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viernes, 20 de noviembre de 2009

Iglesia: entre el ayer y el mañana

Rafael Fernando Navarro

Una sociedad viva trasciende siempre su propia estructura jurídica, la que se ha ido dando a sí misma de forma voluntariamente mayoritaria. Pero el pueblo va siempre por delante de la ley abriendo caminos, haciendo futuro, acomodando postura al desarrollo evolutivo. Cuando hace de de su código una norma definitiva, se cosifica, se inmoviliza y reposa sobre su propia mortaja. Lo humano sin devenir es una contradicción in terminis. El hombre vive la provisionalidad de su presente enriquecido por la luminosidad de su futuro. Si concibe su precariedad ontológica y temporal como dato absoluto se instala en la muerte. El rico epulón afirma su conciencia de suficiencia existencial en la quietud terminal de su presente. Esa misma noche le asalta la muerte como oscura espalda del futuro. Pretender ahorrarnos la tarea poética del mañana nos remite al metro y medio de tumba definitiva.

Mons. Martínez Camino, portavoz de la Conferencia Episcopal, ha hablado en nombre de la Iglesia anatematizando el proyecto de ley sobre el aborto. Ha sido tajante, como suelen ser los obispos cuando hablan: los políticos católicos que voten, apoyen o difundan esta ley se convierten objetivamente en pecadores públicos y por tanto no pueden ser receptores de la comunión. Quitar la vida entra en contradicción con la fe católica y en consecuencia caen en la herejía y en la excomunión que lleva aparejada.

Rouco Varela y la mayoría de los Obispos apoyan estas declaraciones de Martínez Camino. Y en las tertulias televisivas y radiofónicas se llega de forma unánime a la misma conclusión: La Iglesia dice siempre los que siempre ha dicho. Esta aparente obviedad encierra una concepción estatificada de la Iglesia. Estatificación a la que aspira siempre la Jerarquía cuando apela a su núcleo fundamental. Está basada en el derecho canónico. Lo proclama el propio portavoz episcopal. Lenin y Hitler, comunismo y nazismo instalaron el aborto como arma selectiva y ocasionaron un holocausto del que la humanidad vivirá siempre avergonzada.

¿Puede la Iglesia fundamentar su existencia en una normativa estrictamente jurídica? ¿No está en ese intento envolviéndose endogámicamente sobre sí misma y negando su proyección al mundo y al tiempo que en cada etapa histórica le toca vivir? ¿Ignora deliberadamente el Concilio Vaticano II? ¿Puede sincera y honestamente basar muchas de estas tesis en el evangelio? Lo ha pretendido de forma constante, pero su esfuerzo ha sido inútil. El evangelio no tiene repuesta para cualquier situación humana porque no se puede reducir a un código de conducta. Cuando cada acontecer humano quiere iluminarse con un párrafo de Cristo se convierte a Jesús en un divulgador de refranes y su mensaje en una colección de proverbios y aforismos tópicos.

Decir siempre lo que siempre se ha dicho no es más que un reflejo de involución, de hermetismo, de falta de proyección en el tiempo. Cuando desde una egolatría excesiva
se apela a la revelación divina, al derecho natural como interpretación unívoca y de exclusiva propiedad privada, cuando conscientemente se confunde tradición con inercia, la Iglesia queda convertida en estatua de sal, en incómoda postura de mirar el pasado, sólo el pasado, convirtiendo la libertad viviente del evangelio en contradicción flagrante e institucionalmente aprovechada del ayer como patrimonio esclerotizante.

La Iglesia tiene derecho a hablar siempre que tenga algo que decir a los hombres y mujeres de hoy. Los pétalos disecados pertenecen a libros de nostalgia.


Rafael Fernando Navarro
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lunes, 9 de noviembre de 2009

Polvo enamorado

Rafael Fernando Navarro

¿Conseguirán alguna vez los Obispos caminar hombro con hombro con la humanidad? ¿Optarán alguna vez por la projimidad, la cercanía, la fraternidad? ¿Abandonarán alguna vez la atalaya del poder, la manipulación de la verdad, la prepotencia del saber, el dominio del indomable para ser carne de mundo, entrañas de vida, interioridad vivificante? Porque cuando aspiramos a ser dioses nos convertimos “en pasión inútil” (Sartre). Pero cuando Dios quiere acostumbrarse a lo humano se hace hombre. Su mirada es horizontal y el hombre sólo es salvado desde el hombre. El cristianismo es nada más, pero nada menos, que la importancia del hombre.

La vida es un camino hacia el misterio. La muerte tal vez, sólo tal vez, la posibilidad definitiva de encontrarnos con la verdad última de ese misterio. A lo mejor por eso la sentimos como precipicio insondable, como escalofrío sudoroso de quien ha caminado incansablemente hacia la nada. “El hombre es un ser para la muerte” nos aseguraban los existencialistas. No eran exactos. El hombre es un ser para “su” muerte. Cada uno se muere a sí mismo. Morirse es un verbo reflexivo.

¿Y después de la muerte qué? ¿La futura resurrección de los muertos? ¿El vientre estriado de la nada nunca preñada de futuro? ¿Es el hombre un fruto en sí mismo, inseminado por Dios hacia lo definitivamente absoluto? Que cada cual se responda desde su más interior intimidad. Es cierto que aspiramos a la prolongación de la vida, concebida tal vez de forma excesivamente antropomórfica. Pero es igualmente cierto que el hombre experimenta su muerte como el resumen polvoriento de la existencia capaz de diluirse en una tumba o albergarse en veinte centímetros de urna.

Y aquí aparece Raúl Berzosa, Obispo auxiliar de Oviedo afirmando, con la rotundidad con que hablan los Obispos, que la incineración de los cadáveres va contra la doctrina de la Iglesia. “Los creyentes deben enterrar el cadáver en tierra porque creen en la resurrección de los muertos y porque el cuerpo humano es el templo de Dios” Otra vez los Obispos en la periferia del hombre, nunca en el hombre mismo. Las formas sobre el fondo, el jardín sobre las rosas, la arena sobre las olas. Con el miedo siempre de ser algo hasta el fondo, de adentrarse en el núcleo, de centrar el centro para hacer del cristianismo una experiencia humana y humanizante. Prefieren la ley, la norma, el derecho frente a la libertad infinita como riesgo, apertura y vértigo de existencia.

La resurrección del hombre como reunificación teocéntrica de la vida, nunca como inserción en la universalidad del cosmos al estilo de Chardin. Los profetas de la luz deben permanecer plegados a la quietud jerárquica o desterrados a la inoperancia vital del abismo. Los testigos vivientes sufren una inquisición elegante, pero inquisición al fin. Son relegados a la infidelidad. La creación poética no cabe en la legislación estática mitrada.

Si se nos entierra el pensamiento, déjennos por lo menos morir nuestra muerte inalienable. Queremos sólo ser “polvo, más polvo enamorado”.


Rafael Fernando Navarro
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miércoles, 28 de octubre de 2009

Rouco, el político

Rafael Fernando Navarro

La Jerarquía eclesiástica nunca ha renunciado al dominio de las conciencias. Los valores de la razón, laicicidad, secularización, autonomía del ser humano frente a la suprema decisión vital de su existencia, no entran dentro de la escala respetada por los Obispos. Muy por el contrario, son ellos, y solamente ellos, los que tienen la misión encomendada por Cristo de guiar a sus fieles en sus decisiones morales y de trazar el camino, siempre unívoco, de la bondad moral. Depositarios del monopolio de la verdad, son ellos quienes deciden desde no se sabe qué ciencia infusa lo que cada cual debe hacer en cada momento y en cualquier campo de la actividad humana.

Por otra parte, su adhesión inquebrantable a ciertos regímenes siempre dictatoriales, ha hecho acreedores a estos domadores de la verdad de la convicción de que debe darse una duplicidad de actuaciones paralelas entre lo mundano y lo religioso: se reclama así la existencia de universidades católicas frente a las estatales, colegios religiosos frente a los públicos y un derecho único a formar conciencias que debe proyectarse sobre cualquier formación humana venga de donde venga. El estado natural del hombre no es la búsqueda, sino más bien la aceptación de lo que otros piensen por él. La exploración de la verdad no tiene sentido si ella viene ya impuesta por visionarios ungidos y destinados a impartirla como un regalo.

