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sábado, 21 de noviembre de 2009

Una historia épica: las hermanas negras

Leonardo Boff

Por un lado los blancos, dueños del poder, y por el otro los negros, convertidos en esclavos...

La Casa Grande y la Senzala no eran sólo construcciones sociales y físicas, que separaban por un lado a los blancos, dueños del poder, y por el otro, a los negros, convertidos en esclavos. Con la abolición de la esclavitud desaparecieron exteriormente, pero siguen estando presentes en la mentalidad de los blancos y de las elites brasileras. Las jerarquizaciones, las desigualdades sociales y los prejuicios tienen en esta estructura dualista su origen y su realimentación permanente.

La vida religiosa que se inserta en este caldo cultural reproduce en sus relaciones internas el mismo dualismo y las mismas discriminaciones. Durante todo el tiempo de la Colonia, los que poseían «sangre sucia», o sea, los que eran negros, indígenas o mestizos, no podían ser sacerdotes ni religiosos. Además del puro racismo, típico de la época, se argumentaba que ellos jamás conseguirían vivir la castidad. Esta discriminación fue internalizada en estas poblaciones deshumanizadas hasta el punto de que ni siquiera pensaban en ser curas, religiosos o religiosas.

Las consecuencias perduran hasta el día de hoy: escasez crónica de clero autóctono en Brasil. Por el número de católicos, deberíamos tener por lo menos cien mil curas. Tenemos sólo 17 mil y muchos de ellos son extranjeros.

Incluso con la revitalización de la Iglesia brasilera a través del proceso de romanización, inaugurado a finales del siglo XIX con la llegada de congregaciones religiosas europeas, las personas negras o mestizas continuaron siendo sistemáticamente excluidas. Pero hubo una ruptura inaugural: en 1928 la Congregación de las Misioneras de Jesús Crucificado, fundación genuinamente brasilera, de Maria Villa, una laica piadosa, apoyada por el obispo don Campos Barreto de Campinas, fue la primera en abrir la puerta de sus conventos a mujeres negras.

Así y todo, no escapó a la influencia de la Casa Grande y la Senzala mental: hubo una división clara entre las oblatas, hermanas negras o de poca instrucción, y las coristas, blancas y con instrucción. Hasta el hábito era diferente, azul y blanco para las coristas y negro para las oblatas. La misión de éstas, que constituían casi la mitad de la congregación, era servir a las coristas, acompañar sus trabajos y asumir todas las tareas domésticas de un convento, desde cocinar y lavar la ropa hasta mantener la huerta y cuidar de la cría de animales.

Durante cuarenta años fue así, hasta que se abrió la ventana del aggiornamento del Concilio Vaticano II (1962-1965): se abolieron las divisiones de tareas, unas en los trabajos manuales y otras en la vida apostólica. Como comentó don Odilon, obispo de Santos: «se acabó la esclavitud en la Congregación».

Esta historia ha sido recientemente investigada y escrita por las mismas religiosas negras bajo la orientación segura del p. José Oscar Beozzo con el título: Tejiendo memorias, gestando el futuro: historia de las hermanas negras e indígenas de las Misioneras de Jesús Crucificado (Tecendo memorias, gestando o futuro: história das Irmãs Negras e Indígenas das Missionárias de Jesus Crucificado, Paulinas 2009).

¿Cuál es la originalidad de este libro? Mostrar el lento despertar de la conciencia de las hermanas negras, de su identidad étnica, de sus valores específicos y de su espiritualidad singular, hecho a base de historias de la vida narradas por hermanas negras, historias de llorar, tal era el nivel de discriminación y de humillación.

Pero lo que transmite el libro no es amargura o espíritu de revancha. Al contrario, trata de rescatar la memoria de todo lo que se aprendió en esa penosa caminar, y lanzar las bases para un futuro más igualitario y respetador de las diferencias. Ellas muestran que la identidad negra no necesita ser trágica, sino que fue y puede ser épica: hecha de una sabia resistencia y del descubrimiento, lento pero seguro, de su propio camino de liberación. Las religiosas negras emergen como verdaderas heroínas y muchas de ellas con signos inequívocos de santidad. Así se supera una visión miserabilista de los negros y de las negras y se realza su inventiva, su capacidad de alegría interior, que se revela en la risa y en la fiesta, en la música y en la danza.

Este libro viene a llenar una laguna en la historiografía negra de la vida religiosa. Más que compasión suscita admiración, voluntad de conquista más que resignación. Su lectura nos edifica y nos hace humanamente más solidarios.

Leonardo Boff
http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=355

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viernes, 20 de noviembre de 2009

Iglesia: entre el ayer y el mañana

Rafael Fernando Navarro

Una sociedad viva trasciende siempre su propia estructura jurídica, la que se ha ido dando a sí misma de forma voluntariamente mayoritaria. Pero el pueblo va siempre por delante de la ley abriendo caminos, haciendo futuro, acomodando postura al desarrollo evolutivo. Cuando hace de de su código una norma definitiva, se cosifica, se inmoviliza y reposa sobre su propia mortaja. Lo humano sin devenir es una contradicción in terminis. El hombre vive la provisionalidad de su presente enriquecido por la luminosidad de su futuro. Si concibe su precariedad ontológica y temporal como dato absoluto se instala en la muerte. El rico epulón afirma su conciencia de suficiencia existencial en la quietud terminal de su presente. Esa misma noche le asalta la muerte como oscura espalda del futuro. Pretender ahorrarnos la tarea poética del mañana nos remite al metro y medio de tumba definitiva.

Mons. Martínez Camino, portavoz de la Conferencia Episcopal, ha hablado en nombre de la Iglesia anatematizando el proyecto de ley sobre el aborto. Ha sido tajante, como suelen ser los obispos cuando hablan: los políticos católicos que voten, apoyen o difundan esta ley se convierten objetivamente en pecadores públicos y por tanto no pueden ser receptores de la comunión. Quitar la vida entra en contradicción con la fe católica y en consecuencia caen en la herejía y en la excomunión que lleva aparejada.

Rouco Varela y la mayoría de los Obispos apoyan estas declaraciones de Martínez Camino. Y en las tertulias televisivas y radiofónicas se llega de forma unánime a la misma conclusión: La Iglesia dice siempre los que siempre ha dicho. Esta aparente obviedad encierra una concepción estatificada de la Iglesia. Estatificación a la que aspira siempre la Jerarquía cuando apela a su núcleo fundamental. Está basada en el derecho canónico. Lo proclama el propio portavoz episcopal. Lenin y Hitler, comunismo y nazismo instalaron el aborto como arma selectiva y ocasionaron un holocausto del que la humanidad vivirá siempre avergonzada.

¿Puede la Iglesia fundamentar su existencia en una normativa estrictamente jurídica? ¿No está en ese intento envolviéndose endogámicamente sobre sí misma y negando su proyección al mundo y al tiempo que en cada etapa histórica le toca vivir? ¿Ignora deliberadamente el Concilio Vaticano II? ¿Puede sincera y honestamente basar muchas de estas tesis en el evangelio? Lo ha pretendido de forma constante, pero su esfuerzo ha sido inútil. El evangelio no tiene repuesta para cualquier situación humana porque no se puede reducir a un código de conducta. Cuando cada acontecer humano quiere iluminarse con un párrafo de Cristo se convierte a Jesús en un divulgador de refranes y su mensaje en una colección de proverbios y aforismos tópicos.

Decir siempre lo que siempre se ha dicho no es más que un reflejo de involución, de hermetismo, de falta de proyección en el tiempo. Cuando desde una egolatría excesiva
se apela a la revelación divina, al derecho natural como interpretación unívoca y de exclusiva propiedad privada, cuando conscientemente se confunde tradición con inercia, la Iglesia queda convertida en estatua de sal, en incómoda postura de mirar el pasado, sólo el pasado, convirtiendo la libertad viviente del evangelio en contradicción flagrante e institucionalmente aprovechada del ayer como patrimonio esclerotizante.

La Iglesia tiene derecho a hablar siempre que tenga algo que decir a los hombres y mujeres de hoy. Los pétalos disecados pertenecen a libros de nostalgia.


Rafael Fernando Navarro
http://marpalabra.blogspot.com


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miércoles, 11 de noviembre de 2009

Los retos de la teología en el siglo XXI

José Comblin

Nuestro punto de partida será la distinción entre religión y evangelio. El cristianismo no es originalmente una religión y Jesús no fundó ninguna religión. Más tarde los cristianos fundaron la religión cristiana, creación humana y no divina.

La religión es producto de la cultura humana. Hay una gran variedad de religiones, y todas tienen la misma estructura aunque muy diversas en su forma exterior. Todas tienen una mitología, un culto y una clase dedicada a su ejercicio. En eso la religión cristiana no es diferente de las demás. Ella también es creación humana, producto de diversas culturas. La religión es una realidad básica de la existencia humana. Plantea los problemas del sentido de la vida en esta tierra, el problema de los valores, el lugar del ser humano en el universo, y el problema de la salvación de este mundo de todos sus males.

La religión ha sido muy estudiada por la antropología religiosa, por la sociología religiosa, por la sicología religiosa, por la historia de las religiones. Todo eso ilustra también la religión cristiana. Por ser creación humana, la religión cristiana ha cambiado y puede todavía cambiar en el porvenir según los cambios de la historia. Este es incluso uno de los grandes desafíos de la hora presente, porque la religión cristiana está agotada y no ofrece respuesta a la orientación de la cultura actual, salvo restos del pasado.

El evangelio de Jesús no es una religión. Jesús no fundó ninguna religión: no proclamó una doctrina religiosa o una mitología, ningún discurso sobre Dios, no fundó ningún culto y no fundó ninguna clase clerical. Jesús proclamó e inauguró el reino de Dios en la tierra. El Reino de Dios no es ningún reino religioso, es una renovación de toda la humanidad, realización que cambia el sentido de la historia humana, abriendo una nueva época, la última. Es un mensaje para toda la humanidad en todas sus culturas y religiones. Se podría decir que es un mensaje y una historia meta-política.

