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miércoles, 28 de octubre de 2009

Por los dioses, la patria o lo que sea.

Eduardo Pérsico

Al referirse a la relevancia de las religiones en el desarrollo de la humanidad, el escritor José Saramago dijo ‘lo único que han hecho ha sido matar, matar y matar’; una apreciación no muy ajena a los pensadores independientes en serio y que en otros términos ya había dicho Bertrand Russell, al recordar las persecuciones y crímenes que ocurrieran entre los mismos cristianos. Una profunda disidencia con las religiones de dos pensadores que no invalidarían a cierto humorista de los años cuarenta en Buenos Aires, F.P., al decir que ante la pedofilia y homosexualidad creciente en los colegios de curas era lógico la adoración de los sables, pero que bendecir los cañones de Benito Mussolini en Italia ya era demasiado...

Irreverencias aparte, las religiones aún vigentes están vinculadas al oro y no fueron casuales las uniones entre reinados y religiones, bien demostrado por los Reyes Católicos de España al impulsar la conquista de América con atropellos a punta de espadas y de cruces. En la Conquista, generada por el hambre como desde siempre fueron las migraciones del hombre, los indígenas de las Antillas fueron sometidos a trabajos forzados para así cargarse la mayor cantidad de oro a España, y al romperse así la economía agrícola antillana sobrevino la casi extinción de su población, sin la menor conmiseración del catolicismo que consideraba seres inferiores a esos nativos que en verdad los dueños del territorio. Luego Hernán Cortés imaginó hallar en México una riqueza imposible de satisfacer y el señor Inca Moctezuma no podía comprender semejante codicia. Esa vez y conocida como la Noche Triste, los conquistadores abandonaron Tenochtitlán con muchísimas pérdidas humanas, pero por 1561 Franciso Pizarro con el secuestro de Atahualpa, el último señor Inca, obtendría ‘una habitación de tres metros por cinco de ancho repletas de oro, y dos habitaciones más llenas de plata’. Atahualpa fue aconsejado por su gente que atacara con sus miles de guerreros a Pizarro, que sólo contaba con 167 hombres, pero como este igual que Moctezuma temía que los españoles fueran hijos del rey Viracocha, no lo hizo y los españoles no tardarían más de una hora en liquidar a los tres mil guerreros nativos. Así empezaría la fundición en lingotes del oro tallado por los orfebres para ser fletados a España, y con la muerte de Atahualpa moriría también una cultura con más de tres mil años de antigüedad; eso sí, con la bendición de dios nuestro señor padre todopoderoso, conquistador por ese entonces.

Ya ni vale cuestionar la conquista española de América, pero si el aporte mayor a las culturas existentes fueron las liturgias del catolicismo y el inicio de un sistema económico irracional y feroz que en pleno siglo veintiuno, con su liberalismo capitalista que exige invasiones y un pibe muerto de hambre cada cinco segundos, mi amigo Saramago tiene toda la razón sobre el aporte de las religiones y punto. Y acaso sea tiempo de preguntarle a los papas, ayatolas y rabinos qué pervive de tantos hombres roncos de gritar por cierto dios, bandera o patria siempre imaginaria; esos millones y millones de miserables sometidos a un perpetuo territorio emocional y desangrados en el campo de alguien, que como premio, no le dará ni un metro para dejar de herencia. El pobre común, el humillado que jamás lo sabe si con rezos, plegarias y alabanzas lo engañaron por siglos a jugarse la vida. Infeliz de creerse victorioso con su espada, arremetiendo hasta sentir costillas bien adentro lo único en verdad suyo en la pelea: el furor enemigo. Despanzurrado y hecho jirones no recibe más discursos, arengas o promesas para ganar su empeño; él y sus iguales enfrentados engordarán la tierra de otros, pero sus hijos o su hembra ni un sitio bajo el sol. ¿Será por ley de dios que también su causa de pelea se muera el mismo día y prosigan entre rezos, sotanas y plegarias los inmortales dueños de la tierra y el oro? Bienes inconmensurables que quienes Mandan se apropian sin medir las hambrunas perpetua o la metralla. Este inconfeso pero renovado Destino Manifiesto hitleriano que no jodamos, resulta inevitable para seguir con la explotación de los países centrales contra el resto. Algo sugerente de que esta historia de la especie humana sigue siendo una trágica historieta. (28 octubre 2009)


Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.

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jueves, 27 de agosto de 2009

La actitud práctica con respecto a los símbolos y mitos religiosos

Marià Corbí

Los símbolos y mitos nacen y se sostienen en un contexto cultural preindustrial determinado. Su validez significativa es intemporal. Continúan teniendo fuerza significativa más allá del contexto cultural en el que nacieron y vivieron. Por consiguiente, los símbolos y mitos en los que se vertió el lenguaje de las grandes religiones teístas, continúa teniendo fuerza expresiva capaz de transmitir la experiencia espiritual que nuestros antepasados vivieron. Pueden transmitirnos la noticia de la dimensión absoluta de lo real y, al transmitírnosla, nos inician a ella. De una manera semejante a cómo la poesía de Homero puede transmitirnos la emoción poética e iniciarnos a la experiencia estética que él tuvo.

Para que eso ocurra, nuestra mente y nuestro corazón tienen que revivir, rehacer la experiencia de nuestros antepasados, sean religiosos, sean poetas. Tenemos que llegar a pensar sentir como un miembro de las sociedades agrícolas-autoritarias o ganaderas, o como un aqueo, pero situándolos en su tiempo, de lo contrario no comprenderíamos ni sentiríamos lo que ellos vivieron; y, a la vez, generaríamos en nuestra cabeza y en nuestro sentir multitud de conflictos éticos, mentales e incluso espirituales.

Reviviendo lo que ellos vivieron, puedo heredar su legado. Ese legado me abre los ojos y el corazón, me inicia a la experiencia espiritual o estética, me advierte de errores graves, me indica el camino y cómo andar en él, a pesar de las diferencias culturales.

Pero con ese legado tenemos que trabajar nosotros, ya en unas condiciones culturales radicalmente diversas de nuestros antepasados. Ya no somos miembros de sociedades agrario-autoritarias, ni ganaderos, tampoco somos aqueos. Nuestro pensar y sentir está estructurado de forma diferente, lo mismo que nuestras organizaciones y nuestros modos de vida.

Una de las diferencias más radicales consiste en que ya no podemos leer y vivir los símbolos y mitos religiosos desde una epistemología mítica. Por consiguiente, nuestro sentir, además del desplazamiento que supone no ser preindustriales sino miembros de las sociedades de conocimiento globalizadas, está el hecho que nuestro sentir no puede dar como real lo que le mente dice que es puro símbolo, situado, además, en unas condiciones culturales que ya no son la nuestras.

El sentir sigue a lo que la mente da por real. Ya no podemos sentir los símbolos del pasado, sólo podemos vislumbrar en ellos, con nuestra mente y también con nuestro sentir, aquello a lo que apuntan.

Por consiguiente, podemos aprender de esos símbolos, mitos y rituales, pero no podemos usarlos en nuestro propio camino espiritual. Podemos admirar las obras que se hicieron con ellos, y aprender de esas creaciones a conocer la espiritualidad y la belleza, pero no podemos construir con esos materiales, porque no somos miembros de las sociedades agrario-autoritarias, ni somos ganaderos, ni somos aqueos.

Los mitos, símbolos y rituales, como la poesía, en su fuerza expresiva, significativa, iniciadora, transmisora y pedagógica, son eternos; pero en sus posibilidades de uso práctico en la vida espiritual de los pueblos, están sujetos al espacio y al tiempo. De forma semejante a como el sistema de bóvedas, columnas y contrafuertes de la arquitectura románica, a pesar de su gran belleza, no se puede utilizar para edificios de cemento armado, aluminio, cristal y nuevos materiales.

A los símbolos, mitos y rituales no se puede entrar sólo con el sentir, con una especie de sentir a-temporal; se ha de entrar con el sentir y con la cabeza, en el contexto cultural en el que se vive.