Esta actitud se deriva de una concepción piramidal de la vida en cuyo vértice se sitúa al Papa, infalibilidad absoluta incluida, se ensancha a través del episcopado y descansa sobre una cuerpo de hombres y mujeres sometidos y destinados a soportar el peso de todo el que está por encima de ellos. El giro exigido por el Vaticano II abandonando la concepción de la Iglesia como sociedad perfecta para convertirla en pueblo de Dios nunca fue asimilado por el episcopado. Lo humano como valor en sí mismo no fue asumido por el cuerpo jerarquizado que temía se le fuera de las manos el poder de sumisión impuesta, del que ha venido gozando durante la historia.

La Jerarquía eclesiástica estaba en las espaldas de esos movimientos políticos que fueron la democracia cristiana, la acción católica y todas las organizaciones en las que se “utilizaba” la careta de autonomía para esconder decisiones con pectorales al fondo.

Aparecen ahora Alfredo Dagnino, Benigno Blanco, José Manuel Vidal, y muchos otros queriendo formar un partido político de inspiración cristiana respaldados y bendecidos por el Cardenal Rouco Varela. La Conferencia Episcopal Española nunca ha aceptado la no confesionalidad de la Constitución española. No ha dado por enterrado el tiempo del franquismo en el que de forma adúltera ejerció un dominio absoluto sobre la legislación, las costumbres y la orientación vital de este país. Añora tiempos de dictadura cristiana (qué contradicción), de cruzada vencedora de comunismos, de hordas judeomasónicas y reclama regímenes que impongan la cruz en las escuelas, la espada en las conciencias y la presencia del sagrado Corazón en los montes de cada pueblo. La dictadura episcopal ejercida entonces quiere prolongarse a sí misma aún en ausencia de los golpistas que la auparon a la cúspide. El proyecto de la nueva normativa del aborto, la educación para la ciudadanía, hasta ciertas fiestas no típicas de nuestro sentido mediterráneo son tachadas ridículamente de anticristianas. Su desprecio por la iniciativa humana, por el papel de la mujer, la falta de respeto a la investigación, su oposición a los avances tecnológicos son siempre rechazados en nombre de una dios domesticado, jibarizado, empobrecido, siempre juzgador, nunca compañero de la aventura existencial.

Rouco y los Obispos quieren tener un brazo político fuerte. No les basta con los brazos extenuados del crucificado.


Rafael Fernando Navarro
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sábado, 26 de septiembre de 2009

Bush era blanco

Rafael Fernando Navarro

“El negro nos dirá a los españoles que Zapatero es nuestro redentor” Este discriminatorio concepto de la negritud, referido al Presidente de los EE.UU, ha salido de la mente de un colaborador de L’ Osservatore Romano, periódico oficial del Papa y de la Curia católica: Juan Manuel de Prada. Nada ha dicho la Conferencia episcopal ni su portavoz Martínez Camino. Los Obispos no pueden ocuparse de condenar semejante discriminación tal vez porque están de acuerdo con ella o porque ya se han ocupado de reprobar la actitud del Negro Obama que autoriza el estudio y la aplicación de las células madre y se muestra abiertamente defensor de los matrimonios homosexuales. Por el contrario, han mostrado rápidamente su indignación contra el Parlamento español por la posibilidad, por otra parte frustrada, de censurar al Papa volcado en culpar al condón de la difusión del sida. El Papa coincide con el colaborador de su periódico, el ilustre Prada: “Los repartidores de condones son los creadores del sida”.

El hombre es una alegría para sí mismo en la medida que su evolución le permite acoger al otro como una alegría en la existencia. No hay hombre y mujer, blanco ni negro, superior ni inferior. Somos el gozo de nosotros mismos en un cosmos jubiloso y fuente de misterio. Quien necesita las distinciones, las diferencias, quien exige estar por encima del otro, simplemente dura, no existe como humano.

Buhs era blanco, como Juan Manuel de Prada. Despreció las soberanas decisiones de un gobierno, el español, elegido democráticamente. Invadió ilegalmente un país, Irak, ocasionando miles de muertos. El Presidente Aznar, jaleado por sus seguidores en el Parlamento, firmó con los pies encima de la mesa oval nuestro compromiso con la destrucción irakí. Buhs era blanco. Contribuyó decisivamente al aumento del hambre en el mundo porque el dinero debía ir destinado a las bombas de racimo. Arrimó el hombro en el hundimiento palestino intermediado por Israel. Buhs era blanco. Contribuyó decisivamente al descalabro de la economía mundial con su visión liberal del mercado. Estamos en la crisis que estamos en gran parte por su complicidad con los abusos del gran capital. Luchó contra la insoportable dictadura de Sadam levantando un imperio de petróleo sobre la sangre del pueblo. Prometió grandes beneficios a sus turiferarios, incluso sacarlos del rincón de la historia. Entregó a las empresas de su vicepresidente la tarea de reconstrucción de un país previa y calculadamente destruido. Implantó la tortura como método de interrogatorio despreciando las directrices de Ginebra. Creó guantánamos para vergüenza de la humanidad, despojando a sus secuestrados de los más elementales derechos humanos. Se coronó emperador y desfiló por la historia ante un Blair y un Aznar arrodillados a su paso triunfal.

Jefe de estado Benedicto XVI. De blanco entero. Jefe de estado Buhs. De oscuro entero. Se encontraron gloriosamente y coincidieron en la condena del aborto, de la homosexualidad, de la investigación científica. Tal vez porque Buhs era blanco.

Jefe de estado Benedicto. Condenando a Obama por apoyar decididamente la aventura investigadora, porque puede ayudar a mitigar el dolor humano, el hambre de continentes enteros, porque pide la colaboración de todos para la paz de todos, porque la mujer tiene derechos, porque los homosexuales exigen la plenitud del amor.

Buhs era blanco. Obama es negro. Tal vez la luz ya ha elegido la soberanía de los amaneceres.


Rafael Fernando Navarro
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jueves, 10 de septiembre de 2009

Hambre de mujer

Rafael Fernando Navarro

Karzai parece haber ganado las elecciones afganas. Carme Chacón ha hablado de las primeras elecciones democráticas. La ONU pone en duda su transparencia. Habría que advertir que unas elecciones fraudulentas son necesariamente antidemocráticas. Pero no cabe duda de que el mandatario goza del beneplácito de EE.UU y de la Unión europea. Es el hijo amado en quien reposan todas las complacencias.

Occidente está acostumbrado a condenar las dictaduras y a ser intransigente con los mandatarios absolutistas que subyugan a sus pueblos. Pero cuando de sacar ventajas económicas se trata, ningún país democrático hace ascos el dictador más repugnante. China es un cliente apetecible para cualquier economía. Incluso Esperanza Aguirre que ve en el puño levantado “un gesto amenazante de quienes han ejercido una ideología totalitaria y han pisoteado los derechos de millones de ciudadanos en la Europa del Este”, que se declara visceral anticomunista, trata de introducirse en el mercado de la mirada oblicua. Los intereses económicos superan dolorosamente a los ideales de libertad y democracia. Hasta la propia Vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, puso de relieve que había que dicotomizar ambos campos y tratarlos con independencia. Uno, que todavía guarda sueños utópicos en los hondones del alma, no puede priorizar la economía frente a la libertad. La libertad se alimenta de víctimas gozosamente ofrecidas. Las dictaduras se nutren de humanidad arrebatada.

Poco antes de estas elecciones democráticas para los intereses de Europa y Estados Unidos, el Presidente Karzai promulgó una ley terrible contra las mujeres. Los maridos insatisfechos sexualmente pueden someter a su esposa al la tortura del hambre. O la mujer es una fábrica de orgasmos o sentirá en su vientre la mordedura del ayuno. El valor de ser mujer-mujer con todo lo que ello entraña queda reducido a su capacidad sexual de producir placer. Se da por descontado que la insatisfacción sexual no responde a deficiencias masculinas. El macho siempre es macho y no cabe dudar del valor de su entrepierna. Pero la mujer puede ser jibarizada, reducida a centímetros. Sus valores, su capacidad de transformación del mundo, su creatividad del mundo, su alumbramiento gozoso de la historia no deben ser tenidos en cuenta. La mujer es una circunscripción vaginal.

El occidente cristiano, reserva de valores eternos, de esencias cristianas, de derechos de igualdad, bendice la elección falsamente democrática de un hombre que pacta con señores de la guerra y que pisotea a la mujer. A talibán huele Karzai, a fundamentalismo, a fanatismo. Es lo que es, en frase atribuida a Kissinger hablando de Pinochet, pero es nuestro hombre.

Se nos llena la boca de democracia, de solidaridad, de defensa de la mujer. Tal vez estemos pronunciando su santo nombre en vano. Somos capaces de simultanear la blasfemia y la proclamación de la grandeza de la libertad. Hay que estar orgullosos de nuestra propia hipocresía.


