para destruir los movimientos revolucionarios de los años sesenta y setenta, se abrió en los noventa un escenario donde el imperialismo reconstruyó la hegemonía burguesa, instaurando la "democracia neoliberal" como forma única de gobierno en la región De esta manera, el imperialismo puede "tolerar" ciertos gobiernos de centro izquierda, siempre y cuando respeten las reglas del juego, puesto que puede garantizar que, aunque en las urnas se vote por un candidato de izquierda, la economía siempre va a estar sujeta a las políticas de mercado. Esto restringe enormemente las posibilidades de llevar a cabo reformas progresistas en la región. Los gobiernos de centro izquierda tienen enorme dificultad para implementar cambios de fondo, redistribución de tierras y en pocos casos renacionalización de empresas. Las elites agro mineras se niegan a compartir o redistribuir sus enormes dividendos obtenidos de los altos precios de las materias primas y presionan a los gobiernos para desregularizar la economía y profundizar el neoliberalismo. Al tiempo que el imperialismo sigue desarrollando una política contrainsurgente en Colombia y amenazando con una intervención en Venezuela, donde la recuperación de la empresa estatal petrolera ha permitido al gobierno llevar a cabo proyectos alternativos "intolerables" para los poderosos.

En resumen, ni hoy, ni nunca han existido las condiciones para adelantar en América Latina un proyecto reformista equiparable al de la socialdemocracia europea (ni siquiera en la etapa desarrollista de mitad del siglo pasado). Más aún, reformas progresistas básicas de hoy se topan con el obstáculo de la hegemonía neoliberal.

Los sectores de izquierda que pretenden reeditar hoy, incluso con lenguaje marxista, las viejas ilusiones reformistas del pasado, o aquellos que hacen un llamado al "realismo", o a construir un "capitalismo nacional", abandonan en la práctica el proyecto estratégico de la revolución a largo plazo y terminan, en última instancia, siendo funcionales a la reconstrucción de la hegemonía capitalista.

Los desafíos de la izquierda revolucionaria: construcción de poder alternativo, lucha por la hegemonía socialista

La relación entre la estrategia y la táctica políticas ha sido siempre un problema que ha generado debates en la izquierda a través de la historia. Sin embargo, la historia misma ha demostrado que los movimientos políticos de izquierda exitosos han logrado percibir los momentos tácticos en su relación dialéctica con el objetivo estratégico (sin nunca perderlo de vista); han tenido presente siempre la categoría de totalidad a la hora de analizar las tareas políticas inmediatas; han percibido, más allá de los fenómenos superficiales del momento, los aspectos generales de tendencia de una época, y se han preocupado en todos los casos por incentivar la iniciativa política directa del campo popular como motor de transformación revolucionaria.

En la práctica, sin embrago, muchos movimientos políticos se pierden en las tareas del día a día, caen en el rutinarismo, tienden a desligarse de los movimientos sociales, y poco a poco se dejan arrastrar por el chantaje institucional.

Si la izquierda revolucionaria se caracteriza por promulgar el socialismo como la alternativa política a conquistar por el campo popular, por plantearse la lucha por el poder como el objetivo estratégico a lograr, en la mayoría de casos esa estrategia práctica se diluye de facto. Por ejemplo, si un objetivo primordial para avanzar sobre el proyecto revolucionario es lograr una apertura democrática nacional, la izquierda se pierde en las tareas más o menos inmediatas de la lucha electoral-parlamentaria o en las coaliciones electorales; no las percibe en la práctica como un momento táctico, aunque importante en ciertos casos, siempre dependiente de una totalidad más abarcativa de la lucha social: descuida o abandona la creación de poder alternativo extra institucional, la organización y movilización popular, y en último análisis, la lucha antisistémica y la organización revolucionaria.

Desde la institucionalidad burguesa es imposible construir una contra-hegemonía socialista. Aunque, tal como lo percibía Gramsci, los espacios de la democracia burguesa son un campo de batalla que pueden permitir ganar ciertas posiciones ("guerra de posiciones"), la creación y consolidación de una hegemonía socialista se desarrollan principalmente desde la organización y la lucha social.

La educación y organización política de base, el impulso y reconstrucción de los movimientos sociales, la articulación de las luchas parciales hacia los objetivos comunes, la lucha por la hegemonía , el desarrollo de poder dual (poder local alternativo que le dispute el poder a la burguesía) y la relación indisoluble entre dirigentes y movimientos sociales serán factores decisivos que permitan desbalancear la correlación de fuerzas a favor del campo popular y consolidar proyectos alternativos duraderos.