Los mitos, símbolos y rituales, construidos en los primeros siglos del cristianismo, en época agrario-autoritaria, no pueden, sin más ser usados y asumidos por quienes viven en sociedades plenamente industrializadas, democráticas, sociedades de conocimiento globalizadas. Se puede recibir su legado de sabiduría, pero luego hay que construir esa sabiduría en nuestras propias condiciones culturales, sin epistemología mítica.

Símbolos tales como “Dios” o “Madre de Dios” o “Asunción de María”, pueden ser comprendidos y recibidos en su profundidad espiritual, pero difícilmente, muy difícilmente, pueden ser usados en el propio caminar espiritual, y menos en la forma en la que los vivieron y usaron nuestros antepasados.

Para poder usar, en nuestro propio quehacer espiritual, esos símbolos, mitos y rituales, tendríamos que asumir la totalidad del sistema mítico-simbólico en el que están integrados. Es imposible usar el símbolo “Dios” sin asumir todo el sistema que le acompaña. Tampoco podemos usar el símbolo “Madre de Dios” sin asumir, simultáneamente las nociones de “Padre, Hijo y Espíritu Santo” y también las nociones de “Encarnación”, el “Hijo de Dios enviado para salvar el mundo” etc. Los símbolos y mitos no tienen sentido aislados del conjunto del sistema en el que se integran. Además, arrastran, de por sí, una epistemología mítica y un sistema de creencias, porque con esa pretensión programática fueron construidos.

Para usar esos símbolos, mitos y rituales en nuestro propio quehacer espiritual, en las actuales condiciones culturales, tendríamos que tener el programa de mente y de sentir que ellos tuvieron y tendríamos que ser religiosos y creyentes. Nada de eso podemos hacer, aunque quisiéramos.


Marià Corbí
http://www.cetr.net/modules.php?name=News&file=article&sid=994&newlang=catala

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jueves, 19 de marzo de 2009

Panorama religioso en Estados Unidos

Agencia de Noticias Prensa Ecuménica

Los resultados de una reciente encuesta confirmarían la tendencia hacia el rechazo de la religión organizada, reducción del número de personas cristianas participantes y la creencia en un Dios personal al mismo tiempo que se modifican las áreas geográficas de preeminencia católica romana a causa del desplazamiento inmigratorio de la comunidad hispana.

ARIS 2008 (American Religious Identification Survey) es la tercera encuesta realizada con adultos mayores de 40 años por el Program on Public Values del Trinity College de Estados Unidos. La serie comenzó en 1990, continuó en 2001 y la ultima, ARIS 2008, se realizó entre febrero y noviembre de 2008.

De las 54.461 entrevistas se desprende la preeminencia de la adhesión al cristianismo aunque se continúa la tendencia de la reducción del número de quienes se declaran enrolados en la fe cristiana que en 1990 fueron 86% y en 2008 76%.

Las iglesias de la línea protestante fueron las más afectadas, aunque todas las iglesias perdieron feligresía. La línea conservadora (“vueltos a nacer”) en teología como en decisiones de vida (aborto, sexo, creacionismo contra evolucionismo) mantuvieron sus niveles

La población declarada como católica romana modificó sus lugares de influencia a causa de la inmigración, especialmente de la comunidad hispana, pasando del noreste al suroeste mientras que la creencia en un “Dios personal” y el rechazo a la religión organizada se afirma en todo el país.

El 70% cree en un "dios personal", 12% optaron por el ateísmo o agnosticismo y 12% son “deístas” que creen en una fuerza o poder supranatural pero no de relación personal.

Esta situación, la de rechazo de la religión organizada y aumento de creencias en un Dios personal, individual, es la zona de desafío del cristianismo y no tanto el avance de otras religiones.

Los movimientos de las personas que dentro del cristianismo van de una iglesia a otra, puede interpretarse como parte de ese fenómeno de rechazo institucional que moviliza a buscar un lugar donde se puedan sentir más acorde con sus posturas de lo que debe ser una institución religiosa.

En cuanto a la cambiante geografía religiosa por la inmigración de la comunidad católica romana hispana, los ejemplos que más se colocan son de que entre 1990 y 2008 el catolicismo romano en Nueva Inglaterra bajo del 50% al 36% y en Nueva York del 44% al 37% mientras que en California creció del 29% al 37%, y en Texas del 23% al 32%.

Los musulmanes pasaron del 0,3% al 0,6%; los mormones mantuvieron el 1,4% y el judaísmo bajó, del 1,8% al 1,2%.

La diversidad religiosa (pluralismo) es una tendencia que se afirma y que crecerá en el futuro.+ (PE)


09/03/19 - PreNot 8030
Agencia de Noticias Prensa Ecuménica
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sábado, 14 de marzo de 2009

No es bienvenido el papa en Tierra Santa

Israel Adán Shamir

“No, no le podemos dar la bienvenida al papa Benedicto en Tierra Santa en las circunstancias presentes”… dijo el arzobispo Theodosio de Sebaste , el clérigo de más alto rango entre los palestinos cristianos en Jerusalén, después de que se anunciara en Israel que el jefe de la iglesia de Roma comenzaría su peregrinación a la Ciudad Santa con una demostración de obediencia ante el memorial al holocausto judío Yad Vashem.

“No tenemos objeción contra el hecho de que el papa viste Yad Vashem, pero antes de expresar solidaridad con los judíos, debería demostrar solidaridad con los cristianos de Palestina. Tenemos nuestros recuerdos trágicos propios; nuestro Yad Vashem está en Gaza”, dijo el arzobispo, y agregó: “que el Papa empiece por visitar Gaza primero”.

Alto y fornido, de ojos azules y porte de hombre de mando, el arzobispo nacido en Galilea es un ciudadano de Israel, y critica abiertamente los excesos judíos; es el más destacado de los defensores de la idea de un solo estado democrático, y aboga por la igualdad plena para judíos, cristianos y musulmanes en la Tierra Santa entera e indivisa. El arzobispo Teodosio Atallah Hanna sigue sus ideas propias: se negó a tener un encuentro con el presidente Bush, es amigo del Mufti musulmán de Jerusalén, y defendió al papa Benedicto cuando a éste se le atacó por unas palabras interpretadas como hostiles al Islam. Ahora está expresando los sentimientos de muchos cristianos palestinos, que son la comunidad cristiana más antigua del mundo. Cuando el discípulo de Cristo san Pedro fundó la Iglesia de Roma, la Iglesia de Jerusalén ya había sido fundada por Cristo mismo. En muchas aldeas y ciudades de Tierra Santa, todavía permanecen testimonios de la presencia del Salvador. La mayoría de los cristianos de Jerusalén pertenece a la iglesia ortodoxa del arzobispo, mientras una minoría es católica.

Acerca de la visita papal, tanto católicos como ortodoxos comparten la misma opinión. Antes de la guerra de Gaza, el padre Manuel Musallam, jefe de la Iglesia católica romana en Gaza, dijo que Gaza tiene el derecho a no morir, y si tiene que morir será en el campo de batalla. Los creyentes católicos, sacerdotes y monjes de Tierra Santa le transmitieron al papa una carta secreta llamándole a dejar su visita para más adelante. El Vaticano leyó la carta pero decidió descartarla. Ahora, cuando todavía está caliente la sangre vertida por los judíos en Gaza, Israel va a describir esta visita como señal de aprobación papal, de esto no hay duda.

“Si el papa quiere venir a Tierra Santa, debería empezar por visitar la iglesia católica local en Gaza”, dijo el arzobispo Teodosio Atallah Hanna. “Estaba prohibido a sacerdotes y obispos visitar la iglesia, y los cristianos de Gaza no podían orar en Jerusalén y en Belén. Para empezar, le papa debería tener un encuentro con los palestinos cristianos, que mantienen en alto la luz de Cristo en la oscuridad de la ocupación israelí. De otra forma, esto no es una visita a nosotros, sino una visita a Israel, una simple etapa en el programa papal de relaciones con las organizaciones judías. Le pedimos al papa que hable para el pueblo de Palestina, pues los cristianos palestinos forman parte de Palestina. Los palestinos cristianos sufren junto a sus hermanos musulmanes. Ojalá el papa defienda nuestra causa”, precisó.