Rafael Fernando Navarro
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domingo, 2 de agosto de 2009

Democracia y dignidad

Rafael Fernando Navarro

Los dictadores siempre apelan al bien del pueblo para justificar su implantación, su permanencia en el poder y el expolio de los derechos más fundamentales y humanos. Por eso las dictaduras se sitúan fuera de la política, porque arrancan el poder de las manos del pueblo que debe ejercerlo convirtiendo en súbditos a los ciudadanos. Están pues viciadas en su propio nacimiento y su duración significa la antipolítica por antonomasia. Es imposible dignificar la tiranía.

La democracia por el contrario se sitúa dentro del campo específicamente político. Cada ciudadano ejerce el derecho irrenunciable a construirla día a día y acepta sobre sus espaldas el peso de su dignidad. Cada uno es responsable de su fortalecimiento, de su blancura, de su transparencia. La democracia es el resultado de la postura vital de cada ciudadano.

Carlos Fabra, un hombre digno y honorable en palabras de Mariano Rajoy, se ha permitido afirmar que a los votantes no les preocupa ni les importa si Camps y él mismo son inocentes o culpables de ciertos hechos. Que ambos siguen teniendo indefectiblemente el voto favorable de sus electores. ¿Qué concepto tiene Fabra de la democracia? ¿Responde a alguna escala de valores? ¿Hasta tal punto desprecia la dignidad de los ciudadanos?

Con ocasión del Caso Gürtel, todos hemos sido testigos de las adhesiones inquebrantables hacia ciertos mandatarios posiblemente inmersos en la corrupción. Sin prejuzgar la inocencia de los imputados, hemos visto a Rajoy proclamando, no sólo su respeto por el posible éxito judicial del Presidente valenciano, de Fabra o del tesorero de su partido, sino que hemos contemplado su implicación política y hasta vital junto a ellos. Hasta tal punto llega este apoyo que si los tribunales encuentran culpables de algún delito a uno o a otro, es el propio Presidente del PP. el democráticamente corresponsable y condenable políticamente en consecuencia.

La última encuesta del CIS deja patente el crecimiento mínimo, pero crecimiento al fin y al cabo, del PP. pese a estar pasando por el momento más oscuro de su historia. No cabe duda que la explosión de la burbuja inmobiliaria, el creciente número de parados, la crisis económica que aplasta a familias enteras hace crujir los sótanos del gobierno socialista. Pero debería ser más soportable el sufrimiento de una democracia dignamente vigente que la dudosa mejoría de unos representantes corruptos.

Los que sufrimos la corrupción esencial de una dictadura, y fuimos muchos de los que aún vivimos, no deberíamos exponernos a la posibilidad de una corrupción democrática. El Partido Popular puede y es deseable que algún día gane las elecciones. Pero debe antes limpiarse del magma que le impregna. No vale hablar de los GAL, de Filesa, de Mariano Rubio o de Urralburu (se acuerda alguien de Urralburu?). Aznar, Rajoy, Cascos, Soraya, Cospedal, Ponds y muchos otros están superados por ellos mismos. Mirar sólo al pasado negando el presente implica carecer de futuro.

A Algunos votantes, como a ciertos dirigentes, no les importa la suciedad de ciertos cargos públicos. Si Fabra tiene razón, no sé qué hacer con la dignidad que me queda.


Rafael Fernando Navarro
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martes, 21 de julio de 2009

España rota

Rafael Fernando Navarro

Nací en España. Cuando España era España-España. Morena de cara al sol, luminosa de montañas nevadas. Camisas azules pre Emidio Tucci. Boinas rojas. Pañuelos de mujer pobre. Mantillas de mujer rica. Yugos, muchos yugos, con juventudes uncidas. Anticomunistas todos, antieuropeos, antimundo. Eramos una soledad enamorada, practicando el onanismo orgulloso del desprecio. Pecadores contra el sexto. Soportando la muerte de balas bendecidas urbi et orbi.

España-España. Con su caudillo por la gracia de Dios. Obispos pluviales con mitras blancas. Cristiana, sobre todo cristiana. Primeros viernes, en ti confío. Murillos azules de inmaculadas. España virgen, muy virgen. Sin carne sueca de bikinis deslumbrantes. Sin más musulmanes que la guardia mora. Musulmanes de misa diaria y brazo de Teresa la grande. Caballos blancos de escolta para coches descubiertos y palios de Corpus Christi

España de Isabel y Fernando. Del espíritu impera. Una, grande y libre. Cataluña andaluza por andamios. Andalucía de olivareros altivos. Galicias de Meirás-Señora. Mares de Azor, con atunes firmes y collares cleptómanos.

España de chocolate-tierra los domingos. De avecrém caliente. Pan blanco y moreno como el azúcar. Pan de miga aceitosa por almazaras marrones.

España nazarena de macarenas y trianas, de Queipos y Yagües, de alcázares y carabancheles, de tapias y cunetas. Castillas de mieses muertas y madrugadas fusiladas. Extremadura de balas cómplices, tiros de gracia con Dios perdonando al fondo. España unida, prietas las filas, impasible el ademán. Si te dicen que caí me fui al puesto que tengo allí. Novios de la muerte que aguantan Cristos en alto por Larios malagueños. Borlas rojas de sudario y Millán Astray ortopédico.

Aquella sí que era España. Plaza de Oriente enlutada. Obispos con brazaletes negros. Llanto desfilando hasta los montes de Guadarrama. Tarancones en el paredón. España atada y bien atada. Ataúd blindado de caoba. Moriremos besando la sagrada bandera. España, la nación que jamás dejó de vencer.

Muchos nacimos en la España-España. Con los vencedores. Ahora vivimos de aquel recuerdo. Porque no sabemos dónde estamos. Sin la lengua de Berceo, sin Millán de la Cogolla. En Sevilla no hay Giralda. Granada sin Alhambra. Córdoba sin Mezquita. Barcelona extranjera sin Sagrada familia. País vasco vascongado y Extremadura pata negra. “España se resquebraja, se llena de grietas que socavan los cimientos sobre los que asienta su existencia milenaria, sucumbe a las goteras que han destrozado su techumbre, se desmorona poco a poco, sin estruendo, en un proceso letal e irreversible” Lo asegura Isabel San Sebastián, guardiana de las esencias patrias, pitonisa de un mañana desgarrado. "España se rompe (sin remedio)". Lo ha dicho Isabel-Mundo. Isabel católica y Durán. De Parte de Carmen Gurruchaga-Tomás-José Manuel Prada-Vidal-Losantos-Pedro J.-Aznar.

Zapatero traidor. Nacionalistas de destrucción masiva. España balcanizada de José María redentor, ora pro nobis. “¿Qué unidad? ¿Qué Nación? Lo que queda de España es una raspa escuálida que se mueve al grito de ¡sálvese quien pueda!”

Nací en aquella España de la huída constante, de la político-social, del tribunal de orden público, del brazo en alto, de correajes negros, de señoritos de ala ancha, de Iglesia-amenaza-perdurable, de estómagos huecos, de leche en polvo americana, de queso-color-butano de lata.

Soñé con una España libre, abierta, acogedora. Fecunda ante el mundo y por el mundo fecundada. España sin yugos ni flechas. España de rosas laicas.

No me resigno a esta raspa escuálida. Nos salva Isabel San Sebastián. Todavía nos queda ella para empezar la reconquista por los bellos barandales asturianos. De Covadonga a Granada hay boabdiles llorando su cobardía.

Rafael Fernando Navarro
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miércoles, 15 de julio de 2009

¿Hemiplejia papal?

Rafael Fernando Navarro

La última encíclica papal, “Caritas in veritate”, se inscribe en la llamada “doctrina social de la Iglesia” ¿Para quién escriben los Papas las encíclicas? Cuando hablan de la dignidad humana, de la función social de la riqueza, de la paz como bien supremo, ¿a quién están exigiendo que luchen por esa dignidad, por la repartición de las posesiones, por la construcción pacífica de la existencia? Porque uno tiene la impresión de que los Pontífices siempre se dirigen a “otros” De lo contrario no se explica que la Iglesia proclame la dignidad de la humanidad al mismo tiempo que desprecia, implícita y explícitamente, a la mujer. No se puede asociar a la riqueza una función social cuando se predica a los pobres una resignación denigrante y se marcan las terribles diferencias entre el boato trasnochado de los “príncipes de la Iglesia” y el misionero perdido en la amazonía. Se condena a los teólogos comprometidos con la pobreza del mundo y se ensalza a los que no admiten la educación para la ciudadanía. Y si la paz es el bien supremo, ¿cómo puede el cuerpo episcopal apoyar dictaduras sangrientas y aniquiladoras sin que el Papa de turno condene esas adhesiones?