Puesto que los seres humanos no pueden vivir sin religión, los discípulos de Cristo durante 2000 años construyeron una religión que fue como el revestimiento del mensaje cristiano, con el peligro de transformar el cristianismo en una religión. El revestimiento religioso puede ocultar el mensaje del evangelio o puede conducir a ese mensaje según la evolución de la historia. En muchos casos la religión ocultó el evangelio. Los cristianos enunciaron una doctrina que usó muchos elementos del judaísmo o de las religiones no cristianas ni judías, crearon un culto de la misma inspiración y crearon todo un sistema jurídico que encuadra una institución muy compleja.

Podemos decir que la historia del cristianismo es la historia de una tensión o de un conflicto entre religión y evangelio, entre una tendencia humana hacia la religión, y las voces o las vidas de los que querían vivir según el evangelio.

Las religiones son conservadoras y creen en un mundo permanente en el que todo recibe una explicación religiosa. La religión cambia inconscientemente pero resiste ante cualquier solicitación de cambio voluntario. Muchos cristianos y estructuras cristianas luchan sin saberlo contra el evangelio. Hay algo de verdad en lo que decía Charles Maurras, ateo francés del siglo XX, cuando decía que felicitaba a la religión romana por haber sacado del cristianismo todo el veneno del evangelio. Es un poco exagerado pero sugestivo.

El evangelio es cambio, movimiento, libertad. No puede aceptar el mundo que existe, porque tiene que cambiarlo. El evangelio es conflicto entre ricos y pobres. Es opción entre ricos y pobres. En la religión ricos y pobres son parte de la armonía general. Son así porque tiene que ser así, aunque los ricos tengan que ayudar a los pobres sin cambiar esa estructura creada por Dios o por los sustitutos de Dios. La religión quiere paz, aunque sea con alianza con los poderosos. El evangelio quiere conflicto.

La tarea de la teología es mostrar la distinción, buscar lo que es el evangelio y todo lo que se añadió y puede o debe cambiar para ser fiel a ese evangelio. Es libertar el evangelio de la religión. La religión es buena si ayuda a buscar el evangelio y no a olvidarlo bajo el revestimiento religioso. Es una necesidad humana pero tiene que ser investigada y corregida.

La teología está al servicio del pueblo cristiano o aun no cristiano, para que conozca el verdadero evangelio y pueda llegar a la fe verdadera y no a un sentimiento religioso. Durante siglos la teología estuvo al servicio de la institución para defenderla de las herejías o de los enemigos de la Iglesia. Así fue después de Trento hasta el siglo XX y en muchas regiones hasta Vaticano II. Fue apologética, arma intelectual en el combate contra las Iglesias reformadas y toda la modernidad, al servicio de la jerarquía. De cierto modo era un arma dirigida contra los laicos para que no se dejaran seducir por los enemigos de la Iglesia. Hasta Trento la teología era comentario de la Biblia, libre, abierta a todos, como trabajo intelectual gratuito. La Reforma partió de teólogos y entonces la teología estuvo bajo el control estrecho de la jerarquía.

1. Dios

La mayoría de los católicos entiende por la palabra Dios, una idea de Dios común a toda la humanidad con formas diferentes. Dios sería un Dios cósmico. Está dentro del cosmos como su creador o su ordenador. Es todo-poderoso, eterno, omnisciente, capaz de castigar o de recompensar, sensible a las oraciones y exigente de sacrificios y donaciones. Hay que pedirle perdón y pagar ese perdón por varias prestaciones. Es parte del universo al nivel más alto, sentado en el cielo de donde dirige el mundo entero. Es el autor del orden o de lo que los seres humanos llaman orden del mundo y que en realidad es el desorden del mundo. No quiere que se cambie ese orden.

Creen que conocen a Dios y no lo conocen. Conocen apenas una idea común a toda la humanidad bajo muchas formas diferentes. No conocen a Dios, porque a Dios nadie jamás lo ha visto y nadie sabe lo que es. Se creen que lo conocen, se equivocan y engañan a los demás.

2. La revelación

Dios se dio a conocer en Jesucristo. Anunció esa revelación por los profetas, pero no se había revelado. Se dio a conocer en la vida de Jesús. Jesús no lo dio a conocer por medio de palabras, discursos o de doctrinas. No ha hecho nada de eso. Nunca dijo lo que era el Padre en forma teórica. En eso hace caducar cualquier discurso sobre Dios y cualquier teología que son construcciones humanas. Suponen que ese discurso expresa lo que Jesús quiso decir y no dijo. Es un error. Si no lo dijo, ese mismo silencio ya es una revelación.

La Palabra o la revelación de Dios se hizo carne. No dijo hombre porque hombre es una categoría ambigua. ¿Qué es ser hombre? La doctrina oficial de la Iglesia se inspira en las categorías griegas que usaron los grandes Concilios que hablan de dos naturalezas en Jesús: la divina y la humana. Jesús tendría una naturaleza humana. Pero la palabra naturaleza no dice nada de lo que Juan quiere decir. Jesús era carne, lo que significa una vida humana con toda su debilidad, expuesta a todos los accidentes del mundo material, una vida hecha de esperanzas, ilusiones y desilusiones, proyectos, éxitos y fracasos, hecha de alegría y tristeza, que finalmente termina en la muerte. La carne es todo eso y mucho más.

La Palabra se hizo carne, o sea Dios se hizo carne. Esto significa que Dios abandonó todo su poder y se hizo débil como cualquier ser humano. Ni siquiera aceptó lo que lo que es poder en la sociedad humana. Dios se hizo pobre, laico, sin dinero, sin poder político, sin poder cultural. Se hizo un campesino de Galilea, provincia maldita por los judíos fieles a la ley. Dios es débil, conoce el sufrimiento, la persecución, la muerte infamante de la cruz. El Padre no se separa nunca del Hijo. El uno está en el otro.

¿Dónde está la revelación de Dios? Está en la vida de Jesús, primero en el proyecto global de su vida. Jesús tenía un proyecto bien definido que expuso en todas sus acciones y sus palabras. El proyecto es un cambio radical de toda la humanidad en vista de una humanidad justa y fraterna. En este proyecto constan: la declaración de obsoleta de la religión de Israel para volver a las promesa de Abraham; la polémica contra las autoridades que quieren mantener el sistema judaico hasta el conflicto final que desemboca en la cruz. La cruz es la conclusión final de la lucha contra los defensores de la ley tradicional del judaísmo. Además, Jesús da las señales de la nueva humanidad por el cuidado de los enfermos, el privilegio de los dominados y las víctimas acusados de ser pecadores, la elección de un grupo de discípulos encargados de comunicar el evangelio en el mundo entero; las señales de apertura hacia los paganos y los herejes samaritanos; el reemplazo de la ley por la libertad. Jesús quiere una humanidad libre. Pablo resume muy bien cuando define el cristianismo como llamado a la libertad. Lo que hizo Jesús revela al Padre. No podemos leer las páginas del evangelio fuera de su contexto global que es el proyecto de vida de Jesús.

3. La libertad de Dios

La libertad de Dios se muestra en esto que hace abandono de todo poder. La vida de Jesús es sin poder, no se impone, no condena, no obliga, programa que fue el de dom Helder cuando llegó a Recife: dos palabras prohibidas, mandar y exigir. Jesús muestra el camino andando como lo hace. Viene a abrir el camino hacia una humanidad libre. En ese camino no hay ningún poder. Actúa libremente sin miedo, resiste las tentaciones de poder del Satanás, entra en conflicto con todas las autoridades sin miedo y con la mayor audacia. Dios respeta la libertad de los seres humanos y con eso les abre el camino a la libertad para que sigan ese camino. La cruz muestra el camino de la libertad: mejor morir que matar. Cree en la eficacia de la muerte porque sabe que Dios pasa por el camino de la libertad sin dominación. La fuerza de Dios está en el testimonio y en el amor a los rechazados, pecadores, víctimas, pobres en general. Esas son sus fuerzas. Es un Dios muy diferente de los dioses imaginados por las religiones, incluso por la religión cristiana.

La libertad procede del amor y el amor procede de la libertad. Amar es hacer hombres y mujeres libres o más libres. La libertad consiste en amar. Para amar es necesario ser libre. Los seres humanos son prisioneros de su individualismo, de su preocupación por sí mismos que es lo que impide el amor. Dios es amor porque hace otros libres. En eso consiste su amor. El es libre y quiere que los seres humanos sean libres también.

4. La liberación de los hombres y mujeres

La historia de la humanidad es historia de la libertad. Pues los seres humanos no nacen libres, nacen dentro de una sociedad de dominación y explotación. Hay hombres y mujeres que dominan a otros y les someten a su voluntad, al servicio de su riqueza, de sus privilegios, de su poder. Hay una inmensa masa de hombres y mujeres dominados, explotados, excluidos para que otros puedan dominar y crecer. Por eso, la historia es una lucha constante y siempre repetida de los poderosos para imponer su dominación a los dominados, y los dominados luchan o tratan de luchar para defender su subsistencia, y conquistar algo de libertad.

Todas las religiones ofrecen una imagen de la humanidad como algo fijo, estable, positivo globalmente, inmutable, creación de Dios. Querer cambiar es estar contra Dios. La religión cristiana ha enseñado eso por lo menos desde el 4° siglo y ya antes. La religión no acepta otro conflicto que no sea conflicto de las religiones. Para Jesús el conflicto no es de religiones, es el conflicto de dos clases, los dominadores y los dominados. Por eso Michel Henry, filósofo cristiano contemporáneo puede decir que el primer filósofo cristiano fue Karl Marx. Los filósofos griegos fueron filósofos del ser, del orden del ser, tanto Platón como Aristóteles. En lugar de ser buenos servidores de la teología, la apartaron del evangelio.