Muchos cristianos palestinos sienten que el Vaticano se ha convertido en juguete trasegado en medio de las intrigas judías. ¿Por qué será que el Vaticano gasta tanta energía tratando de complacer a los judíos? ¿Acaso ya la iglesia de Roma no es un cuerpo independiente? ¿Por qué la simiente de San pedro acata el veto judío incluso en lo que se refiere a los asuntos de la Iglesia?

La vista papal al memorial del holocausto es algo que nos deja molestos.

El museo adyacente al memorial contiene calumnias graves contra el papa Pío XII, y los judíos se han negado a sacarlas.

Peor todavía, se está utilizando el holocausto para justificar el crimen de masa en Gaaza; ir primero a Yad Vashem es mandar un mensaje equivocado, es un símbolo de aceptación de la superioridad judía sobre la cristiandad. Más aún, el memorial del holocausto es un símbolo religioso, un ídolo del nuevo culto, un nuevo culto pagano, del cual Dios está ausente. Su director el Dr. Judah Bauer ha negado hace poco a Dios y la creación, mientras el director anterior es considerado como un criminal de guerra, del cual se está instrumentando la extradición. Tom Segev, eminente escritor israelí, dijo correctamente que el Holocausto se ha convertido en “objeto de creencia”. Abrahama Foxman, jefe de la Anti-Defamation League, declaró: “el holocausto es una tentativa casi exitosa de acabar con los hijos predilectos de Dios, y por lo tanto, es un atentado contra Dios mismo.” Sabemos de una tentativa casi lograda de atentado contra la vida del Hijo de Dios, y por lo tanto de Dios mismo, y fue el que tuvo lugar en Jerusalén, en el Calvario. Yad Vashem pretende sustituirlo, es un lugar de idolatría. Abraham se negó a prestar obediencia a los ídolos, ¿por qué no puede el papa seguir este ejemplo?

La próxima visita del papa se gestionó mediante un ardid: el obispo tradicionalista Monseñor Williamson fue re-comulgado con la iglesia, y al mismo tiempo saltó a la luz su entrevista acerca del holocausto judío. El escándalo fue enorme. Si Williamson hubiera blasfemado contra Cristo y la Iglesia, entonces se le habría aplaudido por su libertad de pensamiento; pero en la situación actual, se logró obligar al papa a pedir perdón a sus “hermanos mayores los judíos” e incluso a programar su viaje a Canossa a base de encuentros con los criminales de guerra israelíes.

En Palestina, el papa y los católicos deben enterarse de algunas cosas referentes a la iglesia de Jerusalén. A pesar de su posición minoritaria en el Estado judío, la iglsia ortodoxa se mantiene libre y no la han podido subvertir. Su teología es terminantemente triunfalista y resplandeciente; creemos en Cristo y en la victoria de la ortodoxia, como lo celebramos el domingo pasado, el primer domingo de cuaresma. Nuestra iglesia es universal y católica, pues nosotros, desde Jerusalén hasta Moscú, pasando por Antioquia y Constantinopla, estamos unidos por una misma comunión, aunque no tengamos un pastor único. No tenemos hermanos mayores, no tenemos sionistas en medio de nosotros. No tenemos relaciones particulares con los judíos, a no ser que quieran unirse a nosotros. Rechazamos las herejías, y no dudamos en anatemizar a los herejes, incluyendo a los papas de Roma que llegaron demasiado lejos en su deseo de someterse a los poderes de escala mundial. Nuestra Iglesia no está en busca de mejores relaciones públicas, no cambia sus reglas en un esfuerzo para atraer a más creyentes; Nuestra iglesia venera íconos, pero no se doblega ante ningún ídolo.


Israel Adán Shamir
Traducción: Maria Poumier

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Espiritualidad

Domingo Riorda

En la entrevista realizada a Leonardo Boff por Sergio Ferrari y Beat Tuto Wehrle (ver PreNot 8018 del 090313) el teólogo brasileño afirma que “No hay que dejar que la espiritualidad sea el monopolio de las religiones, sino un dato antropológico”

Ese concepto lo expresa al expresar “que una ética no se impone si no hay un áurea de espiritualidad” explicitando que es “Un sentido más amplio de la vida” ene. que “Estamos enganchados con algo que trasciende el mundo, somos seres en una serie infinita de acción que sólo descansan cuando identifican esa realidad más trascendente y ven lo que está por detrás”.

La propuesta de Boff es revolucionaria aún cuando las dirigencias eclesiásticas no la tomen en cuenta y sea recibida como un abuso del pensamiento o del estilo literario.

La espiritualidad es considerada como un área intrínseca de la religión. En el caso del cristianismo como algo esencial de esa expresión religiosa y que solo se logra si se inserta en él. Más aún, suele ser colocada como el camino a la salvación.

Cuando Boff sostiene que no debe dejarse que las religiones monopolicen la espiritualidad está afirmando que ella, la religión y en el caso concreto del cristianismo, no la tiene como propiedad privada.

Siglos atrás la Iglesia se sentía propietaria de la interpretación cósmica, hasta que alguien comprobó que la tierra no era el centro del universo. Con ese dato desplazó, junto al planeta tierra, al ser humano ya que este era considerado centro de la tierra y por lo tanto centro del universo. La jerarquía eclesiástica se alteró a lo sumo ya que ella se consideraba dueño del ser humano y por tanto del universo. Sintió en lo hondo el proceso de las relaciones líquidas mucho tiempo antes que las proclamara Zygmunt Barman.

En su rito de sobrevivencia la Iglesia se acomodó y amplificó otro polo de poder que había tenido más o menos en segunda prioridad. La interioridad del ser humano le pertenecía. Ese mundo tan profundo que ya preocupaba al salmista cuando descubrió que tenia un mundo interior que no conocía y que, en el lenguaje de su tiempo, lo denominó “los pecados no conocidos”

Hete aquí que décadas posteriores al que reubicó la tierra en el universo, surge alguien que se introduce en esa interioridad y establece lógicas de pensamiento y certifica mecanismos para tratarla y caminos para curar o mitigar las dolencias de la interioridad humana.

El conocerse a sí mismo, saber que pasa con ese mundo tan amplio como profundo, pasa a manos de especialistas. Curas y pastores, obispos y monseñores se rasgan las vestiduras por el avance de los nuevos Aníbal que cruzan los Alpes del asombro para tomar la Roma que es propiedad privada de los eclesiásticos.

Ahora, cuando todavía no terminaban de reubicarse del tronar de los elefantes de los bárbaros. Cuando habían logrado autoproclamarse propietarios del sagrado espacio de la espiritualidad dentro de la interioridad humana, llega alguien, de un país que no es de Europa, que provee excelentes jugadores de fútbol pero no le es permitido tener pensadores, para proclamar a los cuatro vientos que la espiritualidad es propiedad de todo ser humano.

En la lógica de no perder el poder sobre la vida de los humanos, de seguir siendo la madre de todos (porque ellos utilizan pocas veces el término todas), de mantener el dedo índice en tono acusador, se encuentran con el reclamo de compartir cooperativamente su posesivo reducto de la espiritualidad.

La jerarquía eclesiástica, de cualquier iglesia, percibe que tiene dos problemones a resolver.

Uno el reconocimiento de la espiritualidad como de todos y todas, “dato antropológico” según Boff.

El otro el de revisar el valor real de sus ejercicios y prácticas de la denominada espiritualidad cristiana. Entre los descubrimientos que aparecerán seguro que no faltará el eje de la sumisión, impreso en tantas oraciones y gestos como el beso del anillo, “y si el pastor lo dice”, el “hay que ser obediente”, cerrar los ojos –no ver nada– cuando se ora, arrodillarse para tomar la comunión. Palabras y actos gestuales incorporados desde las estructuras sociales de ser sumisos ante el poderoso de turno.

No solo habrá que otear como se desarrolla y vive la espiritualidad en otras religiones, sino como la desarrolla y vive el ateo y la atea, el agnóstico y la agnóstica y los y las indiferentes. Razón tiene Boff al hablar del “dato antropológico” que tiene antecedentes en Victor Frankl, Erich Fromm y hasta en el dignísimo Michel Onfray, por nombrar algunos a los que se pueden agregar Jean Paul Sartre y Albert Camús.