Los exégetas papales han corrido demasiado al afirmar que la encíclica última encierra una condena del capitalismo y sitúa a Benedicto XVI en la izquierda. La reacción del episcopado español ha sido inmediata. Monseñor Martínez Camino, vigía de la ortodoxia de occidente, ha sido tajante: ni existe condena ni mucho menos el Papa es de izquierda. Hasta ahí podíamos llegar. Tomás Raga, catedrático de economía de la Universidad Complutense de Madrid, afirmó que para el Papa el capitalismo “es un instrumento útil aunque limitado”. Y para María Teresa Comte, profesora de doctrina social de la Iglesia en la Universidad Pontificia, el Papa propone un humanismo cuyo centro es Dios. Y este humanismo “teocéntrico” no puede condenar el mercado porque éste es un bien instrumental.

Queda claro por tanto que el capitalismo no puede ser condenado por la Iglesia. ¿O más bien ciertos eclesiásticos tienen prisa e interés sumo en demostrar su exaltación?

El Papa no es de izquierdas. No pude evitar la sonrisa cuando lo afirmó Martínez Camino. Después de condenar cualquier relación sexual fuera de unos cánones concretos, de demonizar la homosexualidad, de anatematizar el preservativo, de discriminar a la mujer como creadora de historia, de priorizar el pecado del sexto mandamiento sobre cualquier otro, de proscribir iniciativas teológicas actualizadoras del mensaje, de identificar el carisma del celibato con la imposición legalista de una concepción estrávica del sexo, etc. ¿podía alguien pensar que el Papa fuera de izquierdas? ¿Podrían mantenerse dentro de los organismos eclesiásticos diferencias aberrantes como las que se dan en instituciones religiosas y que distinguen entre la dignidad de los miembros sacerdotes y lo legos de segunda clase? ¿Sería soportable la visión clasista que el Opus Dei tiene de sus propios miembros? Cuántas interrogantes. Pero queda claro que la doctrina papal decora el mundo señalando lo que otros deben hacer, aunque sigue admirando la hermosura de su ombligo.

El Papa no es de izquierdas ni el capitalismo debe ser condenado. El papado sufre numerosas patologías, pero desde sus comienzos ha firmado inquisitorialmente con la derecha y con la derecha bendice lo que le permite la anchura desbordada de su conciencia. Funciona a la perfección el hemisferio cerebral derecho. Es impensable la hemiplejia papal izquierda.


Rafael Fernando Navarro
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jueves, 9 de julio de 2009

Báculos y fusiles

Rafael Fernando Navarro

El capital y los militares siempre se han atribuido un mesianismo delirante para salvar a los pueblos de sus propias decisiones. Cuando a juicio de ambos poderes fácticos los electores toman un camino que va contra los propios intereses, ejercen su orgullo de salvadores de la historia para reconducir la economía y el orden. Y en nombre de la patria, de los valores de la tradición y de los intereses bancarios se colocan en sillones presidenciales. Los pobres, los ignorantes, los marginados deben confiar sus estómagos vacíos a la limosna siempre caritativa y piadosa de los bolsillos de los poderosos.

Y acompañando a esos poderes, dándole la sombra refrescante del palio, la Iglesia. Una Jerarquía hipostáticamente pegada a la billetera y los fusiles.

En Honduras no ha habido una “sucesión constitucional” como denomina Micheletti a su propia entronización. Sólo las urnas son matriz de democracia. Los pueblos eligen a sus mandatarios y los reprueban cuando ejercen mal su cometido. Pero nadie tiene el privilegio de constituirse en salvador del orden que en el fondo significa salvaguardar los intereses económicos de una minoría.

Pues bien, la Iglesia, uniendo los báculos a los fusiles, perpetra conjuntamente ese golpe de estado y orgullosamente pontifica lo que es legal y lo que no. El Cardenal Rodríguez exige a la OEA que “preste atención a todo lo que venía ocurriendo fuera de la legalidad en Honduras” Le recuerda al Presidente que prometió en su toma de posesión no robar, no mentir, no matar. Debe meditar por tanto si su regreso no conllevará un derramamiento de sangre que no se ha dado hasta ahora. ¿Qué prometerían los Obispos el día de su consagración? ¿Cumplir con una vocación de servicio a los más pobres, a los desheredados de la tierra, luchar por la justicia, ser la voz de los que no la tienen? ¿Prometieron servicios distintos a los de Helder Cámara, Casaldáliga, Sobrino, Ellacuría, Martín Baró? ¿Les inspiró el Espíritu Santo otro mandato que a los teólogos de la liberación?

Los Obispos saben mucho de dictaduras. Estuvieron siempre unidos al poder desde Constantino, salvo raras excepciones. Impulsaron las cruzadas opresoras de Franco, Pinochet, Videla. Compartieron prostitución con Ströner, Somoza o Marcos en Filipinas. Los Papas excomulgan a los que incumplen el derecho canónico, pero bendicen, como a cruzados corresponde, a los que pisotean los derechos de los pueblos con una infecta bota militar. Absuelven a los ejecutados junto a tapias blancas para que alcancen el cielo mientras empujan con sus mitras a los ejecutores para que posean la tierra. El conjunto de naciones, comenzando por la ONU, pasando por la OEA, hasta el último mandatario demócrata, condena la actitud militar de Honduras. Ninguna Conferencia Episcopal anatematiza a los Obispos hondureños por apoyar, báculo en mano, el levantamiento soldadesco contra las urnas. Están obsesionados con la entrepierna del mundo, con el aborto, con la homosexualidad, con los “valores cristianos”, con la familia, con el latín, con la cruz gamada del IRPF. No les queda tiempo para defender una democracia en la que no creen ni practican. Están empeñados en canonizar a los muertos por las hordas marxistas. Los mártires laicos del franquismo, de Pinochet, de Videla, aunque sean curas vascos, chilenos o argentinos no tienen cabida. Mons. Romero es un marginado y no vale la pena tenerlo en cuenta. Vicente de la India es sólo un cura arrepentido que cometió el delito de casarse con una periodista. Lo demás no importa. Los dictadores los son por la gracia de Dios para promulgar leyes cristianas, para llevar a los súbditos por los caminos de la decencia y engrandecer a la Iglesia como co-gobernante e impositora de valores eternos.

Me encontré a Dios entre los pinos, haciendo cruces de mayo con lágrimas de resina.


Rafael Fernando Navarro
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jueves, 2 de julio de 2009

Redimiendo historia

Rafael Fernando Navarro

Me dan miedo los que, aún reconociendo sombras en su pasado, no están dispuestos a arrepentirse de nada porque –afirman- forma parte de su historia. Todo hombre tiene un ayer luminoso sin duda, pero también turbio. Junto al sol de los amaneceres existen noches de luto. Asumirlo no significa necesariamente su negación. Es más bien sostener la vacilante humanidad presente sobre el claroscuro de las propias raíces. Amar nuestro pasado es también redimir sus errores, inyectarlos de luz. Existir en el tiempo significa ante todo dominarlo y no permanecer enraizados en su inmutabilidad, sin capacidad de transformación. No somos lo inevitable que fuimos. Somos siempre creadores incluso del pasado.

Así es también la existencia de los pueblos. Cada uno tiene su época de oro como creador de literatura, de filosofía, de cultura, de aportación a la humanidad desde el campo científico. Pero todo pueblo tiene también manchas de sangre, de esclavitud propiciada, de falta de solidaridad, de opresiones mantenidas. Todos debemos asumir nuestra historia y redimiéndola y purificándola. Cada hombre y cada pueblo, por su intrínseca finitud existencial, tiene rincones obscuros que deben ser sacados a la luz para que toda la existencia de convierta en ramos de claridad. La muerte será así el encuentro con la propia verdad de la existencia.

Son demasiados los que se niegan a condenar el golpe de estado del 36 y sus cuarenta años de dictadura. Argumentan muchos motivos para esta negativa: Por lo menos con Franco vivíamos en paz, decía María San Gil. La serenidad y el sosiego de aquella época son suficientes para que Mayor Oreja los añore. Y últimamente es Utrera Molina el que muestra su indignación: "Nunca creí que se vulneraran las leyes de la caballerosidad para lanzar un ataque a quien, ya muerto, respira aún junto al corazón de muchos españoles” "¿Cómo es posible, -se pregunta el suegro de Gallardón- que se pueda herir con tanta furia a quien nos gobernó durante un periodo de paz constructivo y eficiente y a quien se debe, queramos o no, la restauración de la monarquía actual, precisamente en la persona de Juan Carlos I?"