En la actualidad, los crecientes costos en el nivel de vida de la población, la crisis alimentaria producto de los nefastos proyectos de agro combustibles, la crisis mundial capitalista y el creciente descontento popular son condiciones que posibilitan retomar la ofensiva, siempre y cuando la izquierda revolucionaria sea capaz de organizar al campo popular, más allá de la lucha electoral, y de impulsar la rebeldía hacia la lucha por el socialismo.

Referencias:

1. Las paradojas del desarrollo en América Latina. Petras, James.
2. Crisis orgánica y revolución pasiva: el enemigo toma la iniciativa. Kohan, Nestor.
3. La izquierda latinoamericana en el gobierno: ¿sujeta a la hegemonía neoliberal o construyendo una contra hegemonía popular?


Camilo Moreno
http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?boletim=1&lang=ES&cod=37952

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viernes, 20 de marzo de 2009

La Teología de la Liberación se propaga, pese al veto del Vaticano

Leonardo Boff *

Desde sus inicios a fines de los años 60, la Teología de la Liberación adoptó una perspectiva global, enfocada en la condición de los pobres y oprimidos en el mundo entero, víctimas de un sistema que vive de la explotación del trabajo y de la depredación de la naturaleza.

Este sistema explota a las clases trabajadoras y a las naciones más débiles. Y además reprime a los que oprimen y por lo tanto contrarían sus propios sentimientos humanitarios. En una palabra, todos deben ser liberados de un sistema que perdura desde al menos tres siglos y ha sido impuesto en todo el planeta.

La Teología de la Liberación es la primera teología moderna que ha asumido este objetivo global: pensar el destino de la humanidad desde la condición de las víctimas. En consecuencia, su primera opción es comprometerse con los pobres, la vida y la libertad para todos. Surgió en la periferia de las Iglesias centrales, no en los centros metropolitanos del pensamiento consagrado. Por ese origen ha sido siempre considerada con sospecha por los teólogos académicos y principalmente por las burocracias eclesiásticas y la de la Iglesia más importante, la romano-católica.

De su cuna en Latinoamérica la Teología de la Liberación pasó a África, se extendió a Asia y también a sectores del primer mundo identificados con los derechos humanos y la solidaridad hacia los desposeídos. La pobreza entendida como opresión revela muchos rostros: el de los indígenas que desde su sabiduría ancestral concibieron una fecunda teología de liberación indígena, la teología negra de la liberación que resiente las marcas dolorosas dejadas en las naciones que fueron esclavistas, el de las mujeres sometidas desde la era neolítica a la dominación patriarcal, la de los obreros utilizados como combustible de la maquinaria productiva. A cada opresión concreta corresponde una liberación concreta.

La cuestión teológica de base que hasta ahora no acabamos de responder es: ¿cómo anunciar creíblemente un Dios que es un Padre bondadoso en un mundo atestado de miserables? Sólo tiene sentido si implica la transformación de este mundo, de manera que los miserables dejen de gritar. Para que un cambio semejante tenga lugar ellos mismos tienen que tomar conciencia, organizarse y comenzar una práctica política de transformación y liberación social. Como en gran mayoría los pobres en nuestros países eran cristianos, se trataba de hacer de la fe un factor de liberación. Las Iglesias que se sienten herederas de Jesús, que fue un pobre y que no murió de viejo sino en la cruz como consecuencia de su compromiso con Dios y con su justicia, serían las aliadas naturales de este movimiento de cristianos pobres.

Este apoyo se ha verificado en muchas iglesias en las que ha habido obispos y cardenales proféticos como Helder Camara y Paulo Evaristo Arns en Brasil, Arnulfo Romero en El Salvador y muchos otros, así como numerosos sacerdotes, religiosos y religiosas y laicos comprometidos políticamente.

En razón de su causa universal ya a inicios de los años 70 la Teología de la Liberación era un movimiento internacional y convocaba verdaderos foros teológicos mundiales. Se estableció un consejo editorial integrado por más de cien teólogos latinoamericanos para compilar una sistematización teológica desde la perspectiva de la liberación en 53 tomos. Ya se habían publicado 13 tomos cuando el Vaticano intervino para hacer abortar el proyecto. El entonces cardenal Joseph Ratzinger fue riguroso. Cortó de raíz un trabajo promisor y benéfico para todas las iglesias periféricas y especialmente para los pobres. Pasará a la historia como el cardenal -y después Papa- enemigo de la inteligencia de los pobres.