La dominación personal, grupal, estructural es el pecado que existe desde los orígenes de la humanidad. No es una obligación, pero todos los seres humanos contribuyen para mantener esas estructuras de dominación. Es un pecado de todos y es el pecado del mundo que tiene tanta fuerza en la humanidad que los seres humanos no pueden libertarse de esa dominación del pecado por sí solos. Son víctimas del pecado y pecan por sumisión al pecado universal. Jesús viene a libertar a los seres humanos de la esclavitud del pecado. El poder es la gran tentación: en lugar de ser servicio se transforma en dominación. Por eso, Dios no manifiesta ningún poder porque ha renunciado a todo poder de dominación o imposición. Jesús está libre del pecado porque no domina, no acepta ninguna forma de dominación.

5. El lugar de los pobres en la liberación

Todas las religiones predican que hay que ayudar a los pobres. La limosna es sumamente estimada en todas las religiones. El evangelio dice otra cosa.

El evangelio se dirige a los pobres porque ellos son los llamados a liberar a la humanidad. No dominan y por eso pueden ser libres. Pueden porque hay algunos que hacen todo lo posible para poder dominar también. Pero son muchos los que no aspiran a dominar y tratan de amar a su prójimo con lo -------------------------------------------------------------------------pueblo que tienen con su palabra, su testimonio, sus acciones colectivas de voluntad de libertad. La liberación de la humanidad no viene desde arriba hacia abajo, sino más bien desde abajo hacia arriba.

Esta es la locura de Dios de la que habla Pablo. Dios ha elegido lo más débil para destruir el poder de los más fuertes. De los pobres nace la nueva humanidad, de todos los que no quieren dominar y tratan de amar. Pueden ser cristianos o no, no importa. Pueden ser ateos, porque el Espíritu Santo viene a todos.

Los pobres encuentran una tremenda resistencia de los poderosos: pasan por la cruz, pero tienen la promesa de la victoria de la resurrección.

El gran desafío es convencer a los pobres de que tienen la fuerza del Espíritu para seguir el camino de Jesús y son capaces de construir un mundo nuevo, aun sin dinero, sin poder político, sin poder cultural. Pues los pobres tienen una conciencia de impotencia, de miedo, de sumisión a los grandes. La tarea de los discípulos de Jesús será la de animar y convencer a los pobres para que tengan la fe. Pues la fe no consiste en aceptar una doctrina universal válida para todos. Semejante doctrina no mueve a nadie. Sería solo una sumisión a un sistema de conceptos. La fe es creer que yo soy capaz de seguir el camino de Jesús y de construir un mundo nuevo por la fuerza del Espíritu a pesar de toda mi debilidad. Esa fe es muy difícil por supuesto, pero la mayoría de los católicos no tiene fe. Aceptan todos los dogmas, pero no tienen fe.

Tareas de la teología

La tarea principal y de cierto modo única es el estudio crítico de toda la tradición cristiana, para volver al evangelio. Se trata de redescubrir lo que realmente fue revelado en la vida y la muerte de Jesús. No se trata de destruir la religión. Sería inútil porque los seres humanos necesitan una religión y si se suprime ella reaparece en otras formas. El problema consiste en saber todo lo de la religión que ya no es comprensible ni aceptable en la nueva cultura moderna que entra en todas las religiones. Habrá que buscar lo que es realmente comprensible y significativo y puede ser un revestimiento aceptable del evangelio. Veamos los elementos de la religión.

1. La doctrina o la mitología

Jesús no formuló ninguna doctrina. Habló por medio de metáforas, narraciones, parábolas, sentencias, consejos, observaciones sobre la experiencia del momento. Ese medio de expresión es popular, es el medio de los pobres. Si Dios se expresó en esa forma, no lo hizo por distracción o por adaptación a un supuesto intelecto inferior de los pobres. Lo usó porque ese modo de expresión es menos riguroso, menos impositivo, menos limitado. Una doctrina siempre está marcada por una época, una cultura limitada en el tiempo y el espacio. El lenguaje metafórico conserva su sentido en medio de muchas culturas. Carece de la precisión que tienen los conceptos. Si Dios lo hizo así es porque lo escogió como el medio de expresión mejor posible. Si ese lenguaje no tiene la precisión de los conceptos abstractos es porque Dios no quería esa precisión. Las expresiones de Jesús permiten varias interpretaciones y Dios lo quiso así. No quiso que sus discípulos fueran prisioneros de una doctrina.

Más tarde la Iglesia definió en forma de conceptos muchas veces sacados de la filosofía griega una doctrina obligatoria. Impuso una interpretación rígida del evangelio. Los dogmas han sido siempre una causa de dudas, problemas, resistencias porque no todos aceptaban esa disciplina del pensamiento que Jesús no había impuesto.

La tarea de la teología será liberar el evangelio de la rigidez del dogma. Habrá que examinar críticamente todos los documentos del magisterio. Desde Trento los teólogos dieron habitualmente la interpretación maximalista de los dogmas. Necesitamos volver a una interpretación minimalista ¿qué es lo que el evangelio realmente impone? Además los dogmas actúan históricamente por lo que no dicen. Los 4 primeros concilios concentran todo en los conceptos de persona y naturaleza. Dejaron de lado la vida humana de Jesús. Por eso la vida humana de Jesús dejó de ser durante siglos motivo de reflexión de los cristianos. Tomás de Kempis pudo escribir un libro sobre la Imitación de Cristo, sin ninguna alusión a la vida humana de Jesús. ¿Qué Cristo es ese? Los dogmas ocultaron la vida humana de Jesús durante siglos. En Trento no se habló de la fe en sentido bíblico, sino de una fe religiosa que no es cristiana. La conclusión fueron siglos de incomunicación entre católicos y protestantes, lo que podía haber sido evitado.

Los dogmas fueron definidos por Papas u obispos. Pero ellos no representan necesariamente todo el pueblo cristiano, como si el Espíritu no estuviera también en el pueblo. Hubo concilios que dividieron profundamente y expulsaron de la Iglesia a sectores inmensos: las Iglesias de Siria, de Egipto y de todo el Oriente, sin hablar de los protestantes. Dentro de las asambleas hubo disensiones que no eran herejías. Por ejemplo en el Vaticano I. Esto fragiliza las definiciones. Todo eso es objeto de la teología.

Por supuesto la misma teología es sospechosa a la luz del evangelio y tiene que examinarse críticamente para ver si ayuda a la comprensión del evangelio o lo oculta, lo que sucedió muchas veces. Pues desde Trento la teología se hizo polémica contra los protestantes y los modernos. Se puso al servicio de la jerarquía. No es esa la tarea de la teología. Ella sirve para ayudar al pueblo cristiano a entender mejor lo que dice el evangelio. Está al servicio del pueblo cristiano y no de su jerarquía.

2. El culto

En la religión la parte más importante es el culto. En el decorrer de los tiempos, los cristianos han creado un inmenso edificio litúrgico, muy riguroso, muy determinado en todos los gestos y todas las palabras. Los ritos se han inspirado en el Antiguo Testamento, en las religiones de los pueblos cristianizados. Se ha llegado a definir que habría 7 sacramentos. Además hay una infinidad de bendiciones y demás actos de culto, más popular o más letrado. Después del Vaticano II hubo algunos cambios muy superficiales porque por lo esencial todo quedó igual. La consecuencia es que muchos católicos han abandonado un culto que ya no significa nada para ellos. De hecho es difícil entender de qué modo esa liturgia se relaciona con la vida individual y social de los tiempos presentes. La unción de los enfermos poco se practica. Poquísimos todavía practican el sacramento de penitencia. Todo tuvo significado cuando fue introducido en el culto oficial. Pero muchos ritos se hicieron incomprensibles. ¿Cuáles serían los gestos y las palabras que serían significativos para la nueva generación? En lugar de buscar lo que exige la situación actual de la humanidad, hay grupos importantes en Roma que querrían volver al pasado de Trento. Entonces sería la expulsión definitiva de la juventud. Querrían volver al latín. ¿Por qué no al griego o al hebraico?

3. La organización

Todas las religiones se dan una institución cuyo elemento básico son los sacerdotes cuya misión consiste principalmente en el culto. La religión cristiana no podía escapar. Apareció un clero que - sobre todo después de Constantino - se separó socialmente del pueblo y formó una casta con su sub-cultura propia. En realidad hasta Trento el clero creó muchos problemas, pero Trento logró poner orden y definir el clero que todavía existe hoy. El sistema es rigurosamente monárquico. Todos los poderes están en el Papa y el Papa delega una parte de ellos a los obispos y éstos a los presbíteros y diáconos. Los problemas provocados por la situación actual del sistema monárquico y de la separación entre clero y pueblo, lo que hace imposible una verdadera comunidad, son bien conocidos y no es necesario repetirlos. Es evidente que el sistema no funciona. El rechazo del clero es uno de los motivos fundamentales del abandono de la Iglesia. En las otras Iglesias dichas históricas el problema es igual.

Durante siglos los teólogos se han dedicado a explicar y justificar todos los elementos del sistema. Los tiempos han cambiado. Todo lo que estaba ligado a la cultura tradicional, perdió su sentido y su legitimidad. La teología pondrá en contacto el evangelio y el mundo actual.


José Comblin

Fuente: Cuadernos Movimiento También Somos Iglesia Chile
http://alainet.org/active/34308

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lunes, 9 de noviembre de 2009

¡Fuera crucifijos!