Estremece tanta incapacidad de reconocimiento, tanta ceguera. Sólo ven el paso alegre de la paz sin importarle que se abrían camino entre sangre, mordazas de silencio, mutilación de derechos, expulsión de miles y miles de españoles que necesitaron Pirineos de por medio, Atlántico de por medio para morir en el exilio o sobrevivir en la añoranza de una patria original.

El golpe militar del 36 pertenece a nuestra historia. Los cuarenta años empapados de hombres, mujeres y niños que nunca fuimos niños, pertenecen a nuestra historia. No debemos olvidarla. Pero la forma única de incorporarla a nuestra existencia lucidamente humana y actual es reconociendo su capacidad destructora. Tuvimos que inventar un futuro que el dictador quiso dejar atado y bien atado. Nuestros hijos nacieron bajo una Constitución abierta de par en par a la libertad que no fue consecuencia del franquismo ni herencia regalada, sino osadía y atrevimiento fundador de quienes decidimos un mañana en libertad.

Los que añoran, los que sienten nostalgia, los que todavía hoy estarían dispuestos a dar un golpe de estado a la alegría, a fusilar la esperanza creadora del mañana, deberían agradecer a la democracia la posibilidad de expresión que tienen y que ellos nos negaron.

Redimir la historia es adjuntarla al gozo de la resurrección de los pueblos.


Rafael Fernando Navarro
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sábado, 20 de junio de 2009

Cristo no es parlamentario

Rafael Fernando Navarro

España es un estado de derecho que hunde sus raíces en tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. A su vez, este trípode alimenta y fecunda la democracia mediante la sabia creadora de la palabra. En ningún caso este estado democrático está asentado sobre la Iglesia. No está reconocida como poder vivificante del estilo que hemos elegido como sociedad.

Muchos todavía recordamos a Mons. Guerra Campos sentado en las cortes franquistas, ocupando un escaño en nombre de una Iglesia cómplice de la dictadura que nos aplastó durante cuarenta años. Y recordamos a Mons. Cantero Cuadrado, cabeza visible del Consejo de regencia. Eran otros tiempos. Dios andaba mezclado con charreteras militares y bandas que cruzaban la pechera blanca, porque también él había sido designado diputado en cortes por el general-generalísimo por la gracia de Dios.

Llegó la democracia. Las primeras elecciones. Cristo no se presentó y ni siquiera figuró entre los diputados de designación real. La Constitución proclamó la llegada de un estado aconfesional. ¿Se retiró Dios de la política? Dios tal vez sí. Pero la Iglesia nunca renunció al poderío conseguido por su aportación a la cruzada de liberación.

La Jerarquía inició una vida de añoranza. No sobrellevó dignamente la viudedad enlutada de la Plaza de Oriente. Empujó, también ella, a Tarancón al paredón. Ha permanecido en estos treinta y tantos años echando de menos el calor de la primacía, el dominio de las conciencias, el dogmatismo de una moral convertida en obligación política, confundiendo las decisiones de un hemiciclo democráticamente elegido con los supuestos designios de Dios impuestos a golpe de báculo, trazando los derroteros del comportamiento humano, identificando el derecho canónico con decisiones legisladas desde la libertad conquistada.

Monseñor Martínez Camino, en nombre de la Conferencia Episcopal, ha comparecido para hablar sobre el proyecto de ley de interrupción del embarazo. Los Obispos, lo he repetido a lo largo de muchos artículos, tienen derecho a expresar su opinión. Pero me repugna el tono de superioridad insolente, el estilo prepotente, los términos empleados (crimen, abismo criminal). Todo es repulsa agriada, condena absoluta, desprecio, amenaza. Suena a crujido del látigo. Excomunión, pecado gravísimo, devaluación del ser humano, negación de derechos. “Abortar no es curar, es matar” “Reconocer esa posibilidad legal es reconocer el derecho a matar”

Una sociedad como la española no tiene ninguna obligación de soportar tanto desprecio, tanta deslegitimación, ni está dispuesta a poner la otra mejilla ante las bofetadas episcopales.

A Vicente Ferrer, muerto en la mañana en que escribo, se le apartó de su vocación jesuítica porque sus metas eran “sospechosas” Se condena a Manuel Torres Queiruga, a Häring, a Rhaner, a Congar, a los teólogos de la liberación, a Pedro Casaldáliga. A tantos y tantos en esta moderna, disimulada, imperceptible inquisición. Se confunde hipócritamente compromiso con marxismo. Se impone la resignación a los pobres. Se llenan los estómagos vacíos con bienaventuranzas deformadas. La felicidad de los miserables, de los que lloran, de los perseguidos se aplaza para otra vida. En ésta rige el derecho canónico, la riqueza y la comprensión hacia la opresión que ayuda a avanzar el mundo del dinero.

Pecado y delito. Felicidad y dolor. Dictadura y libertad. Sólo nos queda apostar por la alegría sin espadas ni cruces, resucitados para siempre, a hombros de la luz y la esperanza.


Rafael Fernando Navarro
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lunes, 15 de junio de 2009

Por el imperio...

Rafael Fernando Navarro

Han ganado las elecciones al Parlamento Europeo. Caras altas y frentes despejadas. Empezaron reconquistando Galicia. Ahora Europa. Mayor Oreja, Rouco, Cañizares, se bebieron a chorros la alegría. Volverán los valores como antiguas golondrinas. De la manos de Rajoy, de María Dolores, de Soraya. La derecha es siempre retorno, reencuentro. Occidente seguirá siendo Occidente. Sin mezcla de mal alguno. Como el cielo pontificio de Martínez Camino. Como la saudade de un Aznar prefilosófico.

Cuando en Holanda se proclamó vencedor un partido explícitamente xenófobo y antiislámico, D. Mariano lo asumió como una victoria propia. “Estamos ganando en Europa” ¿Identidad proclamada, asumida, añorada, resucitada?

Valencia se prueba su traje de azahar. Está hermosa, siempre hermosa. Con un Presidente elegante, banquillo judicial hecho a medida con materiales nobles. Carlos Fabra, blasfemando contra la democracia: “a los ciudadanos no les importa si Camps o yo somos culpables o inocentes” No lo dice Fabra. Lo escupe contra el rostro de sus electores. Extraños votos que consienten injurias a las urnas.

Balcón de Génova. Conquistadores del mundo. Europa es nuestra. Y España no digamos. Pelayos de Galicia. Por el imperio hacia Europa. Colonizando España. Una España azul, acunada en la placidez franquista de Oreja.

María Dolores y Soraya exigiendo mociones de censura, sometimiento a votos de confianza. Censura-sometimiento: recuerdos dolorosos de circuncisión en carne viva, de fimosis indignas de machos ibéricos con denominación de origen.

Zapatero, dimisión. Váyase, Señor Zapatero. Que viene Mayor Oreja. Que viene Esperanza cañí, Madrid votofactoría cínicamente restregada. Hasta Rajoy a lo mejor viene, sólo a lo mejor. Cargado de Valencia. Con sabor agrio de limones lorquianos. Que asoma Aznar, restaurador de patrias, de transiciones pasadas por FAES enmohecidas.

Europa se refugia en la derecha mundial hacedora de crisis, de hipotecas basura, de berlusconis corruptos, de guerras ilegales. Quien sólo cuida sus espaldas está destinado a perder la identidad del rostro. Seguir siendo es la lucha esperanzada. Haber sido es la nostalgia, la impotencia anquilosante. Europa está urgida de redimir su propio pasado. Su posesión despótica del mundo, sus dictaduras, sus holocaustos, exigen estrenar amaneceres.

Siete de Junio. Domingo. Europa estatua de sal. Por mirar atrás. Por creer que el futuro se anda al revés. Por no amar la palabra creadora, sino el eco repetido, gastado, zurcido de pasado añejo. Europa refugiada en el vientre de palios concubinos, con dioses cómplices, prostituidos de armiño y muaré.

Cuando se vive siempre de regreso sólo se encuentran huellas de lo que pudo haber sido y no fue. Génova, bajando a la derecha. Génova azul en el balcón del triunfo. Por la acera de enfrente, el mundo se hace mundo cada mañana.


Rafael Fernando Navarro
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sábado, 30 de mayo de 2009

Padre Nuestro

Rafael Fernando Navarro

Veraneábamos en Sierra Nevada. Cerca del Hotel del Duque. Güéjar Sierra arriba. Veredas estrechas escoltadas de zarza moras. La casona blanca, por fin. Puertas grandes que nunca se cerraban. Y nogales madurando. Nogales grandes, de sombra planetaria. Se hacían los caminos al andar. Por órdenes de Machado. Y hacia donde fueras, siempre te encontrabas con Santos.