La Teología de la Liberación creó una cultura política. Ayudó a formar organizaciones sociales como el Movimiento de los Sin Tierra, la Pastoral Indígena, el Movimiento Negro y fue fundamental en la creación del Partido de los Trabajadores en Brasil cuyo líder, el Presidente Lula siempre se reconoció en la Teología de la Liberación.

Hoy en día esta teología ha trascendido los límites confesionales de las Iglesias y se ha convertido en una fuerza político-social. Además de Lula se identifican públicamente con la Teología de la Liberación el Presidente Rafael Correa del Ecuador, el Presidente de Paraguay y ex obispo Fernando Lugo, el Presidente Daniel Ortega de Nicaragua, el Presidente Hugo Chávez de Venezuela y el actual Presidente de la Asamblea de las Naciones Unidas, el sacerdote nicaraguense Miguel de Escoto. Su fuerza mayor no reside en las cátedras de los teólogos sino en las innumerables comunidades eclesiásticas de base (sólo en Brasil existen cerca de cien mil), en los millares y millares de círculos en los que se lee la Biblia en el contexto de la opresión social y en las llamadas pastorales sociales.

Roma incurre en la profunda ilusión de creer que con sus documentos doctrinarios emitidos por burocracias frías y distantes de la vida concreta de los fieles conseguirá frenar la Teología de la Liberación. Ella nació oyendo el grito de los pobres y hoy la conmueve el grito de la Tierra. Mientras los pobres continúen lamentándose y la Tierra gimiendo bajo la virulencia productivista y consumista, habrá mil razones para sentir el llamado de una interpretación libertaria y revolucionaria de los evangelios. La Teología de la Liberación es la respuesta a una realidad injusta y salva a la Iglesia central de su alienación y de un cierto cinismo.


Leonardo Boff *
* Teólogo, filósofo e escritor
http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=37826

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lunes, 16 de marzo de 2009

Paradigma burbuja

Pepcastelló

Somos territoriales los humanos, como nuestros semejantes los animales. Cada cual se siente bien en su parcela y la defiende con las uñas y los dientes cuando alguien o algo la amenaza. Lo mismo en lo físico que en lo mental, corazón y pensamiento, compacto núcleo de la burbuja que somos y habitamos.

Cerramos puertas a la palabra ajena, herética, perniciosa, perversa, para que no nos perturbe como perturban los malos pensamientos, luciferino anzuelo, arma de conquista del maligno, pues todo peligro tiene su origen fuera, como bien se vio en Troya. Construimos murallas en la mente que nos protegen de angustiosos cuestionamientos. Defendemos lo que amamos, detraemos lo que odiamos y para todo hay razones y palabras. El corazón, esa fiera interior que nos da vida, es quien nos manda. La pregunta que surge es: ¿y a él quien lo manda?

− Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, porque nos ayudaste a robarles a los indios sus territorios y a matar a cuantos se resistieron, para que así ahora podamos gozar de esta comida del Día de Acción de Gracias.

Ésta es la plegaria con la que una adolescente bendecía la mesa sorprendiendo e indignando a su padre, en un film que vi hace años, del cual no recuerdo la dirección ni el título. ¡Cuán lejos estaba el paradigma de aquella rebelde púber del de sus progenitores, confortablemente instalados en una voluntaria ignorancia de los hechos! ¡Pero cuánto más cercano a la realidad histórica y cuánto más abierto a la restauración de la justicia!

No caben muchas dudas sobre el poco amor que en aquellos momentos sentía hacia sus padres la protagonista de esta anécdota y no faltarán quienes la censuren por ello. Pero si nos tomamos el trabajo de investigar los muchos motivos que podía tener para comportarse de aquel modo, a buen seguro que hallaremos por todas partes la burbuja mental, esa membrana que nos envuelve y encierra y nos impide escuchar a quien tenemos al lado, sean hijos o hermanos.

Pasemos ahora de lo individual a lo social, donde los corazones que laten con más fuerza son los de quienes lideran los diversos colectivos humanos.

Hoy los líderes políticos y religiosos de nuestra opulenta civilización occidental cristiana están empeñados en detener el tiempo, en seguir recitando la tradicional plegaria de acción de gracias que ignora las injusticias cometidas antaño y perpetuadas hogaño. Siguen con su discurso falaz e inmovilista tratando de reforzar el viejo paradigma. Mitos y fantasías, mentiras históricas y presentes tenidas por verdades se ofrecen como asideros para quienes se sientan asediados por pensamientos y afectos provenientes de algún herético o revolucionario paradigma ajeno. De todo echan mano para retroalimentar la mente del personal afecto y fortalecer su fe o su ideología, según se trate. Por el bien común, dicen, aun cuando esa categoría de común excluya a más de medio mundo.