Dario Fo

El fallo del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo ha causado un gran escándalo al admitir la denuncia de una ciudadana italiana y declarar la presencia de crucifijos en las aulas escolares como un atentado contra la libertad de los padres para educar a sus hijos con arreglo a sus convicciones, y contra la libertad de religión de los propios alumnos. Los católicos apostólicos romanos hacen grandes protestas de escándalo. No a los cristianos. Porque también hay cristianos que no son apostólicos romanos, y no consideran que el símbolo de la cruz sea su valor esencial. Y ni que decir tiene, el fallo del tribunal europeo dista de ser ofensivo para quienes son ateos y no tienen religión, como yo. Tampoco me parece ofensivo para quienes profesan otra religión.

Lo extraordinario de esta sentencia destinada a provocar no sólo escándalo, sino también debate y enfrentamiento, es que irrumpe en la pantalla plana de una realidad italiana que vive ―¿vivirá?― inveteradamente a la sombra del poder de la Iglesia romana. Visto así, la sentencia es una crítica profunda a su símbolo por excelencia, la cruz. Una simbología impuesta, colgada en todos los colegios, hospitales y oficinas como seña de identidad de nuestra cultura. Una omnívora cultura de estado. Y los católicos no renunciarán fácilmente a la idea de que son los gestores de la religión de estado.

Pero el tribunal europeo ha añadido, y no por acaso, que los alumnos de todas las edades pueden interpretar fácilmente la presencia de los crucifijos en las aulas como un evidente símbolo religioso, y que, por lo mismo, podría condicionarles: aunque es un estímulo para los niños ya católicos, puede ser un condicionamiento y un trastorno para los de otras religiones y para los ateos.

Estalla la ira del Vaticano, el gobierno de centroderecha acusa, la oposición democrática balbucea («es una cuestión de cultura, de tradición»). Muy bien; abramos, pues, el libro negro de esa cultura y de esa tradición. El catolicismo de la Iglesia romana esconde, tras un crucifijo interpretado como redención, una cultura y una historia de violencias, atropellos y guerras. En nombre de la cruz se han cometido grandes fechorías, cruzadas, inquisiciones, el saqueo y las matanzas del Nuevo Mundo, la bendición de los imperios y de los hombres de la providencia. Sin olvidar que, hasta el siglo XIX, el catolicismo prohibió traducir la Biblia y los Evangelios a la lengua vulgar.

En nombre de ese «símbolo» se han cometido los crímenes más atroces. Y se siguen cometiendo con las prohibiciones contra el derecho de los hombres a administrar el conocimiento y la libertad individual y sexual. Si es «nuestra cultura», según declaran al alimón la intrépida ministra Gelmini y el «pontífice» Buttiglione, quien, encima, califica de «aberrante» la sentencia de Estrasburgo, ¿por qué no hablamos del lado oscuro de la cruz como simbología de poder? Pero es como si siguiéramos diciendo: el espacio de lo visible, de la iconografía cotidiana de la realidad, es mío, lo manejo yo y pongo en él los emblemas que yo quiero. Ahí está el error.

La Conferencia Episcopal se desgañita: la sentencia es «ideológica». Que nos hable de la violencia en la cultura histórica de la Iglesia romana apostólica, de las hogueras contra la razón herética que por sí sola hizo avanzar a la humanidad. Si lo que se quiere defender es su origen salvador para todos, entonces hay que aceptarlo y adaptarlo al presente, porque al principio no era más que un signo para identificar los lugares clandestinos de oración y culto; no un símbolo impuesto, que podría valer por un ritual de muerte, hostil a los demás, a las otras culturas, historias y religiones.

Ojalá la realidad que nos rodea, y por lo pronto, la realidad formativa de la escuela, vuelva a ser un espacio creativo, libre de religiones, incapaz de imponer a nadie las obligaciones opresivas dimanantes de los valores ajenos.


Dario Fo, escritor y dramaturgo revolucionario italiano, fue Premio Nóbel de literatura en 1998.

Traducción para www.sinpermiso.info : Leonor Març

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2879


Comentarios y FORO...

Polvo enamorado

Rafael Fernando Navarro

¿Conseguirán alguna vez los Obispos caminar hombro con hombro con la humanidad? ¿Optarán alguna vez por la projimidad, la cercanía, la fraternidad? ¿Abandonarán alguna vez la atalaya del poder, la manipulación de la verdad, la prepotencia del saber, el dominio del indomable para ser carne de mundo, entrañas de vida, interioridad vivificante? Porque cuando aspiramos a ser dioses nos convertimos “en pasión inútil” (Sartre). Pero cuando Dios quiere acostumbrarse a lo humano se hace hombre. Su mirada es horizontal y el hombre sólo es salvado desde el hombre. El cristianismo es nada más, pero nada menos, que la importancia del hombre.

La vida es un camino hacia el misterio. La muerte tal vez, sólo tal vez, la posibilidad definitiva de encontrarnos con la verdad última de ese misterio. A lo mejor por eso la sentimos como precipicio insondable, como escalofrío sudoroso de quien ha caminado incansablemente hacia la nada. “El hombre es un ser para la muerte” nos aseguraban los existencialistas. No eran exactos. El hombre es un ser para “su” muerte. Cada uno se muere a sí mismo. Morirse es un verbo reflexivo.

¿Y después de la muerte qué? ¿La futura resurrección de los muertos? ¿El vientre estriado de la nada nunca preñada de futuro? ¿Es el hombre un fruto en sí mismo, inseminado por Dios hacia lo definitivamente absoluto? Que cada cual se responda desde su más interior intimidad. Es cierto que aspiramos a la prolongación de la vida, concebida tal vez de forma excesivamente antropomórfica. Pero es igualmente cierto que el hombre experimenta su muerte como el resumen polvoriento de la existencia capaz de diluirse en una tumba o albergarse en veinte centímetros de urna.

Y aquí aparece Raúl Berzosa, Obispo auxiliar de Oviedo afirmando, con la rotundidad con que hablan los Obispos, que la incineración de los cadáveres va contra la doctrina de la Iglesia. “Los creyentes deben enterrar el cadáver en tierra porque creen en la resurrección de los muertos y porque el cuerpo humano es el templo de Dios” Otra vez los Obispos en la periferia del hombre, nunca en el hombre mismo. Las formas sobre el fondo, el jardín sobre las rosas, la arena sobre las olas. Con el miedo siempre de ser algo hasta el fondo, de adentrarse en el núcleo, de centrar el centro para hacer del cristianismo una experiencia humana y humanizante. Prefieren la ley, la norma, el derecho frente a la libertad infinita como riesgo, apertura y vértigo de existencia.

La resurrección del hombre como reunificación teocéntrica de la vida, nunca como inserción en la universalidad del cosmos al estilo de Chardin. Los profetas de la luz deben permanecer plegados a la quietud jerárquica o desterrados a la inoperancia vital del abismo. Los testigos vivientes sufren una inquisición elegante, pero inquisición al fin. Son relegados a la infidelidad. La creación poética no cabe en la legislación estática mitrada.

Si se nos entierra el pensamiento, déjennos por lo menos morir nuestra muerte inalienable. Queremos sólo ser “polvo, más polvo enamorado”.


Rafael Fernando Navarro
http://marpalabra.blogspot.com

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viernes, 6 de noviembre de 2009

CAÍN de José Saramago*

Carlos A. Valle

“La historia de los hombres es la historia de sus desencuentros con dios, ni él nos entiende a nosotros ni nosotros lo entendemos a él” Es el comentario con que se cierra el relato en el que Caín contempla la destrucción de la Torre de Babel. Es uno de los viajes a través del tiempo bíblico que realiza quien fuera maldecido a ser errante y extranjero en la tierra después de haber asesinado a su hermano Abel. Caín mantendrá, a partir de allí, una conflictiva relación con Dios, llena de recriminaciones y acusaciones.

Saramago expresa en esta sugestiva novela la perenne pregunta del ser humano sobre el sentido de la vida y de la existencia de Dios. En ese persistente interrogante considera que la pregunta acerca de lo divino lo tornó estéril. Así ha dicho: “Dios, el demonio, el bien, el mal, todo eso está en nuestra cabeza, no en el Cielo o en el infierno, que también inventamos. No nos damos cuenta de que, habiendo inventado a Dios, inmediatamente nos esclavizamos a él”

Caín comienza por confesar que “maté a abel porque no podía matarte a ti, pero en mi intención estás muerto.” Caín parece condensar el sinsentido de la vida que no obstante perdura, pero para ser testigo de las más crueles acciones humanas a las que siempre se le adosa la voluntad de Dios.

La novela apela a varios de los relatos del Antiguo Testamento para reafirmar ese pensamiento. Así, Dios no tiene piedad de los niños inocentes en la destrucción de Sodoma y Gomorra. Muestra crueldad cuando le pide a Abraham que sacrifique a su hijo. No se apiada de los miles que caen a espada, de la que no escapan los ancianos, las mujeres y los niños y ni siquiera los animales en la devastación de Jericó. Muestra cierto sadismo con las pruebas a las que somete a Job hasta casi aniquilarlo, como si fuese un torturado que debería confesar a cualquier precio. Finalmente, Dios reconoce que se ha equivocado, la humanidad no ha sido lo que esperaba de ella y quiere empezar de nuevo provocando un diluvio universal.

Estos míticos relatos bíblicos, como todos los relatos míticos, lo que hacen es comunicar historias sagradas que hablan de acontecimientos pasados. Lévi-Strauss entendía que uno de los atributos que los caracterizan es que tiene relación con una pregunta existencial, ya sea sobre la creación, la vida, o la muerte.

Saramago toma estos mitos bíblicos para hacer una lectura descarnada de una humanidad que ha creado un dios a su imagen y semejanza. Esa imagen y semejanza resulta ser cruel, egoísta y destructora. No se puede negar su fuerte contenido de agresión, abuso y muerte con que describen la figura de Dios que provee argumentos para llegar a esa conclusión. De todas maneras, no es el primero ni el único en hacer una lectura tal de esos relatos mitológicos.