Es difícil, para no decir imposible, que las jerarquías eclesiásticas vean en la cita de Boff el movimiento del Espíritu, viento que sopla desde donde no se espera, y si que reaccionen fortificando sus muros porque detrás de ellos creen que pueden conservar el poder y el boato.+ (PE)


Domingo Riorda
09/03/13 - PreNot 8020
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jueves, 12 de marzo de 2009

Una Tristeza Indecente

Norberto D'Amico

Mi recuerdo afectuoso y agradecido de Marcella Althaus-Reid. (*)

Supongamos que estamos en 1991. La teóloga argentina entra en un departamentito del barrio de Almagro, tapizado de margaritas anaranjadas. Calla ante el empapelado chillón, para dirigirse, atenta, a sus habitantes. “Uy, que lindo!” dice señalando con el gesto unos cajones rústicos de madera encimados con cierta gracia.

Sí, aquellos que habían contenido la fruta en los mercados y ahora sostienen libros apilados, pequeños cacharros mexicanos y una cruz enorme, negra, de cartón, con un triángulo rosa en el centro, que ya protagonizó su primer enfrentamiento público con la curia católica. “...frente a la Catedral, y detrás de la cruz estaba todo el movimiento...y había mujeres y trans... “ le contamos, asombradísimos.

Años después, el aroma de la fruta y el sexo de las vendedoras de limones en las calles de Buenos Aires, le servirían de inspiración para introducir la obra que tiró, en la cara de los dinosaurios, los calzones de la teología:

“¿Debe una mujer llevar bragas en la calle o no? ¿Debe quitárselas, digamos, cuando decide acudir a la iglesia, como recordatorio más intimo de su sexualidad en relación con Dios? ¿Cual es la diferencia si la mujer vende limones y, así, se los vende a usted en la calle, desprovista de ropa interior? Mas ¿Cual es la diferencia si así se sienta a escribir teología?..." se pregunta Marcella, en la introducción de su Teología Indecente, por el año 2000.

Pero todavía estamos a principios de los noventa. Marcella saca un grabador y nos anuncia que vino desde Inglaterra a hacer una entrevista: “Teología de la liberación gay”. Además de trámites, visitas familiares... “Porque sabés...? allá es otra historia...”

Incansable y conversadora, formula preguntas largas, pero de una profunda coherencia. Veo el afecto, que digo afecto! el amor, en sus ojos. Y la simpatía en los de su compañero Gordon, que no entiende mucho lo que hablamos en nuestro porteño castellano, con mate de por medio, grabación, narrativa de sus aventuras por Europa, la tarea con las teólogas feministas, las cosas de nuestras vidas de “locas”.

Praxis y más praxis con las pobres mariconas de la fe, eso es lo que hacemos, Marcella... Les tiramos los calzones en la cara a los moralistas cristianos. Como harás vos. Aunque todavía no sabemos lo que estamos haciendo... “En común, siglos de opresión patriarcal en esa mixtura latinoamericana de clericalismo, militarismo y autoritarismo de la decencia....” sigue Marcella.

El artículo volvió impreso, mucho tiempo después, con detallada narración sobre el mate y la orgullosa impronta de la tarea que realizábamos acá, acompañado, más tarde, con algunos libros de teología feminista, cartas y bastante más tarde, correos electrónicos en los que iba y venía, aparecía y desaparecía. Como siempre. Y como ahora, en el momento menos esperado...

Nada pudo el tiempo, opacar el impacto de aquel primer contacto con esa tejedora de redes, brillante confesora de extraños enunciados epistemológicos: bisexuales, queer, porteños... Su gota, desbordando el menos común de los sentidos, pero el más perpetrado, sigue calmando, apenas, mi sed.

“Si visita usted mi ciudad, Buenos Aires, trate de conocer, por favor, a las mujeres vendedoras de limones que verá sentadas en las calles de determinados barrios...”

Un hilo nos sujeta en la tristeza, hoy, de Norte a Sur, de Este a Oeste. No se si nombrarlas y nombrarlos, pero siento vibrar su pena. Te agradezco tanto, Marcella, este hilo que me ata a tu manojo de cuerpos y sexualidades, interpelados por los afanes de liberación, hechos textos de la rebelión y gestos de amistosa bienvenida a la Divinidad Queer que abraza nuestros muertos y nuestros vivos.

Como me dijo Andre Sidnei Musskopf desde su Sao Leopoldo, tras la noticia que menos queríamos leer, la que editó la tristeza de Mary Hunt en su Washington DC: “nos irmanamos nesta tristeza como sabemos fazer”.

Esta tristeza indecente, que llora de amor en la injusticia del mundo y todo lo dice en Dios.+ (PE/El Centro)


Norberto D'Amico (**)

(*) Marcella María Althaus-Reid nació en Rosario, Argentina, en 1952 y falleció el 20 de febrero de 2009 en Edimburgo, Escocia. Teóloga, era profesora en la Escuela de Divinidad de New College, de la Universidad de Edimburgo. Entre sus libros, el más conocido es “La teología indecente”

(**). El artículo de Norberto D'Amico fue publicado por la edición web El Centro, del Centro Cristiano de la Comunidad GLTTB, el 8 de marzo de 2009.


09/03/11 - PreNot 8013
Agencia de Noticias Prensa Ecuménica
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martes, 3 de marzo de 2009

España, tierra de evangelización

Rafael Fernando Navarro

“España es cristiana o deja de ser España” Lo repite machaconamente el Cardenal Cañizares. “Se debe votar a los partidos que creen en el evangelio,” aconsejaban los Obispos gallegos en las últimas elecciones autonómicas. Los españoles tenemos que retrotraernos muchos años para comprender los planteamientos de un cristianismo golpista y añejo, impuesto desde la primacía mitrada y desde la soberanía del Pardo. Y no hablemos de regímenes bendecidos por la Iglesia porque se mecen en la memoria macarenas con bandas de Queipos torturadores.

España se ha descristianizado y por tanto hay que reevangelizarla. Los Obispos siempre se han caracterizado por su incapacidad de análisis y más aún de autocrítica. Evidentemente no somos lo que nos obligaron a ser. Nuestro esfuerzo nos ha costado y sentimos orgullo por ello. Pero la inmutabilidad anacrónica de la jerarquía no le permite avanzar, anclada en una calculada identificación de tradición y pasado. Y la imposibilidad de autoinculpación conduce a la conclusión sartriana de que el infierno son los otros. El hombre actual ha roto con el hermetismo existencial que le convertía en un dato y se ha abierto a la aventura de ir siendo provisionalidad para sí mismo.

La Jerarquía pretende un dominio absoluto y manipulador de Dios y del hombre. Vive inmersa en definiciones cerradas y estériles. Tiene miedo a las interrogantes e imparte respuestas categóricas, endogámicas y dogmáticamente definitivas. Ninguna sociedad moderna se hubiera arrogado la infalibilidad. Sólo la Iglesia, en su orgullo infinito y blasfemo, es capaz de apropiarse semejante dimensión. Depende así, no tanto del Dios-gracia, de la imprevisivilidad del Otro, cuanto de unos códigos reguladores, de unas imposiciones legales, farisaicas, hipócritas y destructoras del Dios-sorpresa de Abraham, del Dios-siempre-desconcertante de la cruz.

España ha dejado de creer en Dios –dicen los Obispos. ¿De qué Dios se trata? ¿Del dios cómplice que convierte en cruzadas actitudes criminales? Cuando Juan Pablo II visita Nicaragua recrimina severamente a Ernesto Cardenal su compromiso con una revolución liberadora. Cuando visita Chile le imparte la comunión a Pinochet. Cuando Videla, cuando Franco, cuando Strösner. Entre el Obispo Romero y Escrivá de Balaguer, ente Helder Cámara, Casaldáliga, Küng, Böf o Rouco, Cañizares, Gascó, Martínez Camino, la elección es clara. Entre la teología de la liberación y el código de derecho canónico, debe ser éste el que rija las relaciones verticales Papa-Obispos-mundo. Se destruye toda fraternidad. Entre hombre y mujer hay una prelación que dimana de un dios misógino por antonomasia. ¿De qué Dios están apostatando los españoles? Deberían preguntárselo los Obispos, siempre poseedores de la luz, usurpadores de la aventura humana, dominadores compulsivos del Dios-hombre-peregrino, siempre a punto de ser, esperanza siempre, nunca espera, futuro dinamizador, nuca porvenir predefinido.