Santos era alto. Sombrero viejo marrón. Amarronada camisa. Pantalón marrón desvaído. Abarcas amplias y marrones a juego. Todo en armonía con una delgadez de espiga madura. Vivía en una choza demasiado baja para su altura de Quijote arruinado. Sin mujer. Sin hijos. Nos miraba a veces como soñando cunas. Pero nada añoraba, nos decía, porque sabía de la muerte. La muerte era como la sierra: precipicio tras precipicio. Nada a la espalda de la nada. Vacío que rebotaba el eco, sin apropiárselo. Sólo para entregarlo a otro vacío.

Verano de mulas tordas. De espigas llenando eras. Mundo de trigo girando. Siempre en redondo. Sobre sí mismo. Proyectando panes blancos para aceites dorados de merienda. Meriendas de niños ricos. Panes morenos, solitarios, de niños de Albaicín pobre.

Al atardecer nos sentábamos en la era con Santos. Sombrero. Camisa. Pantalón. Abarcas. Santos siempre el mismo. Nos hablaba de las cabras, de los cerdos que mataba por noviembre, del burro compañero de caminos. Contaba historias infinitas hasta que las estrellas se colgaban de los nogales. Mañana sería como hoy. De nuevo la era giratoria. El viento separando el grano de la paja. Aventando la tarde mientras las mulas descansan. Ladrando los perros al amigo Platero, juanramoniano y estoico.

Estaba cerca setiembre. Santos se quedaría con su soledad acostumbrada. Vendría la nieve. Cuesta abajo los fríos. Mulhacén abajo. Veleta abajo. Atropellando zarzas y nogales. “Me escondo del frío”, nos decía Santos. “Estoy acostumbrado a vivir escondido” Fue entonces cuando nos contó la historia más hermosa. Le habían hablado de una guerra. Hacía muchos años. A veces se oían tiros. Siempre pensó que serían furtivos. Pero alguien le dijo que los españoles andaban matándose. Desde entonces se escondía cada vez que oía u tiro. En un hueco del monte, como en un vientre bueno, acomodaba su postura fetal de metro ochenta. A bocajarro un día se topó con un grupo de diez o doce hombres. Camisas azules. Correajes limpios. Boinas en la hombrera. Brillantina chorreada sobre el pelo estirado. “Vamos a fusilarte por rojo” Le ataron las manos. Le vendaron los ojos y lo colocaron de frente para que intuyera su propia muerte. Mientras tomaban distancia, Santos les suplicó: “Matadme, pero antes dadme tiempo para rezar un Padre Nuestro” Regresaron las pistolas camino de la cintura. Se espesó el silencio. Y el jefe preguntó: ¿Entonces tú no eres rojo? “Yo no sé lo que soy ni me preocupa. Tal vez soy sólo marrón y quiero rezar un Padre Nuestro”.

Los vio marcharse cantando, entre las zarza moras. Aquel día llevaba puestos el sombrero, la camisa y el pantalón que hoy vestía. Para siempre fue un hombre marrón que rezaba cada noche un Padre Nuestro.


Rafael Fernando Navarro
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martes, 19 de mayo de 2009

Prevaricación episcopal

Rafael Fernando Navarro

El Papa, revestido de blanco fundamentalismo, visitó Africa y culpabilizó a millones de enfermos porque “el preservativo no ayuda al problema del sida, sino que lo agrava” Debe apostarse por la abstención sexual como si de una castración se tratara. Esa actitud-maría-goretti enaltece al hombre frente a un dios obsesionado con la entrepierna del mundo. El Papa, sin duda aconsejado por sesudos asesores, debe conocer con exactitud lo que es un preservativo. Su afirmación por tanto encierra una prevaricación pontificia.

Como fidelidad inquebrantable a una recriminación insostenible, por más benedictina que sea, surgieron los científicos de solideo siempre arrodillados, de iniciativa amputada cuando de adhesiones inquebrantables se trata, asegurando que el preservativo posee una porosidad que deja camino libre al virus del sida porque éste lo atraviesa aprovechando su diminuto tamaño. Estos obispos, conscientes de su atrevimiento científico, defienden una prevaricación risible. Lo he dicho otras veces: no me preocupa que ciertos obispos sean de derechas o de izquierdas. Me preocupa sencillamente que sean obispos. Me preocupa la descerebración absoluta que sostiene mitras orgullosas de ostentar el monopolio de la verdad.

Y en estas aparece el arzobispo de Granada. Rodeado de alhambras bordadas, de generalifes nostálgicos, de darros asombrados, nos despierta con su grito redentor: el preservativo no sólo no evita el maldito virus, sino que ayuda a su propagación. Sepan los que lo sufren que son enfermos bajo su responsabilidad, que su muerte es un suicidio castigado por un dios enamorado de las cruces de mayo en los patios andaluces. Sea porque lo usan, sea porque no lo usan, están condenados por su propia actitud sexual.

Y esta es una prevaricación manipuladora, usada como arma contra conciencias débiles, sometidas a golpe del báculo dorado. El arzobispo de Granada, al lanzar esta afirmación, no hace de su palabra una “polémica” afirmación. La convierte en una actitud miserable, antihumana, despreciable y en consecuencia anticristiana.

Frente a la OMS, a los científicos, a teólogos consecuentes, a cristianos que no confunden sexo y evangelio, los obispos se yerguen en salvadores del mundo en nombre de un dios no importa si prostituído, no importa si tergiversado, si traicionado no importa. Habrá que construir alguna vez un monumento con cúpula “preservativa” para honrar a tanto prevaricador ungido.

Cada mañana el cuerpo prepara hechuras para la aventura siempre limpia y oscura de vivir. Se pone en pie la esperanza por el horizonte, se ilumina el amor florecido entre las venas y hasta nos puede sorprender la muerte como encuentro supremo del hombre consigo mismo. Cada tarde se despiden millones de seres humanos. Los nardos morenos también mueren. Me lo dijo la otra tarde Antonio Vega amortajado de guitarras.


Rafael Fernando Navarro
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lunes, 20 de abril de 2009

Aznar, oráculo de Europa

Rafael Fernando Navarro

Aznar se ha constituido en oráculo europeo. Dispensador magnánimo de una ciencia infusa otorgada a sí mismo, se cree autorizado para asegurar que Europa no puede desprenderse de sus orígenes cristianos, so pena de desaparecer como tal Europa. El Cardenal Cañizares, más modesto sin duda, se limita a hacer idéntica reflexión sobre el cristianismo original que sustenta la existencia de España.

El danés Andrew Fogh Rasmussen ha sido nombrado secretario General de la OTAN. Se trata de un mandatario opuesto frontalmente a la censura de las caricaturas de Mahoma que mantuvo su defensa de la libertad de prensa por encima de susceptibilidades religiosas. Y ahora en Harvard, José María Aznar sale en su defensa por el poderoso mensaje que su nombramiento encierra y que le corresponde al mandatario frente a los que no creen en la libertad. “Europa no debe nunca disculparse por sus valores ni renegar de sus raíces cristianas”. Los Gobiernos que se disculpan por unas caricaturas dan el primer paso hacia la rendición de las democracias ante el totalitarismo”.

He aquí la postura absolutamente excluyente a que nos tiene acostumbrados el presidente de FAES. Desde la altura que le proporciona su capacidad intelectual, se siente en el derecho de mirar por encima del hombro y a despreciar todo aquello no identificable con los presuntos valores europeos. Europa debe mantenerse, como si del ombligo del mundo se tratara, dentro de sus límites históricos y no puede ampliarse hasta el infinito, porque fuera de ella no hay valores ni referentes que puedan enriquecerla. Más allá de Europa no hay salvación como no la hay fuera de la Iglesia. “Mal que le pese a algunos, Europa no se puede entender sin sus raíces cristianas”.