Por otra parte, el encuadre sagrado en el que esos relatos están insertos ha modelado su interpretación. De allí que, toda crítica se ha interpretado como un ataque a los sentimientos religiosos de quienes así creen. Las reacciones a esta obra de Saramago, como su recordada “El Evangelio Según Jesucristo”, han sido atacadas con cierta impiedad, desvalorizándolas como superficiales y carentes de rigor exegético, mientras ignoraban la preocupación central de sus contenidos.

Saramago, a pesar de este fuerte alegato, no deja de mostrar un peculiar sentido del humor, sin olvidar su particular forma de puntuación y de escribir todos los nombres propios con minúscula. Así, por ejemplo, es Caín quien detiene el brazo de Abraham y no un ángel, puesto que este ha llegado tarde porque le surgió un “problema mecánico en su ala derecha”. Cuando Caín no puede entender por qué “han de ser bendecidos todos los pueblos del mundo solo porque abraham obedeciera una orden estúpida”. El ángel le contesta: “A eso lo llamamos en el cielo obediencia debida.”

Saramago, que hace profesión de su ateismo, no puede dejar a un lado el tema de Dios. Hay una cierta fascinación en el rechazo, como si en el fondo recriminara a los religiosos haber comunicado una imagen tan atroz de Dios. Dijo alguna vez, “Escribo para comprender, y desearía que el lector hiciera lo mismo, es decir, que leyera para comprender.” Posiblemente hay muchos que hoy en día acompañarían a Saramago en esa búsqueda por comprender en esa inacabada discusión con Dios como la que sostenía a Caín. Porque “lo lógico es que hayan argumentado el uno contra el otro una y muchas veces más, aunque la única cosa que se sabe a ciencia cierta es que siguieron discutiendo y que discutiendo están todavía.”+ (PE)

(*) Caín, José Saramago, Alfaguara, Buenos Aires, 2009

Carlos A. Valle
http://www.ecupres.com.ar/noticias.asp?Articulos_Id=4109

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Para quienes vayan a la iglesia esta mañana

Michael Moore (*)
Estados Unidos

Quisiera decirles algunas palabras a aquellos que se asumen cristianos (los musulmanes, judíos, budistas, etc, también pueden leer lo que voy a escribir estoy seguro, de que también ellos podrán aplicarlo a sus propios valores espirituales).

En mi último film hablo por primera vez sobre mis propias creencias en una película. Siempre creí que las preferencias religiosas son profundamente personales y que deben ser mantenidas en la privacidad. Después de todo hemos escuchado demasiado en las tres últimas décadas sobre como uno debería comportarse y debo decir que estoy bastante quemado de piedades y de lugares comunes considerando que somos una nación violenta que invade otros países y nos castiga por tener la audacia de afrontar tiempos difíciles.

Estoy igualmente en contra de cualquier tipo de proselitismo. No pretendo ciertamente que nadie adhiera a mi fe. Como católico, tengo también mucho que decir sobre la Iglesia como institución, pero lo dejaré para otro día (o para otra película).

A todos los tipos perversos de Wall Street y a los corruptos miembros del Congreso a que me refiero en “Capitalismo. Una historia de amor”, les planteo en la película una sola pregunta: “¿Es un pecado el capitalismo?” y sigo preguntando “¿Habría sido Jesús capitalista?, “¿Habría pertenecido a un Fondo buitre? ¿Podemos aprobar un sistema que permite que el 1% más rico pueda financiar su salud mientras que el 95% de la población no puede?.

Estoy inclinado a creer que no es ningún hallazgo creer que el capitalismo se opone a todo lo que Jesús (y Moisés y Mahoma y Buda) predicó. Todas las grandes religiones tienen clara una cosa: es perverso apropiarse de la mayor parte de la torta y dejar a los demás pelearse por el resto. Jesús dijo que a los ricos les será muy difícil entrar en el cielo. Nos enseñó que debemos cuidar a nuestros hermanos y a nuestras hermanas y que la riqueza debe ser compartida. Dijo también que si no le das abrigo a los sin techo y no alimentas al hambriento, te será muy difícil encontrar el código que te permita abrir las puertas celestiales.

Sospecho que para nosotros los usamericanos hay malas noticias Sabemos que ahora tenemos la más alta tasa de desempleo desde 1983. Se cierra un puesto de trabajo cada 7,6 segundos, todos los días 14 mil personas pierden su seguro de salud. Es así como entendemos el “benditos sean los pobres”

Al mismo tiempo los banqueros de Wall Street (“Bendita sea la Riqueza”) acumulan más y más bienes – y se esmeran en pagar cada vez menos impuestos (en el último año el promedio de impuestos de Goldman Sachs fue de apenas un 1%) ¿Hubiera aprobado esto Jesús? Si no ¿porqué dejamos que siga este maldito sistema? No me parece que usted pueda ser al mismo tiempo Capitalista Y Cristiano – porque usted no puede amar el dinero Y amar a su vecino cuando usted le está negando a su vecino la posibilidad de concurrir al médico solo porque usted puede tener algo más que lo esencial. Eso es “inmoral” y usted está cometiendo un pecado cuando obtiene beneficios a expensas de los demás.

Cuando usted esté en la Iglesia esta mañana piense por favor en todo esto. Quiero pedirle que les permita acercarse a sus “mejores ángeles” Y si usted está entre los millones de usamericanos que están luchando semana a semana, sepa que yo he prometido hacer todo lo posible para detener este mal – y espero que usted se una a mí hasta que no haya un solo ser humano que no pueda sentarse a la mesa.

Gracias por escucharme. Estaré en misa dentro de un rato. Le preguntaré al sacerdote si el cree que Jesús habría especulado con hipotecas y sus derivados. Creo que él debe haber sido bueno en matemáticas, sino ¿cómo hubiera podido multiplicar y repartir los panes y los cinco pescados entre 5 mil personas?

O él fue el primer socialista o sus discípulos no fueron eficientes. O ambas cosas.

Suyo
Michael Moore. + (PE)

*Michael Moore es un cineasta documentalista usamericano que denuncia a través de sus filmes la violencia que genera la tenencia de armas (Bowling for Columbine), las falencias de los seguros de salud (Sicko) y desnuda en esta última película (Capitalismo. Una historia de amor) el drama capitalista, siempre en el marco de su propio país.

Traducción Susana Merino

http://www.ecupres.com.ar/noticias.asp?Articulos_Id=4112

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miércoles, 28 de octubre de 2009

Rouco, el político

Rafael Fernando Navarro

La Jerarquía eclesiástica nunca ha renunciado al dominio de las conciencias. Los valores de la razón, laicicidad, secularización, autonomía del ser humano frente a la suprema decisión vital de su existencia, no entran dentro de la escala respetada por los Obispos. Muy por el contrario, son ellos, y solamente ellos, los que tienen la misión encomendada por Cristo de guiar a sus fieles en sus decisiones morales y de trazar el camino, siempre unívoco, de la bondad moral. Depositarios del monopolio de la verdad, son ellos quienes deciden desde no se sabe qué ciencia infusa lo que cada cual debe hacer en cada momento y en cualquier campo de la actividad humana.

Por otra parte, su adhesión inquebrantable a ciertos regímenes siempre dictatoriales, ha hecho acreedores a estos domadores de la verdad de la convicción de que debe darse una duplicidad de actuaciones paralelas entre lo mundano y lo religioso: se reclama así la existencia de universidades católicas frente a las estatales, colegios religiosos frente a los públicos y un derecho único a formar conciencias que debe proyectarse sobre cualquier formación humana venga de donde venga. El estado natural del hombre no es la búsqueda, sino más bien la aceptación de lo que otros piensen por él. La exploración de la verdad no tiene sentido si ella viene ya impuesta por visionarios ungidos y destinados a impartirla como un regalo.

Esta actitud se deriva de una concepción piramidal de la vida en cuyo vértice se sitúa al Papa, infalibilidad absoluta incluida, se ensancha a través del episcopado y descansa sobre una cuerpo de hombres y mujeres sometidos y destinados a soportar el peso de todo el que está por encima de ellos. El giro exigido por el Vaticano II abandonando la concepción de la Iglesia como sociedad perfecta para convertirla en pueblo de Dios nunca fue asimilado por el episcopado. Lo humano como valor en sí mismo no fue asumido por el cuerpo jerarquizado que temía se le fuera de las manos el poder de sumisión impuesta, del que ha venido gozando durante la historia.

La Jerarquía eclesiástica estaba en las espaldas de esos movimientos políticos que fueron la democracia cristiana, la acción católica y todas las organizaciones en las que se “utilizaba” la careta de autonomía para esconder decisiones con pectorales al fondo.

Aparecen ahora Alfredo Dagnino, Benigno Blanco, José Manuel Vidal, y muchos otros queriendo formar un partido político de inspiración cristiana respaldados y bendecidos por el Cardenal Rouco Varela. La Conferencia Episcopal Española nunca ha aceptado la no confesionalidad de la Constitución española. No ha dado por enterrado el tiempo del franquismo en el que de forma adúltera ejerció un dominio absoluto sobre la legislación, las costumbres y la orientación vital de este país. Añora tiempos de dictadura cristiana (qué contradicción), de cruzada vencedora de comunismos, de hordas judeomasónicas y reclama regímenes que impongan la cruz en las escuelas, la espada en las conciencias y la presencia del sagrado Corazón en los montes de cada pueblo. La dictadura episcopal ejercida entonces quiere prolongarse a sí misma aún en ausencia de los golpistas que la auparon a la cúspide. El proyecto de la nueva normativa del aborto, la educación para la ciudadanía, hasta ciertas fiestas no típicas de nuestro sentido mediterráneo son tachadas ridículamente de anticristianas. Su desprecio por la iniciativa humana, por el papel de la mujer, la falta de respeto a la investigación, su oposición a los avances tecnológicos son siempre rechazados en nombre de una dios domesticado, jibarizado, empobrecido, siempre juzgador, nunca compañero de la aventura existencial.