Inútil empeño el de los actuales paladines de las tinieblas. Conseguirán a buen seguro retener con ardides y miedos a muchas gentes timoratas o cómodas, que prefieren no cuestionarse nada que pueda zarandear su paz interna. Pero no podrán detener el empuje de quienes sienten la fuerza de la vida. Su paradigma está a punto de estallar como una burbuja cuya membrana no soporta ya las tensiones que producen tanta mentira, tanta opresión y tanta injusticia.

Como tantas otras veces a lo largo de la historia, hoy nos hallamos en una encrucijada con sólo dos salidas: una es el camino arduo de la evolución constructiva, del pensamiento hacia la utopía; la otra es el camino fácil del inmovilismo, que nos ha traído a donde estamos y nos lleva hacia una deshumanización progresiva. Que nadie se llame a engaño, que no es tarea ajena decidir cual de las dos tomamos, sino propia. La Humanidad no deja a nadie fuera.


Pepcastelló

domingo, 2 de noviembre de 2008

Generar utopía

Pepcastelló

La función propia de las religiones no es gobernar, sino generar utopía.

Esta frase que dijo Leonardo Boff en una conferencia que hace tiempo le escuché en la basílica de Santa María del Pi, en Barcelona, me ha venido ahora a la memoria al leer el evangelio de Lucas 13, 10-17. Y haciendo cábalas sobre una y otro, se me ocurre lo que ahora escribo.

La humanidad avanza hacia su omega por sendas que en tiempos remotos eran desconocidas o bien se creían impracticables. «Las utopías de antaño son realidades hogaño». No sé quien lo dijo, pero es bien cierto. La imaginación, la fantasía, el deseo de ir más allá, inherente a la naturaleza humana, es lo que nos guía. Y nos acercamos a la utopía cada vez que realizamos un sueño que parecía imposible.

Por un don del Creador o de la naturaleza humana -según se mire desde una perspectiva religiosa o antropológica- la utopía nace y crece en el interior de cada ser humano, desde donde se extiende a la sociedad. Es un proceso de crecimiento interno, luego es lento, requiere dedicación y tiempo. El papel que ahí han jugado y juegan las religiones, la filosofía, la educación y los conocimientos adquiridos a lo largo de los tiempos son las herramientas de las cuales nos hemos valido durante siglos y podemos valernos todavía para llevar a cabo esta labor de avanzar personal y socialmente.

Si la frase de Boff me movía a preguntarme de qué modo la religión que conozco genera utopía, el evangelio que he citado me sugiere algunas respuestas.

En esta narración el evangelista nos presenta un Jesús lleno de compasión que antepone el bien de la mujer enferma a la norma religiosa. Nos muestra también la indignación del jefe de la sinagoga ante esta no observancia del sábado. Nos muestra la contundente contestación de Jesús. Y finalmente nos dice como reaccionaban quienes estaban presentes.

No me cabe la menor duda de que una actitud como la de Jesús es un avance hacia la utopía. Lo es todo cuanto nos mueve a la empatía, a la compasión, a actuar gratuitamente para aliviar el sufrimiento ajeno dejando de lado prejuicios, normas y sociales o religiosas. En la medida en que quienes dicen ser seguidores de Jesús sigan ese ejemplo contribuirán a avanzar hacia la utopía.

En cambio, tal como bien nos muestra ese pasaje del evangelio de Lucas, la religión no camina hacia la utopía cuando pone en primer plano las normas eclesiásticas, como hace el jefe de la sinagoga. Cuando considera más importante el cumplimiento de la Ley que la bondad del corazón, la generosidad, la compasión. No lo es cuando centrándose en si misma afirma ser la única y verdadera revelada por Dios a los humanos. Cuando trata de imponer sus dogmas y creencias a toda la sociedad, valiéndose para tal fin de los poderes terrenales y entrando en connivencia con gobiernos corruptos, asesinos, genocidas, responsables de políticas generadoras de desigualdad social, de pobreza, de hambre, de miseria... Cuando arrastra a sus seguidores hacia actitudes fundamentalistas. Cuando impone en su interior un único pensamiento, acallando las voces de quienes cuestionan la doctrina oficial o la conducta de la jerarquía que se refugia bajo la cúpula vaticana. Cuando busca para sus organizaciones dinero de las arcas públicas de los diversos estados en donde tiene un número de seguidores suficiente para presionar a los gobiernos y exige para sí ventajas que no tienen el resto de las entidades de esa sociedad. Cuando trata de imponer sus criterios en sociedades laicas y religiosamente plurales. No, no pienso que pueda ser considerada cristiana cuando tal hace, por más que diga, si lo cristiano es seguir el ejemplo de Jesús.