El hombre-creciente no contemporiza con un dios-jibarizado. El dios canónico, moralista y moralizante, estático y paralizante, bisturí de la libertad humana, desentendido de la pobreza, de la miseria económica y ontológica del hombre, envidioso de su quehacer constructor del mundo y de la historia, no puede ser el Dios de los profetas, de las interpelaciones y las interrogantes.

Señores Obispos: pregúntense por el hombre. Tal vez entonces encuentren la respuesta creadora, la palabra que fecunda el mundo en su devenir de luz siempre estrenada.


Rafael Fernando Navarro
http://marpalabra.blogspot.com


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lunes, 2 de marzo de 2009

¿Es la religión enemiga de la civilización?


En el mundo actual, las Iglesias se han convertido en un factor de conflicto y un obstáculo para la "salvación", sea eso lo que sea. Sobreviven porque sus jerarquías quieren conservar el poder y sus privilegios

Todos recordamos seguramente la famosa frase de Nietzsche sobre la muerte de Dios. Y también su cláusula: Dios seguirá proyectando su sombra en nuestro mundo durante mucho tiempo. ¿Qué pasaría si aplicáramos la frase de Nietzsche también, y sobre todo, a las religiones? En muchos sentidos, es verdad que, en gran parte del mundo contemporáneo, la religión como tal está muerta, pero todavía proyecta sus sombras en numerosos aspectos de nuestra vida privada y colectiva. Por cierto, dejemos claro que el Dios cuya muerte anunció Nietzsche no es necesariamente el Dios en el que muchos de nosotros seguimos creyendo; yo me considero cristiano, pero estoy seguro de que el Dios que estaba muerto en Nietzsche no era el Dios de Jesús. Incluso creo que, precisamente gracias a Jesús, soy ateo. El Dios que murió, como dice el propio Nietzsche en algún lugar de su obra cuando le llama "el Dios moral", es el primer principio de la metafísica clásica, la entidad suprema que se supone que es la causa del universo material y que requiere esa disciplina especial llamada teodicea, una serie de argumentos que tratan de justificar la existencia de ese Dios o esa Diosa frente a los males que vemos constantemente en el mundo.

La tesis que quiero presentar aquí es que las religiones están muertas, y merecen estar muertas, tal como Nietzsche habla de la muerte de Dios. No sólo están muertas las religiones morales, en el sentido más obvio de la palabra: desde dentro de la sociedad cristiana y católica de Europa, es fácil ver que son muy pocos los que observan los mandamientos de la moral cristiana oficial. Lo que está muerto, en un sentido más profundo, son las religiones "morales" como garantía del orden racional del mundo.

La institucionalización de las creencias, que dio origen a las Iglesias, incluyó (no sé si sólo en la práctica o como factor necesario) una reivindicación del poder histórico, en el sentido de que era casi natural y necesario que una religión moral se convirtiera en una institución temporal poderosa. Es lo que parece haber ocurrido con el catolicismo, pero se pueden ver muchos otros fenómenos similares en la historia de otras religiones. Incluso el budismo engendró un Estado, el Tíbet de los lamas, que ahora lucha por sobrevivir frente a China. En todas partes -por ejemplo, en el hinduismo-, el mismo hecho de que exista una diferencia entre clérigos y legos hace que la religión se convierta en una institución, cuyo objetivo principal es siempre su propia supervivencia. Mencionaré de nuevo el ejemplo de la Iglesia católica: si no hubiera sobrevivido a lo largo de los tiempos, yo no habría podido recibir el Evangelio, la buena nueva de la salvación. Una vez más: como en el caso de la muerte de Dios de Nietzsche, la muerte de las religiones institucionalizadas no significa que no tengan legitimidad. Sencillamente, llega un momento en el que ya no son necesarias. Y ese momento es nuestra época, porque, como puede verse en muchos aspectos de la vida actual, las religiones ya no contribuyen a una existencia humana pacífica ni representan ya un medio de salvación. La religión resulta un poderoso factor de conflicto en momentos de intercambio intenso entre mundos culturales diferentes. Por lo menos, eso es lo que ocurre hoy: en Italia, por ejemplo, existe un problema con la construcción de mezquitas, porque la población musulmana ha aumentado de forma espectacular. La hegemonía tradicional de la Iglesia católica está en peligro, pero los católicos no se sienten amenazados en absoluto por esa situación; sólo los obispos y el Papa.

La Iglesia afirma que defiende su poder (y los aspectos económicos de él) para preservar su capacidad de predicar el Evangelio. Sí; pero, como en tantas instituciones, la razón suprema de su existencia se queda muchas veces olvidada a cambio de la mera continuidad del statu quo. Lo que quiero decir es que, en el mundo actual, sobre todo en el Occidente industrial, la religión como institución se ha convertido en un factor de conflicto y un obstáculo para la "salvación", sea eso lo que sea. Quiero subrayar que hablo de la muerte de las religiones en el mismo sentido en el que acepto el anuncio de Nietzsche sobre la muerte de Dios. La religión que está muerta es la religión-institución, que contribuyó enormemente al desarrollo de la civilización pero, al final, se convirtió en un obstáculo.

Hablar de la muerte de las religiones en un sentido relacionado con el anuncio de la muerte de Dios de Nietzsche no significa, desde luego, que la religión nunca haya tenido sentido para la humanidad. Ni siquiera se puede decir que la frase de Nietzsche significa que Dios no existe. Ésa sería de nuevo una afirmación metafísica, que Nietzsche no quería pronunciar, por su rechazo general a cualquier metafísica "descriptiva". La lucha contra la supervivencia de las religiones de la que hablo tiene poco que ver con la negación racionalista de todo significado a los sentimientos religiosos. Incluso se toma muy en serio ese resurgimiento de la necesidad de una relación con la trascendencia que caracteriza numerosos aspectos de la cultura actual. Citaré de nuevo a Nietzsche, que dice que Dios está muerto y ahora queremos que existan muchos Dioses.

Mientras las religiones sigan queriendo ser instituciones temporales poderosas, son un obstáculo para la paz y para el desarrollo de una actitud genuinamente religiosa: pensemos en cuánta gente está abandonando la Iglesia católica por el escándalo que representan las pretensiones del Papa y los obispos de inmiscuirse en las leyes civiles en Italia. Los ámbitos de la ética familiar y la bioética son los más polémicos. En Estados Unidos, el anuncio reciente del presidente Obama sobre su intención de eliminar las restricciones a la libertad de las mujeres para abortar ha suscitado una amplia oposición por parte de los obispos católicos. La oposición contra cualquier forma de libertad de elección en todo lo relacionado con la familia, la sexualidad y la bioética es continua e intensa, sobre todo, en países como Italia y España. Tengamos en cuenta que la Iglesia se opone a leyes que no obligan, sino que sólo permiten la decisión personal en estos asuntos. Deberíamos preguntarnos de qué lado está la civilización.

Hace poco, el Papa repitió su idea constante de que la verdad no es negociable. ¿Ese "fundamentalismo" es sólo característico del catolicismo, o de todo el cristianismo? Quienes hablan de civilizaciones tienen la responsabilidad de tener en cuenta esta condición concreta. No hay más que ver los frecuentes diálogos interreligiones que se celebran en cualquier parte del mundo, en los que los interlocutores suelen ser "dirigentes" de las distintas confesiones. No dialogan para cambiar nada; no es más que una forma de volver a confirmar su autoridad en sus respectivos grupos. ¿Acaso sale de estos frecuentes encuentros algo útil para la paz y la mutua comprensión de los pueblos? Mientras no se elimine el aspecto autoritario y de poder de las religiones, será imposible avanzar hacia el mutuo entendimiento entre las diversas culturas del mundo.