Rouco y los Obispos quieren tener un brazo político fuerte. No les basta con los brazos extenuados del crucificado.


Rafael Fernando Navarro
http://marpalabra.blogspot.com


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miércoles, 9 de septiembre de 2009

¿Es necesaria una ley sobre libertad religiosa?

Domingo Riorda

Corría el año 1955 cuando en una reunión nacional de jóvenes evangélicos de Argentina se discutía la enseñanza laica. Un líder, que superaba en algunos años a los más viejos de los jóvenes, finalizó su ponencia a favor de la enseñanza laica manifestando que “Argumento estas posiciones, pero debo ser sincero, esto es porque los evangélicos somos minoría ya que si seríamos mayoría, y estaríamos en el poder abogaría, por la enseñanza religiosa en las escuelas”.

Ese líder firmaría convencidamente leyes como las que representantes de partidos políticos acordaron aprobar en el Congreso de Brasil y la que está en discusión en Argentina. Ambas legislaciones mantienen los acuerdos de los gobiernos de ambos países con el Vaticano legislan beneficios especiales para la Iglesia Católica Romana la que, en la práctica, se la considera como religión de Estado.

Los representantes evangélicos coinciden con los católicos romanos en no tocar los intereses de su iglesia a cambio de recibir algunas prebendas, además de los que ya tienen, aprovechando el crecimiento de la feligresía evangélica/evangelista y el descenso de la católica romana. Se sienten parte del poder, por lo que consideran que deben compartir privilegios.

Detrás de esa causal, y de otras como la promoción de evangélicos y evangélicas en la carrera política, se encuentra la pregunta sobre la necesidad de una ley sobre libertad religiosa que da lugar a otro interrogante, la legitimidad de ese reclamo.

Luego de ser perseguido, el cristianismo transformó su estado inicial con la participación en el gobierno del Imperio, allá por los años 300/400. Desde entonces mantuvo su poder a la altura, y en ocasiones sobre, el poder político.

La democratización de la sociedad trajo la postura del laicismo donde las iglesias son consideradas una parte de la sociedad al igual que otras organizaciones. El protestantismo como el catolicismo romano y los ortodoxos, se las arreglaron para que en algunos países quedasen como religión oficial posibilitándolos tener una fuerte participación en el poder político, especialmente en el área de la educación y ciertos criterios morales, sin dejar de lado las presiones ideológicas, generalmente conservadoras.
En Argentina y otros países latinoamericanos, en distintos proyectos evangélicos sobre la situación de esas iglesias, se menciona que son tratadas como si fuesen una Asociación Civil, una Sociedad de Fomento o un Club. La pregunta es “¿Qué tiene de malo esa consideración?”

Las iglesias cumplen una función particular dentro del mosaico que es la vida democrática. Reclamar un lugar especial es continuar con el vínculo imperial nacido luego de tres siglos de ser minoría, o, en otras palabras, ser una religión más dentro del concierto de religiones del Imperio. Lo que diferenciaba al cristianismo era su creencia, una cuestión de doctrina, pero sobre todo su estilo de vida que lo hacía distinto a las demás religiones. Ese hecho fue producto de sus convicciones acerca de las relaciones humanas, a partir de de sus creencias, el Dios hecho hombre y el Cristo Resucitado, que impregnaban una vida diferente a la conocida.

Para nada ese estilo existencial era producto de estar en el poder gubernamental. Como Pablo habla en Filipenses, eran imitadores de Aquel que se hizo humano y que no reclamaba ningún derecho especial.

Evidente que los acuerdos entre dirigentes políticos evangélicos y católicos romanos tienen que ver con lo que interpretan que es la relación fe-poder. Esas tramitaciones son una incorporación de cuestiones del “mundo”, para utilizar un término acuñado negativamente en el espectro evangélico.

Su legitimidad en el orden de la fe debería ser probada y, sobre todo, discutida democráticamente en el ámbito del laicado y no tomada como verdad desde la dirigencia que, quiera o no, también incorpora actitudes jerárquicas que son códigos habituales en la vida de la sociedad, pero que se da de cabeza con la propuesta de Jesús.

Por otro lado habría que hablar sobre lo que es profano o no. Giorgio Agamben, filósofo italiano, en su libro “Profanaciones”, analiza bien de como un objeto común, una copa, se lo coloca en el recinto religioso, se lo pasa por ciertas ceremonias y queda consagrado como sagrado, intocable.

Desde esa configuración una copa robada desde el Altar de una Iglesia será un escándalo, pero no si se la hurta desde la mesa de una familia ciudadana o rural. A partir de ese análisis se puede concluir que ocurre algo similar en este asunto de pedir leyes especiales para las religiones en un Estado. Lo religioso adquiere un estado de sagracidad intocable que no le corresponde desde la horizontalidad de los evangelios.

Ese punto de partida, desde lo sagrado/intocable, deja a los y las líderes religiosas sin la debida ecuanimidad porque, con el mismo criterio de respeto que arguyen, deberían reclamar leyes especiales, iguales a las religiosas, para el ateismo, agnosticismo y otras tendencias similares.

De allí que sean certeras las críticas a las mencionadas leyes, proveniente de personas y organizaciones que están atentas al desarrollo del laicismo. ¿Cuál es la verdadera causa para que las iglesias sean exentas de ciertos impuestos y no una organización atea? ¿Cuál es la diferencia para abogar que si un dirigente religioso es difamado, el difamador sea condenado y no si lo es un agnóstico? ¿Es que la persona religiosa tiene el sello de lo sagrado y las otras no? Hay que recordar que desde la Biblia toda vida es sagrada y no solo las que entraron en el recinto no profano.

Si se excluye el pedido por los beneficios económicos, todas las demás consideraciones que reclaman las Leyes sobre Religiones, están contempladas en otras instancias judiciales de Brasil y Argentina.

Por ejemplo, el caso citado de la difamación o la libertad para expresar una creencia, que están consideradas en distintas instancias judiciales. Suponiendo que alguna cuestión no esté especificada judicialmente, hay que batallar para que se legisle ese punto para todos los ciudadanos y ciudadanas y no para algunos o algunas. Así lo entendieron los evangélicos del primer cuarto del siglo pasado cuando lucharon, junto a otras organizaciones, para abolir el cementerio único para los católicos romanos y pasase a ser de todos, es decir, laico.

Es posible que esta posición sea atacada como profana, es decir, que desaloja a la iglesia del recinto sagrado donde habitualmente se mantiene. Casi seguro que ese término sea suplantado por el de secularismo, que es lo que está de moda para encubrir la discusión franca y abierta sobre el andar del cristianismo en el siglo XXI.

Hay que reconocer que los cristianos y cristianas tenemos un serio problema en este punto, pues el Primero y Gran Profanador fue el Dios de Jesucristo, que no respetó la distancia entre lo sagrado y lo no sagrado y se hizo un ser humano, según registra una de las principales creencias cristianas. La otra es cuando avasalló la frontera de la muerte.+ (PE)


Domingo Riorda
http://www.ecupres.com.ar/noticias.asp?Articulos_Id=3965


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jueves, 3 de septiembre de 2009

Segunda Guerra Mundial. Notas para su desmitologización.

Aníbal Sicardi (*) Bahía Banca.

A los setenta años del inicio de la denominada Segunda Guerra Mundial es posible atentar contra su sacralizad y apuntar algunas notas desmitologizantes.

Una de ellas tiene que ver con su nombre. ¿Qué tuvieron de Mundial las acciones bélicas a partir del 1939 en Europa? Se la da como iniciada por el ataque de Adolf Hitler a Polonia que el Führer denominó contraataque y que no pocos historiadores lo adjudican a una consecuencia del Tratado de Versalles, plasmado luego de la Guerra iniciada en el 14 y finalizada en el 19.

Ese conflicto, el del 14, netamente europeo, era llamado la Gran Guerra o La Guerra de las Guerras hasta que la del 39 fue denominada “Guerra Mundial”, tal vez por influencia de Charles de Gaulle quien, luego de la batalla en Francia, dijo “Esta es una guerra mundial”. De allí surgen los apodos de Primera para la del 14 y de Segunda para la del 39, a las que se le adosan el calificativo de Mundial. Es evidente que, habiendo soportado tantas guerras, en el viejo continente ya no sabían como llamar a ésta que se les escapaba de las manos.

La guerra del 39 fue un conflicto europeo al que, luego de ciertas determinadas derivaciones, se incorporó Japón, la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) y Estados Unidos y parcialmente China. Todos ubicados en el hemisferio norte según la cartografía habitual construida por esos mismos países, pero bien podría diseñarse otro mapamundi donde los del Sur sean el Norte y viceversa.

La lista de países latinoamericanos y caribeños que declararon la guerra a Alemania está encabezada por Cuba, que en aquel momento estaba en las manos de Estados Unidos, y posteriormente por otros países que, por consideraciones de poder internacional, se avienen a unirse en la denuncia, que resultaría en una pintada de cara a un conflicto que no produjeron ni del que obtuvieron dividendos.

Denominar como “mundial” a las guerra del 19 y la del 39, se torna una calificación que solo se puede entender a partir de que Europa se consideraba el ombligo del mundo, o mejor dicho, se consideraba a sí misma como El Mundo y a los demás simples apéndices de su historia. Esa acepción, aceptada por los países no participantes, es fruto de la sumisión que Europa impuso, sobre los otros continentes, al ser actores principales de la colonización de centenares de áreas geográficas que no le pertenecían, excepto por el poder de la fuerza bruta.