Tampoco es un avance hacia la utopía la actitud sumisa, o si más no silenciosa, de los fieles. Este evangelio de Lucas nos muestra la actitud contestataria de Jesús. « ¡Hipócritas!», les llama de una forma clara y contundente, sin andarse con rodeos. No le hace una respetuosa reflexión, como las que de vez en cuando hacen algunas organizaciones católicas a sus autoridades eclesiásticas, en las cuales queda bien claro que no desean quebrantar la obediencia que les garantiza seguir dentro del seno de la Iglesia. No, en esa narración Jesús contesta sin temor a molestar al jefe de la sinagoga. Luego esto me invita a pensar que no es mediante el pusilánime respeto que los católicos caminarán hacia la utopía, sino mediante la contundente contestación a las actitudes hipócritas de la jerarquía eclesiástica cuando ésta hace y dice lo políticamente correcto aun cuando este hacer sea contrario a las enseñanzas del evangelio o a los logros humanos de justicia equitativa. Podríamos citar aquí la discriminación de la mujer que hace la Iglesia, la oposición ante leyes civiles que otorgan los mismos derechos a personas de distintas tendencias sexuales, la negativa del Estado Vaticano a firmar la Declaración Universal de Derechos Humanos, el apoyo de autoridades eclesiásticas a agitadores políticos... La lista puede ser larga y a buen seguro que cada cual puede hacer la suya.

Y finalmente, que esta actitud silenciosa, anticontestataria de la población cristiana ante las conductas inaceptables de su jerarquía no son camino hacia la utopía nos lo deja bastante claro el versículo 17 de este pasaje: «cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban abochornados, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía». Está claro que una buena manera de mover hacia actitudes reflexivas a quienes detentan el poder es contestarles las actuaciones no debidas, en tanto que callarse es tanto como hacerse cómplice de sus decisiones. «Quien calla otorga», dice el refrán, y aunque siempre habrá quienes tengan interés en pensar lo contrario, la mayor parte de quienes observamos desde fuera así lo vemos. Y una buena forma de atraer a quienes dispersan las actitudes farisaicas y ambivalentes del clero es contestarlas, oponerse a ellas y actuar de un modo parecido al que Lucas 13, 10-17 nos dice que actuó Jesús.

Razón tenia, en mi opinión, Leonardo Boff al decir lo que hemos señalado. La religión no debe tratar de gobernar ni directa ni indirectamente, porque gobernar es poner leyes y obligar a la población a cumplirlas. La religión debe servir para transformar interiormente a las personas, para generar en su mente esa utopía de la que están llenas las enseñanzas de Jesús, para animarles a contestar toda forma de opresión mental, moral, social, política, religiosa... Y eso no se hace mediante leyes y presiones sino a través del ejemplo.

Espero no haber divagado demasiado.

Luz, paz y gozo a todas y a todos.


Pepcastelló

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viernes, 12 de septiembre de 2008

Cantos a la utopía (reeditado)

Pepcastelló

«De noche iremos, de noche, que para encontrar la fuente sólo la sed nos alumbra».

Éste es el texto de uno de mis preferidos cantos de plegaria de Taizé. Una clara apuesta por la confianza en el ser humano y en su inherente capacidad para orientarse y hollar sendas donde no haya caminos.

Vivimos tiempos de aventura. La humanidad se abre paso día a día a velocidad de vértigo hacia espacios tan insondables como las míticas aguas que se extendían más allá del medieval Finisterre. Cada vez más el ser humano rechaza los aprendizajes tradicionales y apuesta por sus personales descubrimientos. La confianza en la propia intuición aumenta a medida que disminuye el miedo a errar. La prudencia va a la baja, y el riesgo de estrellarnos es constante.

En semejante actitud de nada sirven las viejas recomendaciones. No se puede pedir a nadie que se detenga a buscar el camino seguido por quienes le precedieron, porque este ser nuevo que hoy avanza no se contenta con las cotas logradas y va a por otras nuevas. No valen ya los antiguos discursos basados en términos ambiguos, sean estos ideológicos o religiosos excepto para quienes obtienen con ellos beneficio. Es fácil observar como el opulento mundo occidental acepta sin escrúpulos el discurso neoliberal y como quienes dependen afectiva o materialmente de instituciones religiosas aceptan el oscurantismo eclesiástico. Pero del mismo modo podemos observar como los rechazan la mayoría de la gente, especialmente quienes son conscientes de sus consecuencias.