Esta conclusión puede parecer una gran paradoja, dado que, en general, se ha considerado que la religión era un medio de educar a la humanidad hacia la caridad, la piedad y la comprensión. En muchos sentidos, la compasión parece ser la base fundamental de toda experiencia religiosa. Y es cierto, ya sea desde el punto de vista del cristianismo, el budismo, el hinduismo, el islam o el judaísmo. Hasta aquí, nada que objetar. Pero precisamente por eso es por lo que debemos reconocer que ha llegado la hora de que las personas religiosas se alcen contra las religiones. Y que afirmen tajantemente que la era de la religión-institución se ha terminado y su supervivencia sólo se debe a los esfuerzos de las jerarquías religiosas para conservar su poder y sus privilegios. El hecho de que esta tesis parezca inspirarse, en gran parte, en la experiencia cristiana (y católica) europea, no limita su validez para otras culturas. Seguramente, el veneno del universalismo se extendió por el mundo gracias a los conquistadores europeos, que son responsables de la estricta asociación entre conversión (al cristianismo; recuérdese el compelle intrare de San Agustín) e imperialismo. Ahora es el mundo latino el que debe romper esa asociación y separar la salvación de cualquier pretensión de creencia y disciplina universal como condición para alcanzarla. No es una tarea fácil.


Gianni Vattimo
El País – 1 de març de 2009
Gianni Vattimo es filósofo y político italiano. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

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sábado, 17 de enero de 2009

Semejanzas

Pepcastelló

A menudo me devano los sesos tratando de encontrar el porqué de la semejanza de paisajes que observo a lado y lado de esta tierra de nadie en la que me exilié hace ya tiempo. Desde lo alto de mi incómoda atalaya sobre la que me esfuerzo por mantener un equilibrio casi de estilita, observo que apenas hay diferencia entre el mundo religioso y el profano. En ambos veo infinidad de altares erigidos en honor de los infernales ídolos adorados por esta civilización occidental cristiana de la que soy parte, sobre los que se prodiga un culto permanente por parte de gobiernos y entidades de todo orden, al cual se entrega la mayor parte de la población tanto en público como en lo más recóndito de casi todos los hogares. Las ofrendas de sudor, sangre y sufrimientos, propios y ajenos, no faltan sobre los idolátricos altares del dinero, la fama, el triunfo, el éxito personal, el confort, el poder...

No obstante debo decir que del lado religioso, entre los muchos altares a los ídolos veo algún altar al Dios supremo y su corte celestial, en los que de manera oficial y también privada, se rinde culto. Pero observo que la presencia de ese Dios no impide la proliferación del culto idolátrico, sino que uno y otro conviven en buena armonía. Tanto en un lado como en el otro las gentes viven mayoritariamente entregadas al goce de sus fantasías mentales y a la contemplación de los imaginarios que con sutileza y constancia instalaron en sus mentes quienes controlan las masas. Unos jactándose de espirituales, siguiendo prácticas religiosas y profesando creencias que según dicen garantizan su felicidad en un más allá al cual piensan acceder cuando el gozo de esta vida de acá se les acabe. Otros menospreciando cuanto no sea alcanzable en esta vida, gozando con la contemplación de cuanto poseen y de lo que desearían tener. Ambos adorando intangibles, símbolos sagrados incuestionables. Más parecidos entre unos y otros, imposible.

De pronto, cuando menos se esperaba, a este sinnúmero de similitudes ha venido a sumársele la crisis. Hasta ahora solamente la padecía el mundo religioso, en franco retroceso, con los templos cada vez más vacíos, con escasas vocaciones sacerdotales, y con una gran parte de la población encendiendo velas y haciendo ofrendas tanto en los altares de Dios como en los del diablo. Pero de la noche a la mañana la crisis ha irrumpido con fuerza en el mundo profano, haciendo ver a quienes en el moran lo poco fiables que son sus ídolos.

Crisis pues en uno y otro lado, pero con una diferencia: mientras que del lado profano se lanzan acusaciones contra quienes se consideran responsables de semejante debacle, en el lado religioso la responsabilidad se diluye y se exculpa de ella a quienes bien pudieran ser los máximos responsables. A la pregunta de por qué hay en el mundo religioso tantos altares a los ídolos profanos, la respuesta obtenida ha sido casi siempre elusiva y ambigua: «cada cual sigue a Jesús como puede», «la Iglesia es una institución divina en manos de humanos», «somos egoístas, imperfectos...», «todos somos Iglesia»... A nadie se le ocurre, por lo general, que algo puedan estar haciendo mal quienes asumen la responsabilidad terrenal de esa institución que tan poco divina se nos muestra.

Desde mi personal perspectiva de no creyente, de morador de la tierra de nadie, ni religiosa ni profana, desprovisto totalmente de esa fe ciega que está dispuesta a tragar lo que sea con tal de poder seguir gozando de los placeres del alma que los representantes de Dios en la tierra procuran a sus fieles, me atrevo a preguntar:

• ¿No será que, al igual que la profana, la crisis religiosa se debe al egoísmo y la estrechez de miras de las máximas autoridades y de quienes fielmente les siguen?

• ¿No será que tanto los líderes profanos como los religiosos han obrado y siguen obrando falazmente, alentando fantasías en vez de valores reales?

• ¿No será que tanto el mundo profano como el religioso tiene que dejar ya de escuchar monsergas y aprender a pensar por su cuenta?

• ¿No será que esas doctrinas económicas, sociales y cristianas que hoy predican las voces autorizadas se alejan tanto de la realidad humana que sólo sirven a unas minorías privilegiadas?

Como de costumbre, no tengo respuestas para estos interrogantes. En esta estrecha franja de tierra de nadie no hay espacio para cultivar respuestas categóricas. Tan sólo pueden florecer aquí tenues preguntas, cuyas semillas tal vez el viento de la vida haga llegar a alguna parte. Aun así, doy gracias por ellas desde lo más hondo de mi alma.


Pepcastelló

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martes, 13 de enero de 2009

Mitos i falacias

Pepcastelló

Desde muy antiguo es sabido que el ser humano se mueve a golpe de corazón. Que a golpe de corazón amamos, odiamos, envidiamos, codiciamos... Nadie se libra de los latidos de esa metafórica víscera y de las consecuencias que conllevan, buenas o malas para propios y ajenos, pero siempre por encima de toda razón.

El corazón ajeno es, por su gran poder para determinar conductas, el más frecuente objetivo de todas nuestras acciones. Ganarlo para ponerlo de nuestra parte o destruirlo emocional o físicamente cuando esa captura previa no es posible suele ser un impulso común a muchos seres humanos. Y a ese fin de captura o destrucción se ha aplicado con gran esfuerzo el intelecto a lo largo de los tiempos. Las religiones mitificando y sacralizando cuanto útil para ese menester hallaban en su entorno. Los regímenes autoritarios imponiendo su visión del mundo y de las relaciones humanas, casi siempre por la simple razón de la fuerza, y no pocas veces con la colaboración de líderes religiosos del más variado orden.

Durante siglos, quienes pretendieron ganarse el corazón de la gente para poder controlar su conducta por vía afectiva echaron mano de mitos y de símbolos, conscientes de que ellos son inherentes a la naturaleza humana y expresan sus anhelos más profundos. Pero como no siempre ese afán de control respondía a intenciones desinteresadas, quienes a él se aplicaban no tuvieron demasiados escrúpulos en pasar del mito a la falacia. Y así se dictaron en el mundo, siempre con a ayuda de la fuerza que en su propio beneficio ejercían los poderosos, preceptos y dogmas que nada tienen de humanos.

El término corazón está hoy en desuso. Queda casi como recuerdo ancestral de épocas aparentemente menos racionales que la presente. Pero el procedimiento para controlar las masas siguen siendo, al igual que hace cientos de años, el asedio emocional que culmina con la captura afectiva de los individuos. Y así vemos con pesar como ha sido secuestrado todo pensamiento liberador, toda sabiduría, por las instituciones de poder de todo orden, políticas y religiosas o ambas cosas a un tiempo; como permanece cautiva la utopía en los lazos de quienes dicen propagarla; como han sido perversamente torcidas las enseñanzas de los grandes maestros, entre ellos Jesús de Nazaret; como la más cínica mentira prevalece por doquier sobre la verdad; como triunfan los lobos disfrazados de cordero...