Estados Unidos lo acepta y promueve porque concuerda con su idea fundante, la de ser los gestores de una civilización mundial que tendrá como eje principal una concepción de vida que se impone por medio del poderío bélico, por su apoyo a la introducción de capitales y por la apropiación de las riquezas de numerosos países africanos, latinoamericanos, caribeños y asiáticos.

Al mito de seguir creyendo en un conflicto bélico mundial, producido en un solo continente, se le asocian las dificultades para delinear la figura de Adolfo Hitler. A riesgo de ser considerado defensor del nazismo -absurdo de absurdos para el autor de esta nota, no solo por su definida posición ideológica sino además por el componente de su ADN- debe reconocerse que el conocimiento acerca de la figura de Hitler es mayormente el producto de quienes ganaron la guerra europea del 39.

Se lo describe como el Diablo en persona -y hay abundantes hechos para que esa figura pueda ser construida- en las que aparece con todas las malignidades que se le puede adjudicar a un dictador, unidas al esquema clásico de interpretar que las batallas que ganó se las debió a sus generales, y que las que perdió son responsabilidad de él, más el agregado de que no se hable de ninguna de sus virtudes porque el populacho, el pueblo, de pocas luces, puede ser engañado y dar lugar a movimientos similares a los del Führer.

La figura de Hitler, como el Diablo en persona, termina por ser un mito que esconde la posibilidad de que sea el producto de una cultura/civilización alemana, con el apoyo del contexto de la cultura/civilización europea.

El riesgo de equívocas interpretaciones está asumido, pero no obstante vale la pena seguir en esa misma línea recordando que desde España sale la ominosa conquista, sangrienta sobre Latinoamérica y El Caribe; desde Bélgica, la demoledora acción en el Congo; la terrible incursión de los holandeses en Sud Africa; la matanza de Francia en Argelia; la depredación de Inglaterra en Africa y Asia, para nombrar algunas de las acciones más conocidas. Al mismo tiempo no puede dejarse de lado cuestiones del presente como el infame trato a los extranjeros en toda Europa, el surgimiento de personajes como Silvio Berlusconi en Italia, la represión francesa a ciudadanos franceses de origen argelinos. Todos esos países y otros tuvieron como compañero al pequeño, pero poderoso estado construido en Italia conocido como el Vaticano.

El deslumbre de Paris, los canales y orquídeas de Holanda, la pulcritud de Suiza, la importancia de la Revolución Francesa y la revolución Rusa del 19; pensadores como Inmanuel Kant, Jean Paul Sartre, Albert Camus; músicos como Johann Sebastián Bach, Rchard Wagner; literatos como Fedor Dostowesky, León Tolstoy, son luces que alumbran nuestras neuronas inmunizándolas para el descubrimiento de los mitos que nos apresan e impiden ver lo que realmente fue y es el continente europeo.

En ese andar es que aparece la construcción de figuras como la de Hitler, un demonio que es creado por su presunta ignominiosa vida, algo así como surgido dentro de un putrefacto repollo o transportado por una cigüeña ciega que no pudo distinguir bien en el reparto de los niños alemanes.

Para la construcción de esa figura se mencionan las presuntas relaciones de Hitler con ciertas porciones del oscurantismo y de los dioses escandinavos. Algo de eso hay. No es casualidad que de los cinco principales morteros, los de Mörser Karl, surgidos durante la Alemania nazi, dos lleven el nombre de Thor y Odin, los despóticos dioses afincados en la mitología alemana. Ellos ensamblan las características de muerte y destrucción, similar o igual a la que desarrolló Hitler. Es que los dioses, que en un tiempo fueron catalogados como paganos y reprimidos por el cristianismo, tienen su supervivencia asegurada y se cuelan en la red de la historia humana de diversas formas.

Es lo que demuestra Jean Paul Dollé, en su libro “Vías de Acceso al Placer”, (Ediciones Megápolis de la Editorial La Aurora). Dollé, quien desarrolla hábilmente el concepto de encubrimiento, detalla ciertas características de Alemania como la de su preferencia a la noche en la literatura, el arte y la música, que le permite ocultar la realidad de la vida. Fantasmas que regresan en los pasillos de los castillos humanos que pueden estar diseñados diferentes a los antiguos, pero que ofrecen el espacio para el paseo fantasmal nocturno que afectan la vida humana y que, de manera inesperada, surgen en cualquier momento.

En ese sentido es que Dollé recuerda que el cristianismo fue el que intentó desalojar esas creencias, reprimiéndolas e instalando otras. De allí que no es tampoco casual que otros dos morteros del nazismo alemán, el primero y segundo, lleven el nombre de Adam y Eva. Los emblemáticos personajes bíblicos del inicio de la vida humana.

En el símbolo de esa nomenclatura se describe la realidad. Se ilustra el inicio de una nueva civilización, la del nazismo. El orden también es simbólico. Adam y Eva, los primeros, los aparentes gestores de la nueva civilización, prioritarios en el destino de la Alemania nazi, que llevan el contenido, la praxis, de los otros dos, Thor y Odín.

Se puede afirmar sin tapujos, porque de ello existen menciones importantes en la historia, que es el esquema favorito para recubrir las nefastas decisiones de sistemas políticos/sociales, despiadados en esencia, a los que se los institucionaliza con el agua bendita del cristianismo. Este proceder ha servido para ocultar numerosas manifestaciones destructoras de la historia humana, donde Alemania no fue una excepción.

Dorothe Sölle, alemana, teóloga protestante, en un extraordinario librito, “Imaginación y Obediencia”, 84 páginas en la edición de Sígueme, Salamanca, 1971, cita escritos de Rudolf Höss, quien dirigió desde mayo de 1940 a noviembre de 1943 el campo de concentración de Auschwitz, donde valoriza en suma la “atención a la voz que manda”, la “sumisión a la autoridad”, “el sometimiento del propio querer al querer ajeno” como elementos cristianos de primer orden. En vista de ello, Sölle afirma que “Se podría hacer corresponsable a la educación cristiana por la obediencia de la tranquilidad de conciencia de estos asesinos sentados en su mesa de trabajo”

La brillante teóloga alemana trae a colación el pensamiento de otros jerarcas nazis, entre ellos a Adolf Eichmann, que hacen referencias constantes a la obediencia de manera que, dice Sölle, es suficiente para que al teólogo “esta palabra se le atragante” y opina que “Después del uso que de ella se ha hecho, ya no es posible continuar viendo en ella un concepto teológico inocente”

Sostiene que “la obvia tentativa de distinguir entre obediencia a Dios y obediencia a los hombres, no parece que nos haga avanzar en la más mínimo” Añade:“Me parece, por el contrario, que en calidad de cristianos, debemos criticar hoy la obediencia en cuanto tal, y que la critica tiene que ser radical, dado que no podemos vanagloriarnos de saber quien es Dios y lo que quiere en cada momento, hasta el punto que pudiéramos describir nuestra relación con él sirviéndonos de una palabra tan formal y de tal manera marcado por el funcionarismo”

Estas referencias a Dorothe Sólle son para examinarlas una y otra vez. En ellas sobresale con absoluta claridad que el cristianismo tuvo bastante que ver en la conformación de una cultura/civilización que dio lugar a que surja un Hitler., sus funcionarios y una población obediente a ese personaje.

Apropiándonos del pensamiento de Jean Paul Dollé, podemos decir que la alemana es una cultura que se refugia en la noche, al lado de fantasmas que produjeron lo que se produjo, negándose a soñar los sueños de su propia historia En ese tejido de la influencia del cristianismo en la historia cabe destacar la aparición de Martín Lutero. Reformador de reformadores, rescata lo que venía del pasado y lo traslada a su presente. Como lo afirman algunos pensadores, el movimiento de Lutero, con su insistencia en la decisión personal ante la disyuntiva de la fe, resultó en un adelantado de la Revolución Francesa. Sin embargo, poco o nada de esto hablan los teólogos y teólogas que se solazan en remanidas auscultaciones de los escritos de Lutero referidos a la fe y a la doctrina cristiana.

A pesar de la importancia de su Reforma, Lutero no estaba capacitado para eludir las consecuencias del apoyo obtenido de los príncipes alemanes de su tiempo. Así fue que en el conflicto con los campesinos, liderados por Thomas Münzter, Lutero se pone del lado del poder y condena los reclamos del campesinado y de los anabaptistas contra los impuestos abusivos de los terratenientes. Lutero colabora para frenar la revuelta y la detención y decapitación de Münzter.

Mas allá de revisar la historia y ver el papel de Martín Lutero, lo interesante –y diabólico- es que luego, en la enseñanza de los institutos de teología, se refieran a ese eliminar algunas imágenes religiosas que aún estaban en los templos y la reja, que dividía el lugar que ocupaba sacerdote/pastor y que lo distanciaba de la congregación de laicos y laicas. Salvo excepciones, el alumno y alumna de teología que quiere saber lo que aconteció con los campesinos debe recurrir a otras instancias de enseñanzas no teológicas.

La noche para cubrir la realidad del día. La noche con la prohibición de soñar. La desaparición de Münster y otros se asocia con el tratamiento prodigado a un gran alemán, Carlos Marx. Irremplazable para entender la sociedad y la política, surge en ese país de las noches, pero con la particularidad de que sueña el sueño de revolucionar el sistema y construir una sociedad más justa. Alumbra allí, en Alemania, pero no recibe el honor de estar en los panteones de los grandes alemanes sino en el de los heréticos.

Los que sueñan están fuera de la cultura/civilización alemana. A los Hitler se le da un lugar, se lo obedece y se lo ensalza porque son un producto de esa cultura nochera donde se conjugan los Adam y Eva con los Thor y Odin para demandar la obediencia debida.

Las dificultades para la desmitologización de la Segunda Guerra Europea, o la Segunda Gran Guerra de Europa, es que sus ejes principales se afincan en el quehacer presente.