Estoy convencido de que es demasiado pedirle a la formación intelectual del ex-presidente que distinga entre cristianismo y cristiandad. Porque lo que en realidad ha vivido Europa no es un cristianismo transformador del mundo, sino una cristiandad en cuyo nombre se han llevado a cabo las mayores tropelías. Bajo la cruz convertida en espada se han cometido los crímenes más horrendos, se han librado guerras invasoras y fratricidas, se ha sometido a pueblos recién descubiertos descoyuntando su cultura, sus lenguas, sus costumbres. En nombre de esa cristiandad se ha exigido paciencia y resignación a los pobres para que soporten la injusticia proveniente de los potentados remitiéndolos a un cielo consolador instalado siempre en otra vida. Bajo su estandarte se ha exigido silencio y conformidad a los estómagos necesariamente vacíos a costa de los cuales han comido los ricos. Esa cristiandad, falsamente amparada en decisiones bíblicas, ha propiciado el sometimiento de la mujer hasta la humillación y el desprecio más absoluto. Bajo esa consigna se ha frenado la investigación científica cegando caminos de apertura hacia la plenitud humana. Bajo esa cristiandad se ha desposeído a los pobres del mundo con la consiguiente orfandad de agua, alimentos, sanidad, educación, posibilidades comerciales, desarrollo y plenitud. Pero además se nos ha privado a todos de la alegría de ser hombres libres, enfrentados a la aventura siempre inacabada, sin predeterminaciones providenciales, seculares y laicos frente a la luz de cada día. Inyectada llevamos la pena como pecadores irredentos, destemporalizados en aras de una eternidad infinita, acumuladores de dolor y tristeza penitente y exculpatoria.

Defender y proclamar la cristiandad significa provocar la permanencia en el sometimiento del hombre ante el hombre. Los pobres, sólo los pobres, pueden devolverle al mundo la elegancia de existir.


Rafael Fernando Navarro
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viernes, 17 de abril de 2009

Raíces y futuro

Rafael Fernando Navarro

En la historia reciente de España, la Iglesia no puede presentarse como modelo y guía, como empeño creador de futuro. No ha sido precisamente una fuerza dinamizadora, sino más bien una rémora. La llevamos pegada a la piel los que tenemos por dentro caminos de vinilo, hundida en la memoria de la España oscurantista, de libertad secuestra, de expansión intelectual prohibida, de cuajarón repugnante, de bota militar, de silencio estrangulador del pensamiento, de muros fusilados al amanecer. Bajo esta sombra de piedra hemos vivido la mitad de nuestras vidas muchos de los que hoy hemos conseguido construir un país alargado hacia el futuro. Necesitamos un mañana para los que nunca tuvimos un ayer. Una palabra de libertad para los que nunca tuvimos la libertad de la palabra.

Y en estas el Cardenal Cañizares, ministro encumbrado a Roma, nos exige crecer desde nuestras raíces cristianas, “porque si España las pierde dejará de ser España” ¿De qué raíces hablamos, Cardenal? ¿De Reyes Católicos deportadores de árabes poetas, filósofos, médicos, arquitectos? ¿De inquisición hablamos? ¿Del Dios-Pelayo reconquistando grutas asturianas? ¿De intelectuales, literatos, artistas desterrados para siempre? ¿De Lorcas cruelmente asesinados? ¿De una Iglesia cómplice de generales golpistas, prostituída a cambio de privilegios indignos de quien se proclama seguidora del evangelio? ¿De una casta sacerdotal que delataba a los rebeldes del régimen para absolverlos a la hora del tiro de gracia?

Le aseguro que no hablo desde el odio, sino desde el grito de huérfanos, de viudas, de niños que nunca fuimos niños, de estómagos calientes con un avecrén semanal. Uno grita desde el dolor de pies dolidos, siempre peregrinos, hacia la libertad, desde la angustia de los que murieron cansados del cansancio de no descansar nunca.

Para evitar esa desintegración propone el Cardenal “que la Iglesia española despierte y ofrezca a la sociedad aquello que nadie puede ofrecer: una humanidad nueva, verdaderamente renovada que se construye sobre la base del amor, la justicia y la libertad” La Iglesia es quien primeramente debe sufrir una radical conversión. Debe sentarse alrededor de los valores humanos, asumirlos, compartirlos y ayudar en la siembra de un mañana fecundo de horizontes.

¿Tienen cabida en esa nueva Iglesia la mujer como valor autónomo, la hondura del amor incluso homosexual, el dinamismo de la ciencia como empuje hacia el gozo, la convivencia del hombre consigo mismo al margen de determinismos asfixiantes? ¿Asumirá la sexualidad como un temblor creador y no como un precipicio hacia el fuego eterno? ¿Está decidida la Iglesia a cooperar en la búsqueda limpia de caminos sin ángeles exterminadores, sin anatemas frustrantes, sin dogmatismos acomplejados de exclusividad? ¿Está empeñada en ser carne de mundo, voz profética contra la injusticia, prójima de los pobres?

Escuece lo escrito, pero escrito está. Buen viaje, Monseñor. Que la gloria de Bernini no se lo tenga en cuenta.


Rafael Fernando Navarro
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lunes, 13 de abril de 2009

Rojerío

Rafael Fernando Navarro

Fue en el debate de La Noria. María Antonia Iglesias, Enric Sopena y Terelu Campos. Enfrente, Miguel Angel Rodríguez, Isabel Durán y un sacerdote católico, cuyo nombre no recuerdo. Este último ya había llamado a los homosexuales “mala hierba”

Tema de discusión: ¿Es la semana santa un acto estrictamente religioso o lo utilizan muchos como escaparate, negocio o espectáculo? Y las posturas quedaron claras, aunque nadie se adentró en la raíz del planteamiento: ¿es lo mismo religión que cristianismo? En esta distinción radica el equívoco, aprovechado por la Iglesia, para adosar al cristianismo lo que en realidad es religión. Nadie parece recordar un libro pequeño pero profundo de Romano Guardini: “El cristianismo no es una religión” Pero no es esta la cuestión.

Salió a relucir el lacito blanco promovido por la Conferencia Episcopal y adoptado por las cofradías, aunque de forma minoritaria. Sopena aportó la visión de “El Roto”: Cristo crucificado, lazo en el travesaño de la cruz, y la sentencia: “Lo que me faltaba, lacitos”

Se encabritaron los grandes defensores de la vida. El sacerdote, el de las malas hierbas, arremetió (no confundir con argumentar) y María Antonia le replicó que carecía de piedad y amor hacia los homosexuales. Nunca entenderé que se le pida a la Iglesia piedad para alguien que ejerce el derecho de su cuerpo, el derecho a amar. Un suelo sin el cual el ser humano deja de serlo, porque o se es amor o no se es nada. Pero el sacerdote se encaramó a su complejo de superioridad y vomitó: no tenéis más inteligencia que la justa para denigrar a la Iglesia.

Isabel Durán, esa sonrisa Lácer de la derecha, se erigió como madre coraje de la vida. Entrañas defensoras, agustina imperial de linces episcopales, de fundamentalismos rubios.

Y Miguel Angel Rodríguez, músculo de nazareno vallisoletano, reconocido por su cristiana entrega a los pobres, padre auxiliador de moribundos de Irak, proclamador de las injusticias del mundo, defensor de los derechos de la mujer frente a talibanes afganos, de sotana, llamando “miniministra” a Bibiana Aido, empujando murallas fetales hacia la vida, altavoz de la libertad irreductible de Botellas y Aznares por tertulias de Esperanzas y Susanas matinales.

Todavía le quedó aliento para llamar “rojerío” a María Antonia, Enric y Terelu. Y España se puso en pié, España de lazo blanco, de saeta con cintura de Placentines, de Macarena condecorada, de Gran Poder de Gobelas, de trianeras Esperanzas, para gritarle: guapo, guapo y guapo. “Porque hoy, vencido y desarmado el ejército rojo”… Firmado: Francisco Franco.

¿Para cuándo una derecha con lazos blancos, verdes, azules, rosas en los balcones de España?


Rafael Fernando Navarro
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viernes, 10 de abril de 2009

San Federico apostol

Rafael Fernando Navarro

Viene de lejos, cuando Constantino. La Iglesia arrancó del vientre del mundo su existencia y la colocó en paralelo al devenir humano. Iglesia de carne sin carne de mundo. Sin posibilidad de encuentro. Desentrañada. Desencarnada. Ajena al Cristo de tierra. El reino era reino, pero no de este mundo. Monarquía para siempre. Cubiertos los pies de obediencia ciega, pisando conciencias, ahogando rebeldías, asfixiando pensamientos y autonomías creativas.

La Iglesia, arrancada de la carne del mundo, sobrevolaba horizontes de utopía, de caminos roturados, de interrogantes madres de interrogantes. Ruta de tiaras reales, absorbentes de poder. Mitras capitaneando verdades absolutas, monopolizadas, detenidas, colgadas de extramuros del tiempo. Hombres y mujeres encontrándose en el amor, soportando angustias, con hechuras incompletas, con certezas inciertas, preocupaciones de estómago, conscientes de finitud, amando los ilimitados límites de la muerte.