La mayor parte de la población que goza hoy de un estatus suficiente en nuestra opulenta civilización occidental cristiana vive con la conciencia anestesiada por un constante bombardeo emocional que le libra de sentir culpa alguna ante las injusticias que aseguran su bienestar. En esa misma línea hay que apuntar el embeleso religioso, que hace del culto un fin en sí mismo. Y por más que ya hace siglos resonó en el mundo judío la advertencia del profeta de que no era culto lo que Dios quería sino misericordia, los estamentos religiosos nunca hicieron caso. ¿Para qué, si un cambio como ése iba en su contra?

Desde esta perspectiva ex-creyente, ex-católica y ex-religiosa desde la cual quien esto escribe contempla a ese colectivo que se autodenomina Iglesia no es fácil entender la actitud que ésta adopta ante el cúmulo de tristezas que afligen al mundo. Podemos entender humanamente los motivos de todo orden que laten en los corazones de esos millones de almas que se cobijan espiritualmente, cuando no también materialmente, bajo la cúpula de San Pedro. Podemos entender la ceguera mental que tuvieron en otros tiempos ya pretéritos las pobres gentes de eso que denominamos pueblo creyente. Pero en modo alguno podemos aceptar su actual conducta, el consentimiento que con su silencio cómplice dan hoy a quienes la lideran, teniendo como hoy se tiene la debida información y el nivel de conocimiento necesario para reflexionar.

Resulta doloroso, muy doloroso, llegar a la conclusión de que ninguna otra organización humana de cuantas se hallan en nuestro entorno puede suplir la función de desvelar conciencias que debiera desempeñar esa Iglesia que dice ser seguidora de Jesús, pero a la cual, con toda la pena que nos cabe en el alma, no podemos ver sino como falaz e interesada.

Jesús dio testimonio con su vida de cuanto creía y predicaba. La Iglesia lo denominó Cristo e hizo de él un símbolo. Pero ahora utiliza ese símbolo como objeto de culto para adormecer conciencias y captar por vía emocional corazones y afectos hacia sí misma, no hacia los valores que Jesús predicaba.

Si desde una perspectiva humana una tal conducta es inaceptable, ¿cómo puede ser aceptada desde una perspectiva cristiana? Solamente si el cristianismo ese del cual abominamos consiste en seguir a la Iglesia en vez de seguir al Jesús que nos roba el corazón cuando lo vemos a través del Evangelio.


Pepcastelló

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martes, 11 de noviembre de 2008

Religión: “la música de fondo”

El reciente estudio, que la Fundación Bertelsmann ha hecho sobre los valores religiosos en 21 países, pone en evidencia que la religión en España es asunto de mujeres y personas mayores. Así es. Basta asomarse a cualquier iglesia y en cualquier día de la semana (incluidos los domingos y fiestas de guardar) para darse cuenta de que, efectivamente, en los lugares de culto, fuera de casos muy raros, sólo hay mujeres y algún que otro hombre de edad. A la gente joven, normalmente, no le interesa lo que se hace o se dice en los templos. Lo sabemos de sobra. Y a veces tengo la impresión de que asistimos resignados a este proceso de descomposición de las creencias sin saber a ciencia cierta en qué va a parar todo esto. Los especialistas que, en base a 22.000 encuestas, han hecho el estudio de la Fundación Bertelsmann, dicen que, en España, la religiosidad está presente en la sociedad, aunque muchos sólo la perciben de forma inconsciente en su vida cotidiana, como si fuera una “música de fondo”. Algo es algo. Pero ya sabemos que una música de fondo viene bien para ambientar o hacer más agradable lo que realmente estamos haciendo, que sin duda es una cosa que nada tiene que ver con la música.

¿Qué nos está pasando? Hay un hecho que salta a la vista: la oferta de gratificación inmediata que la sociedad de consumo nos hace a todas horas y por todas partes, esa oferta tiene más fuerza de atracción que todo cuanto suele ofrecer la religión hablando de la otra vida, como promesa de felicidad, y de esta vida como exigencia de no pocas renuncias. Sinceramente, cada día veo más claro que mientras la religión y sus dirigentes sigan por ese camino, religión y dirigentes van derechos a hundirse en la miseria. Y que nadie me venga con aquello del “sentido de la vida”, para hacer la barata apología de que es la religión la que “da sentido” a esta vida sin sentido. No, por favor. Sánchez Ferlosio ha dicho, hace poco, que “a la felicidad nunca se le ha ocurrido, que se sepa, preguntarse por su propio sentido... una vida feliz no pregunta por su sentido, porque se siente fin en sí misma, no está en función de nada.... Sólo la vida infeliz pregunta por el sentido, porque no lo halla en sí misma, y piensa que su infelicidad debe de consistir en estar en función de otra cosa que sea su sentido, y pregunta: ¿Dónde está mi sentido?”. Si uno dice que la religión da sentido a su vida, es que esa vida no tiene sentido.

La religión dejará de ser “música de fondo”, para muchos, el día que se convierta en “gozo de felicidad”, para todos, el día que los dirigentes y practicantes de la religión comprendamos, de una vez por todas, que la religión se puede vivir de otra manera. Es más, que se debe vivir de forma distinta. En estos días, en los que la victoria electoral de Obama nos ha hecho recordar el famoso “sueño” de Martin Luther King, en 1963, yo también me atrevo a decir que tengo un sueño. Por supuesto, sueño en las mismas cosas que soñaba Luther King. Pero me pregunto muchas veces cómo conseguir que ese sueño se haga realidad. Y no encuentro otra respuesta que el retorno a los valores que configuran la vida feliz y con sentido que a todos nos presenta el Evangelio. Lo digo sin rodeos: el Evangelio, más que un libro de religión, es un libro que enseña las claves de la vida. Las claves que explican lo que ha ocurrido en la campaña electoral de Estados Unidos. El milagro de la superación del racismo. El milagro de la recuperación del entusiasmo de los jóvenes. El milagro de una religión que no divide a la gente, sino que une a blancos y negros, a cristianos y musulmanes, a fieles e infieles, a ricos y pobres, a cultos e incultos, a todos, en la ilusión de que es posible un mundo más humano, más habitable, más fraterno

En un libro, que acabo de escribir sobre “La Religión de Jesús”, digo que el Evangelio es una recopilación de “recuerdos”. O mejor, el Evangelio es el “recuerdo peligroso de la libertad”. Porque es el recuerdo que se refiere a aquellas tradiciones de las que nació uno de los más grandes anhelos de libertad que la humanidad ha presentido, como bien ha sabido explicar el gran pensador de la teología política, J. B. Metz. Se trata de la libertad que cuestiona nuestros miedos, nuestras represiones, nuestras inseguridades, nuestros irracionales sentimientos de culpa, nuestros desalientos, nuestras cobardías. Y también nuestras seguridades. Por eso el Evangelio es “memoria subversiva”, que nos descubre horizontes nunca imaginados. Porque nos dice que, cuando hacemos de nuestra vida un proyecto de felicidad, o sea, cuando sabemos aunar los sueños y anhelos de muchos, para fundirlos en sonrisas de alegría compartida, sin reproches ni amenazas, sin yugos que oprimen nuestras espaldas, sino con el disfrute y el encanto de la gran fiesta de todos, entonces - y sólo entonces - estamos entendiendo eso que llamamos “Evangelio”, la Religión de Jesús, el Proyecto de la Humanidad, aquello en lo que todos coincidimos.

Estoy seguro de que el día que empecemos a entender así la religión, ese día la religión no será cosa sólo de mujeres y de personas mayores. Será sin duda la cuestión capital para todos. Porque la religión dejará de ser la pesada carga que separa y divide, que canoniza a unos y se olvida de otros, que amenaza a casi todos y pone pedestales a no pocos ambiciosos. Entonces la religión empezará ser el gran Proyecto de la Humanidad.


José M. Castillo

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domingo, 2 de noviembre de 2008

Generar utopía

Pepcastelló

La función propia de las religiones no es gobernar, sino generar utopía.

Esta frase que dijo Leonardo Boff en una conferencia que hace tiempo le escuché en la basílica de Santa María del Pi, en Barcelona, me ha venido ahora a la memoria al leer el evangelio de Lucas 13, 10-17. Y haciendo cábalas sobre una y otro, se me ocurre lo que ahora escribo.