Estados Unidos se transforma en uno de sus baluartes, mal que le pese a Obama. Es el continuador del pseudo ideal de crear una cultura/civilización uniforme donde los presuntos valores estadounidenses se implanten por doquier. Divide, junto a Europa, a los malos, los otros, y los buenos, ellos.

Numerosas denominaciones cristianas bendicen esos andares. Desde el espectro evangélico/evangelistas/evangelical tienen la praxis del catolicismo romano del Vaticano, cuyo Jefe evidenció que está atrapado en la noche de la cultura/civilización alemana donde camina con los fantasmas que inventa y que los justifica para no soñar con un mundo mejor sino que busca repetir el pasado, para construir la defensa de lo indefendible.

Paul Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Hitler. y su amigo íntimo, que tenía un gran poder de persuasión y a quien se le adjudica la metodología de mentir y mentir hasta que se crea, resurge en los monopolios internacionales de los medios de comunicación. Mienten hasta que se lo crea, arrojando loas a los regímenes pseudos democráticos del norte y pronunciando diatribas a los que quieren sacudirse las cadenas de la esclavitud imperial.

Todavía sobrevive en un buen porcentaje de intelectuales la idea de que Europa es El Mundo, al cual debemos seguir, desconociendo aquella frase de Dorothe Sölle, en un Foro del Consejo Mundial de Iglesias, en Ginebra, quien, casi con lágrimas, reclamó “Por favor no nos imiten”

Los dioses mitológicos han vuelto a instalarse. Usan como instrumentos a los poderosos que deciden por su cuenta sin la participación popular. Replica de sus historias donde todo se decide en el recinto de los dioses. Equivoco donde están metidas las instituciones eclesiásticas cristianas, las formales y no formales, que esquivan el vivir con la gente, con las personas y se arrogan el derecho de decidir por ellas. Muy alejados, por cierto, a esa verdad bíblica, del Dios cercano a los seres humanos, del Dios hecho hombre, del Dios que apela a la libertad para decidir y para vivir.

De todas formas vale el intento de procurar desmitologizar las Grandes Guerras Europeas. Es lícito, desde la fe cristiana, no dejar entronizar nada, ni la mal llamada Segunda Guerra Mundial, como si fuera un dios al que no se lo puede cuestionar. Dejar que quede en el recinto de lo sagrado, de lo intocable, es atentar contra la realidad del Cristo Resucitado, un constante participante en la historia de la liberación de la humanidad. +

(*) El presente artículo fue escrito a pedido de la redacción de Mercosur Noticias y fue publicado, el lunes 31 de agosto, en ese importante portal junto a otros que enfocaron, desde distintos ángulos , la Guerra Europea del 39 a 70 años de su inicio.


Aníbal Sicardi (*)
http://www.ecupres.com.ar/noticias.asp?Articulos_Id=3954


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Taizé en perspectiva agnóstica

PepCastelló

Somos muchas las personas de mi generación que fuimos educadas católicamente y, andando el tiempo, tras cuestionar las creencias que nos habían sido transmitidas, decidimos abandonar la religión. Eran tiempos aquellos en los que nuevas perspectivas se abrían al pensamiento y entraban en conflicto con la moral católica tradicional y muy especialmente con la actitud retrógrada y oscurantista de la Iglesia que teníamos en nuestro entorno. El paulatino descubrimiento de la triste realidad política española, cuya reciente historia se nos había transmitido bajo una atmósfera de institucional engaño; del soporte que la Santa Madre Iglesia dio a los militares golpistas que implantaron una férrea dictadura en España y el que siguió dando a las sanguinarias dictaduras de América Latina; del posicionamiento político de la alta clerecía, amiga de los poderosos y los ricos, sexista, discriminadora, negadora de derechos humanos reconocidos por la sociedad civil, y un sinnúmero de iniquidades más, pasadas y presentes, que las buenas personas católicas prefieren ignorar o excusar, generó un firme y profundo rechazo a cuanto de la Iglesia Católica nos llegaba, empezando por su doctrina.

El alejamiento religioso nos impidió vivir la renovación eclesial del Vaticano II y el nacimiento de la Teología de la Liberación, verdaderos esfuerzos por retornar a las fuentes del cristianismo desde perspectivas de humana actualidad. Por ello, pese a la educación que recibimos en nuestra infancia, seguimos viviendo lejos de todo discurso religioso, en una posición agnóstica cuyo conflicto no era ni es Dios sino los hombres que dicen hablar en su nombre. Hoy somos muchas las personas que rechazamos a la Iglesia y su discurso conservador y soberbio y nos planteamos la religión desde una perspectiva antropológica y humana.

Al margen de que se profesen o no creencias religiosas, es preciso aceptar que la mente humana es creadora de mitos y misterios, a partir de los cuales las sociedades han ido elaborando sus religiones desde los más remotos tiempos. El hecho de que estas religiones hayan servido de guía a los pueblos que las profesaban durante largos períodos de su historia nos lleva a pensar que en su origen hay un importante caudal de sabiduría que merece ser estudiado. Y por el mismo motivo merece serlo el funcionamiento de la estructura mental que con el fenómeno religioso se relaciona.

A quien observe hoy el mundo occidental superficialmente le podrá parecer que la gente vive libre de discursos religiosos e ideológicos, pero se equivoca. La publicidad hace continuas referencias a mitos paradisíacos que en otro tiempo daban lugar a afirmaciones religiosas. La forma como los medios de comunicación transmiten los acontecimientos son un continuo de eslóganes doctrinales dictados por los poderes fácticos y quienes abogan por la forma de vida que nos han impuesto. Los discursos no son hoy tan explícitos como lo fueron en determinados momentos del siglo pasado, pero son mucho más intensos y persuasivos. La mayor parte de la población no es consciente de los continuos mensajes subliminales que recibe, por lo que estos calan hondo en su mente configurándola en una ideología nihilista y deshumanizadora. Como consecuencia de ello, se vive hoy sin otras referencias que las dictadas por las necesidades inmediatas, objetivas y subjetivas a un tiempo, aceptando como máximos valores el confort y el éxito personal. Los sistemas educativos de los países más desarrollados técnica y económicamente han sucumbido a la vorágine materialista desatada por tan irreflexiva forma de vivir. El individualismo ha destronado al espíritu colectivo que durante siglos guió a la humanidad hacia horizontes de utopía. Y como colofón podemos decir que el mundo entero se debate hoy por subsistir en un planeta que la ambición y la desmesura destruyen a velocidad vertiginosa.

Nuestra civilización occidental cristiana necesita descubrir urgentemente un modo de vivir completamente distinto del que promueve la ideología capitalista. No podemos seguir basando nuestra subsistencia en la agresividad, sino que es urgente poner en práctica formas de vivir basadas en la cooperación. Y es en este contexto y bajo esta perspectiva humana, tanto o más que en la religiosa, que Taizé se nos muestra como un puerto hacia la esperanza.

La forma de vida austera a la vez que gozosa que se da en Taizé desmiente el discurso consumista y permite descubrir el valor de la colaboración y del trabajo desinteresado, algo impensable según la ideología que el voraz capitalismo ha extendido a lo largo y ancho de nuestro planeta. La organización temporal que allí rige atiende las necesidades materiales a la par que las espirituales, dimensión humana ésta de la mente que no suele formar parte de la filosofía del occidente actual, abocada a una dinámica de actividad permanente, ya sea productiva ya para procurarse diversión. La invitación a un recogimiento interno en forma de plegaria colectiva, abierta y plural, que puede ser aceptada por creyentes de diversas confesiones cristianas y no cristianas y aun por personas agnósticas, supera todas las intolerancias habituales en los entornos religiosos confesionales y abre la puerta a la libre introspección. Todo allí está pensado para favorecer el crecimiento humano de quienes participan. Si la forma de vida condiciona la forma de pensar, allí se da una forma de vida humanizadora. Si la reflexión es el camino necesario para el crecimiento humano, allí se da reflexión desde diversas perspectivas religiosas y humanas. Si el silencio interior es la condición necesaria para alcanzar el propio conocimiento, allí se da ese silencio. La ausencia de afanes materiales, la reflexión, el silencio interno, la paz en el entorno que favorece hallar la de la propia alma son los aspectos que remarco de cuanto allí percibo.

No toda la población visitante comparte esta perspectiva, pues en su mayoría son personas provenientes de entornos religiosos confesionales, mayoritariamente católicos, para quienes la religión consiste en una relación personal con el Dios del cielo, lo cual si no está al margen de la forma de vida que se siga puede no guardar una estrecha relación con ella siempre que se observen las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia, que no son precisamente un modelo estimable en cuanto a justicia equitativa ni a relación entre las personas y los pueblos. Pero aun cuando esta abundancia de población creyente abocada a la práctica religiosa convencional tiende a ofrecer una imagen exterior que puede no diferenciarse demasiado de la que se obtiene en determinados eventos religiosos de la Iglesia Católica Romana, quien se acerque con una visión humanista y más cercana al agnosticismo que a la creencia religiosa podrá observar cuanto decimos.

Por supuesto que una semana de estancia en Taizé difícilmente puede cambiar la forma de pensar y de sentir a nadie, pero puede servir de referencia para posteriores reflexiones, para cuestionar falsas certezas, para reabrir esperanzas... A buen seguro que quien más quien menos saldrá de allí con alguna novedad interna, tal vez atisbando alguna posibilidad hasta entonces no considerada, o tal vez afirmándose en alguna anteriormente descubierta. Y quien a tanto no llegue, habrá vivido al menos la ocasión de dar un primer paso en alguna de esas direcciones. En cualquier caso, desde una perspectiva agnóstica y humana es una experiencia recomendable.


PepCastelló
http://lahoradelgrillo.blogspot.com/

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