Pienso que en el descreído mundo actual las religiones tienen poco que hacer. La gente está harta de caminar precedida de estandartes, de símbolos y de cruces que camuflan espadas. Siempre ha habido un dios que ha ordenado lo que en aquel momento quienes guiaban al pueblo han creído que más les convenía, ya fuese huir de sus captores o apoderarse de tierras prometidas abatiendo murallas a toque de trompeta y degollando a poblaciones indefensas.

Con esto no digo que las religiones no sirvan para nada ni que no sean caminos válidos para mucha gente. Las religiones sirven a quienes sirven, pero sirven muy poco o nada a la gran mayoría. Y lo que digo es que mientras se olviden de esa mayoría no servirán al mundo.

Qué duda cabe de que en el origen de toda religión hay una fuente de sabiduría. Pero en su posterior inserción cultural han intervenido numerosos factores distorsionantes. Muchos han sido --y son aún-- los guías que a cambio de prebendas han señalado caminos convenientes para los poderosos y han arrastrado por ellos al pueblo mentalmente aherrojado. Caminos que se han ido ensanchando y consolidado con el paso de las gentes y del tiempo hasta parecer los únicos posibles.

Un inmenso gentío rechaza hoy esos falsos caminos. Pero no andar por ellos no es garantía de avanzar en pos de la utopía. Hay millones de almas que no se han rendido a falsos idealismos ni religiosos ni políticos pero que sin saberlo están cautivas en las redes de los perversos mercaderes que gobiernan el mundo. Esas almas viven en lo más hondo de la caverna humana, desde donde no se ve ni se adivina siquiera la utopía. En su mente repleta de oscuridad no hay lugar para viejos discursos y tan sólo la sabia reflexión y la humana experiencia pueden ser para ellas redentoras.

No es deseable para nadie la oscuridad de la caverna. El ser humano necesita la luz de la utopía, pues como nos recordaba Leonardo Boff hace muy poco, «sin utopías nos empantanamos en los intereses individuales» [1].

Pero la utopía no es un puerto de arribo sino un horizonte; no es un camino sino un rumbo, una dirección en la cual hay que avanzar persistentemente. Y para avanzar es preciso mantener viva la esperanza en lo más hondo de nuestra propia alma. Por esto hay que soñarla, hay que cantarla, hay que cultivarla mediante la plegaria. Pero con una plegaria humana y libre, no sujeta a ninguna idea esclava, porque la utopía es ante todo un anhelo profundo de justicia equitativa y de libertad humana.

Desde esta perspectiva, se me ocurre que en su relación con el descreído mundo actual las religiones harían bien renunciando a sí mismas y asumiendo su condición de “ancianas”. De este modo podrían estar al lado de quienes sin profesar creencias religiosas y aun con alergia a ellas bregan contra viento y marea por hacer un mundo más justo y más humano, alentándoles para que no desfallezcan y ayudándoles con su sabiduría a superar escollos.

La reflexión es una facultad humana. La bondad es una cualidad que todo individuo necesita desarrollar si queremos librarnos de esta vorágine que nos engulle, y esto requiere un trabajo interior en la persona. Si la vía religiosa ha fracaso en la mayor parte de la población, lo sensato es buscar otra, no insistir en lo que no va ni cruzarse de brazos. Pero ¿quien puede hallar esta nueva vía sino personas que tengan cualidad humana suficiente, que hayan superado sus egoísmos personales y que tengan la vista puesta en la utopía? ¿Y dónde hallar preferentemente a esas personas sino en el entorno religioso?

Quien quiera llevar a cabo esta tarea de aproximación al mundo “no creyente” tendrá que hablar un lenguaje asequible a quien quiera dirigirse, no imponiendo su modo de pensar sino aportando sus valores al pensamiento ajeno. Esta ductilidad que señalo no significa que el mundo creyente deba renunciar a su fe sino que consecuentemente con ella busque una forma de expresarla acorde con el momento histórico que vivimos. Cierto que ya hay muchas personas trabajando en esta tarea, pero la mayoría de ellas siguen anteponiendo sus creencias y no renuncian a expresarse en términos religiosos, como si lo más importante fuese su identidad de creyentes.

Pienso que si el cristianismo sigue empecinado en acercarse a la gente mediante “los misterios del más allá” en vez de hacerlo a través de cuanto vamos averiguando sobre “el más acá”, especialmente en materia afectiva y neurobiológica, se apartará cada vez más de esta «civilización occidental cristiana» hasta el punto de excluirse totalmente de ella.