Iglesia-sociedad-perfecta. Monarca, príncipes, códigos, universidades, oráculos hertzianos. Por encima. En paralelo. Docente siempre. Repartiendo verdades a un rebaño sometido. Pastoreando un pueblo castrado de iniciativas. Apoyando dictaduras. Condecorando cruzadas. Aplazando alegrías. Enemistando un cielo de recompensas inalcanzables con un mundo construido en la lucha permanente del hombre por ser hombre.

España tiene memoria de ayer reciente, heridas que escuecen, abiertas todavía y que ciertos radiopredicadores se empeñan en rociar de odio, de vómito caliente cada día. El GEES de Aznar denunciando que la izquierda española añora el 36, que se empeña en la destrucción del cristianismo, con Borbones inmóviles contemplando los ataques a la Iglesia y una derecha posmoderna de facebook paralizada. Sólo La Mañana y La Linterna de COPE han sido capaces de atraer una respuesta al proceso de descristianización masiva de España” La caída de Losantos y Vidal significa la claudicación frente a la cristofobia y las razzias añoradas por regímenes destructores de la España cristiana. “Hoy en día, no son las homilías en los templos, ni el semanario Alba los que desintoxican a generaciones enteras de los dogmas progresistas sobre el cristianismo, sino las columnas y monólogos de Jiménez Losantos o los editoriales y libros de César Vidal”, defiende el GEES. “El locutor de COPE ni es santo ni podrá serlo nunca; pero ha hecho por la Iglesia más que muchos de sus fieles”, advierte, asegurando que “buena parte de la sociedad ha conocido por Jiménez Losantos las mentiras de la leyenda negra, la persecución religiosa y los crímenes horrendos cometidos por el Frente Popular”

La Iglesia está salvada. Federico y César la redimen cada día. Gracias al odio, a la homofobia, a la xenofobia. Federico y César son la conciencia viva y redentora del pueblo español. El GEES los ha ungido. Pío Moa se postra ante su palabra salvadora. A Rouco, Cañizares, Gascó les toca poner el palio.

Franco colecciona olvidos por la sierra madrileña. Santos Federico apóstol, César primado, Pío Moa converso, Nacho Villa cofrade, salvadnos del rojerío, del Dios perdido entre los pinares, cultivando lunas judeomasónicas.


Rafael Fernando Navarro
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jueves, 2 de abril de 2009

Obispo carcelero

Rafael Fernando Navarro

El Obispo Martínez Camino es el portavoz de la Conferencia Episcopal y convierte sus ruedas de prensa en verborrea hiriente por orgullosa, hueca por carente de contenidos y sofista sobre todo. Cuando se lanza la palabra y se esconde el sentido auténtico del mensaje que encierra, se cae en el fariseísmo más puro, en la oquedad más absoluta. Proclama sin empacho que la unión del esperma con el óvulo es un bebé, y debe protegerse más que al lince. Pero esa unión no es un niño, ni un bebé es un lince. De ahí que quienes dañan algunas especies protegidas deban sufrir penas de cárcel porque esas especies son patrimonio del mundo y el mundo es el ámbito donde el hombre realiza su existencia como projimidad fraternal e histórica. El hombre es algo más que duración temporal. Existe en cuanto unidad, unicidad, irrepetibilidad, historicidad.

Es verdad que hay una “situación masiva de desprecio a la vida” Se desprecia la vida del pobre, del trabajador, del enfermo, del viejo, del diferente. Se siente aversión hacia la existencia inútilmente bella de cada ser humano por improductivo de riqueza crematística. Llenamos de eufemismos el trato diario sin renovar por dentro los significados: el ciego es invidente, el anciano tercera edad, es minusválido (término obsceno) quien no puede realizar determinada actividad. Las palabras bien sonantes son balas destructoras, pero que anestesian de paso nuestras conciencias competitivas. Esta defensa interesa menos al Obispo Camino.

“El Código Penal establece penas de prisión para quien atente contra la flora y la fauna por lo que la protección de la vida humana, incluso jurídicamente, debe ser adecuada a este hecho. En la ley actual, el aborto está tipificado como delito” constató Camino. ¿Significa esto que la Iglesia aboga por la cárcel para las mujeres que abortan? El portavoz episcopal, pretendiendo ocultar el contenido consecuente de sus palabras, hace recaer esa responsabilidad sobre una sentencia judicial. “Eso no lo he dicho yo ni lo diré. Lo debe decidir un juez”.

Ahí radica la oquedad de la palabra, la casuística hipócrita de una Jerarquía que no es capaz de ser consecuente con el mensaje que proclama. Es pura cobardía exigir la cárcel para una opción humana debidamente legislada y encargar a otro, por remordimientos de conciencia, que cierre la celda por fuera. Martínez Camino no es un verdugo. Ese papel, ciertamente repugnante, lo encomienda a otros. Mantiene así limpias sus manos. La ejecución de su sentencia le pertenece a los jueces.

Si los Obispos españoles estuvieran volcados en la defensa de los marginados, luchando contra la miseria, contra las guerras, contra el abandono de tantos y tantos seres humanos, no caerían en imposiciones. Se sentarían a la mesa del mundo a buscar la verdad, sin orgullo ni complejos de superioridad. Helder Cámara, Romero, Casaldáliga, los jesuitas de la UCA, los teólogos de la liberación apuestan por la anchura de la vida. Qué contraste. Algunos Obispos por estos pagos elucubran cárceles, calles despejadas de pecados malolientes que manchan esclavinas de armiño y muaré.


Rafael Fernando Navarro
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miércoles, 25 de marzo de 2009

Linces episcopales

Rafael Fernando Navarro

Los Obispos tienen derecho a hablar y a disentir. Vaya por delante una afirmación que debieran tener en cuenta muchos comentaristas de acera y bocadillo o de tertulias sesudas. Pero los Obispos deben tomar conciencia de que si hablan se exponen a que los demás mostremos nuestra discrepancia, les recordemos su historia no siempre lúcida y les preguntemos sobre muchas cuestiones oscuras relativas por ejemplo al dinero que manejan o a los criterios científicos que han guiado su historia. Deben ser conscientes de que su opinión merece el mismo respeto –hablando en términos políticos- que la del albañil, el presidente de un consejo de administración o el boticario de la esquina. Arrogarse una superioridad absoluta que planea sobre toda cabeza viviente y pensante encierra una soberbia despreciable por anticristiana. La jerarquía no es un poder del estado de derecho. Y como conjunto episcopal no tiene potestad reconocida para imponer criterios científicos. ¿Habrá que recordar los errores cometidos en el terreno de la ciencia por el magisterio eclesiástico? La Iglesia ha sido históricamente enemiga de cualquier avance investigador. La grandeza de Dios no puede erigirse sobre el empequeñecimiento del hombre.

Que el embrión sea un ser humano no está contemplado entre los dogmas de fe. Que el embrión sea un ser humano no está respaldado por la ciencia. ¿En nombre de qué dogma o de qué ciencia hablan los Obispos? ¿De qué enseñanza evangélicamente global se desprende la teoría episcopal sobre “niños desprotegidos” y linces sobrevalorados? El cristianismo, señores Obispos, no es ciencia. Tampoco es –aunque resulte más rentable- magia. Da pena una jerarquía que convierte el evangelio en un refranero aplicable a toda circunstancia. Sólo cuando la Iglesia tome conciencia de la dimensión humana, será capaz de construir un cristianismo digno

El acto reproductor –lo digo a pesar de repetirme- no es un acto de tres: mujer-hombre-Dios. El acto sexual, reproductor o no, es una expresión de comunicación íntima, gozosa, donación graciosa y gratificante. Es el amor proclamado ante el universo, notificado a los árboles y las estrellas. Aquí y ahora el mundo está amando al mundo y sosteniendo la historia como proyecto luminoso. Dios, no sé desde dónde, adorará la plenitud de su creación. Los Obispos prefieren codificar, condenar, anatematizar el sexo. Allá la Jerarquía fabricante de lunas enlutadas.

Los Obispos tienen derecho a hablar. Pero quien hace las normas por las que se rige un estado son los legisladores. La Iglesia no debe caer en el adoctrinamiento que condena en los gobiernos (Educación para la Ciudadanía, por ejemplo) Los derechos adquiridos como ciudadanos son expuestos a la opción libre de cada conciencia sin intromisión coercitiva de la Iglesia.

La interpretación sesgada de los acontecimientos no se compadece con la realidad sublime de lo humano. Corresponde más bien al estrabismo genético de las mitras.


Rafael Fernando Navarro
http://marpalabra.blogspot.com

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