Por esto digo: No quieran de ahora en adelante las religiones llevar agua a las almas sedientas a cambio de poner en sus pies nuevas cadenas, porque fracasarán. Ayúdenles a conseguir su libertad y dejen que ellas mismas tracen senderos para llegar a la fuente.

En fin, es tan sólo mi opinión, heterodoxa y discutible, como de costumbre. De modo que ahí os dejo mi dirección, por si queréis entrar en diálogo. Gracias por vuestra atención.

Pepcastelló

[1] http://www.panamaprofundo.org/boletin/compromiso-fe/sin-utopias-nos-empantanamos.htm

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martes, 9 de septiembre de 2008

Más sobre “Cantos a la utopía”

Pepcastelló

Como ya va siendo costumbre últimamente, un buen amigo me hace algunas observaciones que me muestran la conveniencia de precisar algo de lo dicho. Voy a ello.

Me señala muy acertadamente que «no todo son “almas sedientas” y hay mucha gente que desea ser conducida e ilusionada con símbolos tradicionales que les dan la seguridad de lo conocido».

Estoy completamente de acuerdo. Es por este motivo que escribí:

«Con esto no digo que las religiones no sirvan para nada ni que no sean caminos válidos para mucha gente. Las religiones sirven a quienes sirven, pero sirven muy poco o nada a la gran mayoría. Y lo que digo es que mientras se olviden de esa mayoría no servirán al mundo».

«Desde esta perspectiva, se me ocurre que en su relación con el descreído mundo actual las religiones harían bien renunciando a sí mismas y asumiendo su condición de “ancianas”. De este modo podrían alentar a quienes bregan contra viento y marea para que no desfallezcan y ayudarles con su sabiduría a superar escollos».

Pensé que se entendería que «las almas sedientas» del último párrafo son «quienes bregan contra viento y marea» en el penúltimo, pero olvidé decir que me refiero a quienes sin profesar creencias religiosas y aun con alergia a ellas se esfuerzan por hacer un mundo más justo y más humano. Lo olvidé posiblemente porque me pareció obvio, dada la línea de todos mis escritos y las reiteradas manifestaciones que hago de mi profesión de no creyente.

Y ahora mismo se me ocurre que tal vez haya otra cosa que tampoco está clara en mis escritos, que es la intención que los motiva. Voy a ver si puedo esclarecerlo.

Mi idea es que si el cristianismo sigue empecinado en acercarse a la gente mediante “los misterios del más allá” en vez de hacerlo mediante cuanto vamos averiguando sobre “el más acá”, especialmente en materia afectiva y neurobiológica, se apartará cada vez más de esta «civilización occidental cristiana» hasta el punto de excluirse totalmente de ella.

Pienso que en el fondo de todas las religiones hay un gran caudal de sabiduría y que el mundo actual está muy necesitado de ella. Pero es evidente que rechaza la envoltura religiosa que la vehicula. La actual forma de vida impulsa los conocimientos técnicos en detrimento de la sabiduría, luego es necesario encontrar nuevas formas de transmitirla y hacerla estimable. Me parece evidente que esta forma de vida materialista y deshumanizada es un disparate y una vía rápida para la autodestrucción.

La reflexión es una facultad humana. La bondad es una cualidad que todo individuo necesita desarrollar si queremos librarnos de esta vorágine que nos engulle, y esto requiere un trabajo interior en la persona. Si la vía religiosa ha fracaso en la mayor parte de la población, lo sensato es buscar otra, no insistir en lo que no va ni cruzarse de brazos. Pero ¿quien puede llevar a cabo semejante tarea, sino personas con cualidad humana suficiente? ¿Y dónde hallar preferentemente a esas personas sino en el entorno religioso? Sí, pero en un entorno religioso capaz de hablar con un lenguaje asequible al “no religioso” al cual quiere dirigirse, no con la tradicional jerga que el mundo no creyente rechaza.

Esta ductilidad que reclamo al mundo creyente no significa renunciar a su fe, sino al contrario, le pido que sea consecuente con su fe y que busque una forma de expresarla acorde con el momento histórico que vivimos. Cierto que ya hay muchas personas trabajando en esta tarea, pero me parece insuficiente porque la mayoría de ellas siguen anteponiendo sus creencias y no renuncian a expresarse en términos religiosos, como si lo más importante para ellas fuese dejar clara su identidad de creyentes.

En fin, ahí está esta aclaración y mi invitación a conversar sobre este tema. Gracias por vuestra atención y por vuestro esfuerzo.

Pepcastelló

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domingo, 13 de enero de 2008

Templos a la Utopía

Pepcastelló

¿Acaso espera alguien cosechar sin riegos ni cultivo?

Decía, no hace mucho, Leonardo Boff en una conferencia que la función de las religiones no es gobernar sino «generar utopía». No me sorprendió un pensamiento tan franciscano en él, pero quedó resonando en mi mente, acorde con otro expresado por Jon Sobrino, del cual tuve noticia unos meses antes, que decía «la salvación de la humanidad está en los pobres». ¡Dios! No me extraña que a punto estuviesen desde Roma de anatemizarlo. Porque ¿puede alguien elogiar la pobreza sin menoscabar la dignidad de la jerarquía eclesiástica vaticana?

Es evidente que el mundo se ve distinto según el lugar desde el cual se mira. «Dime como vives y te diré como piensas». A nadie instalado en la opulencia de occidente se le ocurriría nada parecido. Ni que la salvación del mundo esté en los pobres, ni que la función propia de la religión sea generar utopía. Porque ¿cómo atisbar ni que sea de lejos la utopía estando de pragmatismo hasta las cejas? Y ¿como confiar en la pobreza pensando solamente en la riqueza?

A veces, no muchas por desgracia, la vida nos sorprende con pensamientos o hechos fuera de lo corriente. Son instantes que calan en nuestra mente y que nos cuestionan desde lo hondo del alma nuestras más importantes certezas. Poca cosa estas breves interpelaciones al lado del lavado de cerebro permanente a que nos somete el sistema, pero mucho si se tiene en cuenta lo difícil que es en el mundo actual acceder a un zarandeo emocional del orden que sea, pues vivimos la mayor parte del tiempo con el alma dopada, anestesiada la conciencia, impermeables a todo cuanto pueda perturbar nuestro seguro caminar por las vías que los amos del mundo nos tienen señaladas.

En el mundo actual, pensar distinto suele comportar riesgo. Vivimos esclavos de quien manda, y tiramos del arreo al que estamos sujetos como el burro en la noria. Hoy como ayer, aceptamos la voluntad soberana de los amos sin cuestionarla apenas, y aun pensando las más de las veces que eso es lo mejor de todo lo posible. «No hay cadena más fuerte que la forjada en la mente del esclavo». Seguimos nuestra ruta ciegamente, sin rebeldía alguna, aceptando con sumisión cuanto nos carguen y echando a andar a la primera voz del arriero, antes de que nos caiga el palo sobre el anca. ¡Dios! ¿Dónde quedó la dignidad humana?

Pienso que lo más grave que le puede ocurrir a un ser humano es conformarse a pensar «como Vicente, como piensa la gente», sin atreverse a imaginar algo distinto de lo que siempre ha visto. Tomar por bueno el pensamiento establecido sin cuestionarlo por temor a quedar fuera del sistema y no poder gozar en adelante los beneficios que comporta la “integración”, eufemismo que sirve para designar de forma aceptable el aborregamiento. Y justamente es esto lo que ocurre de un tiempo para acá. Hay un consenso general en todo el mundo sobre el orden de valores, y no hay nadie con entidad y fuerza que se atreva o que quiera cuestionarlo. Ni gobiernos, ni iglesias, ni partidos políticos, ni intelectuales siquiera no fuese que perdiesen sus prebendas. ¿Quién va a alimentar pues la Utopía que late en lo más hondo del corazón humano y que nos ha traído hasta el lugar que estamos desde las ya remotas y olvidadas cavernas?

Debiera haber un templo a la Utopía en cada barrio y en cada pueblo, igual que hay iglesias, bibliotecas, escuelas, gimnasios, piscinas, campos de fútbol y polideportivos. Un templo con las puertas abiertas a todo el mundo que se atreva a entrar con el alma desnuda de prejuicios y arrogantes creencias. Un templo donde rendirle culto a la bondad, a la gratuidad, a los nobles sentimientos, a los deseos generosos. Un templo con liturgias humanas motivadoras, activas y plurales, al margen de cualquier religión e ideología. Un templo donde hacer volar el corazón como una cometa a la brisa del alma, de esa dimensión de la persona que nos caracteriza como seres humanos. No sé de qué modo es posible construirlo y tenerlo en activo, pero sé que hay que hacerlo. Hay que hacer esto porque difícilmente se dan cosechas sin cultivo, y raramente crecen flores sin que alguien las riegue.

OTRO MUNDO ES POSIBLE, OTRA VIDA INTERIOR ES NECESARIA.

Pepcastelló

Publicado el 7/7/2007 en KAOSENLARED
http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=38089

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