La humanidad avanza hacia su omega por sendas que en tiempos remotos eran desconocidas o bien se creían impracticables. «Las utopías de antaño son realidades hogaño». No sé quien lo dijo, pero es bien cierto. La imaginación, la fantasía, el deseo de ir más allá, inherente a la naturaleza humana, es lo que nos guía. Y nos acercamos a la utopía cada vez que realizamos un sueño que parecía imposible.

Por un don del Creador o de la naturaleza humana -según se mire desde una perspectiva religiosa o antropológica- la utopía nace y crece en el interior de cada ser humano, desde donde se extiende a la sociedad. Es un proceso de crecimiento interno, luego es lento, requiere dedicación y tiempo. El papel que ahí han jugado y juegan las religiones, la filosofía, la educación y los conocimientos adquiridos a lo largo de los tiempos son las herramientas de las cuales nos hemos valido durante siglos y podemos valernos todavía para llevar a cabo esta labor de avanzar personal y socialmente.

Si la frase de Boff me movía a preguntarme de qué modo la religión que conozco genera utopía, el evangelio que he citado me sugiere algunas respuestas.

En esta narración el evangelista nos presenta un Jesús lleno de compasión que antepone el bien de la mujer enferma a la norma religiosa. Nos muestra también la indignación del jefe de la sinagoga ante esta no observancia del sábado. Nos muestra la contundente contestación de Jesús. Y finalmente nos dice como reaccionaban quienes estaban presentes.

No me cabe la menor duda de que una actitud como la de Jesús es un avance hacia la utopía. Lo es todo cuanto nos mueve a la empatía, a la compasión, a actuar gratuitamente para aliviar el sufrimiento ajeno dejando de lado prejuicios, normas y sociales o religiosas. En la medida en que quienes dicen ser seguidores de Jesús sigan ese ejemplo contribuirán a avanzar hacia la utopía.

En cambio, tal como bien nos muestra ese pasaje del evangelio de Lucas, la religión no camina hacia la utopía cuando pone en primer plano las normas eclesiásticas, como hace el jefe de la sinagoga. Cuando considera más importante el cumplimiento de la Ley que la bondad del corazón, la generosidad, la compasión. No lo es cuando centrándose en si misma afirma ser la única y verdadera revelada por Dios a los humanos. Cuando trata de imponer sus dogmas y creencias a toda la sociedad, valiéndose para tal fin de los poderes terrenales y entrando en connivencia con gobiernos corruptos, asesinos, genocidas, responsables de políticas generadoras de desigualdad social, de pobreza, de hambre, de miseria... Cuando arrastra a sus seguidores hacia actitudes fundamentalistas. Cuando impone en su interior un único pensamiento, acallando las voces de quienes cuestionan la doctrina oficial o la conducta de la jerarquía que se refugia bajo la cúpula vaticana. Cuando busca para sus organizaciones dinero de las arcas públicas de los diversos estados en donde tiene un número de seguidores suficiente para presionar a los gobiernos y exige para sí ventajas que no tienen el resto de las entidades de esa sociedad. Cuando trata de imponer sus criterios en sociedades laicas y religiosamente plurales. No, no pienso que pueda ser considerada cristiana cuando tal hace, por más que diga, si lo cristiano es seguir el ejemplo de Jesús.

Tampoco es un avance hacia la utopía la actitud sumisa, o si más no silenciosa, de los fieles. Este evangelio de Lucas nos muestra la actitud contestataria de Jesús. « ¡Hipócritas!», les llama de una forma clara y contundente, sin andarse con rodeos. No le hace una respetuosa reflexión, como las que de vez en cuando hacen algunas organizaciones católicas a sus autoridades eclesiásticas, en las cuales queda bien claro que no desean quebrantar la obediencia que les garantiza seguir dentro del seno de la Iglesia. No, en esa narración Jesús contesta sin temor a molestar al jefe de la sinagoga. Luego esto me invita a pensar que no es mediante el pusilánime respeto que los católicos caminarán hacia la utopía, sino mediante la contundente contestación a las actitudes hipócritas de la jerarquía eclesiástica cuando ésta hace y dice lo políticamente correcto aun cuando este hacer sea contrario a las enseñanzas del evangelio o a los logros humanos de justicia equitativa. Podríamos citar aquí la discriminación de la mujer que hace la Iglesia, la oposición ante leyes civiles que otorgan los mismos derechos a personas de distintas tendencias sexuales, la negativa del Estado Vaticano a firmar la Declaración Universal de Derechos Humanos, el apoyo de autoridades eclesiásticas a agitadores políticos... La lista puede ser larga y a buen seguro que cada cual puede hacer la suya.

Y finalmente, que esta actitud silenciosa, anticontestataria de la población cristiana ante las conductas inaceptables de su jerarquía no son camino hacia la utopía nos lo deja bastante claro el versículo 17 de este pasaje: «cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban abochornados, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía». Está claro que una buena manera de mover hacia actitudes reflexivas a quienes detentan el poder es contestarles las actuaciones no debidas, en tanto que callarse es tanto como hacerse cómplice de sus decisiones. «Quien calla otorga», dice el refrán, y aunque siempre habrá quienes tengan interés en pensar lo contrario, la mayor parte de quienes observamos desde fuera así lo vemos. Y una buena forma de atraer a quienes dispersan las actitudes farisaicas y ambivalentes del clero es contestarlas, oponerse a ellas y actuar de un modo parecido al que Lucas 13, 10-17 nos dice que actuó Jesús.

Razón tenia, en mi opinión, Leonardo Boff al decir lo que hemos señalado. La religión no debe tratar de gobernar ni directa ni indirectamente, porque gobernar es poner leyes y obligar a la población a cumplirlas. La religión debe servir para transformar interiormente a las personas, para generar en su mente esa utopía de la que están llenas las enseñanzas de Jesús, para animarles a contestar toda forma de opresión mental, moral, social, política, religiosa... Y eso no se hace mediante leyes y presiones sino a través del ejemplo.

Espero no haber divagado demasiado.

Luz, paz y gozo a todas y a todos.


Pepcastelló

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miércoles, 1 de octubre de 2008

Creencias nefastas

Pepcastelló

Creer en Dios no es malo. Pero es peligroso creer a quienes hablan en su nombre.

El artículo de F. William Engdahl titulado “El fundamentalismo cristiano infiltra el Partido Republicano de EE.UU.” difundido por ECUPRES con fecha 08/09/30 - PreNot 7696 es una clara invitación a reflexionar sobre los peligros que puede comportar la religión [1].

El peligro que conlleva la religión es el de seguir a alguien investido de autoridad por fuerzas celestiales que nunca ha visto nadie. El pensamiento hace malabarismos con las palabras y torna razonable lo irracional con tal que pueda elaborar un discurso que vaya acompañado de una carga emocional capaz de penetrar en lo profundo de la mente de quien lo recibe y despertar los sueños que en ella hay latentes.

El alma humana es un intrincado cúmulo de fantasías y sueños de toda clase, desde los más felices hasta los más terribles. Paraísos e infiernos se mezclan en lo más profundo de la mente y emergen cuando las condiciones externas lo provocan. Ángeles y demonios se disputan entonces el universo mental de las persona en pos de su conducta, que es lo único que interesa a quienes por encima de las masas manejan el discurso.

El corazón humano es sensible al amor, pero también al odio. El amor nace de la proximidad y la confianza; el odio de la inseguridad, del temor y el recelo que se asientan en la propia desconfianza, de la envidia, del egoísmo insatisfecho, de la ambición desmedida, de la codicia... El amor genera vida. El odio violencia, destrucción y muerte.

El cristianismo predica el amor al prójimo como principal mandamiento. Luego ¿quién puede entender como cristiano un discurso que ensalza el poder y promueve el dominio de unos sobre otros? Tal es el caso de la “Teología del Dominio” o “dominionismo” que inspira a una buena parte de población adscrita al “Cristianismo Evangélico Renacido” tan extendido en EE.UU.

Más allá de ideologías y doctrinas está la compasión. Cualquier discurso que se muestre contrario a ésta debe ser rechazado.

La compasión que nace en presencia del sufrimiento ajeno es el mejor aval de humanidad que puede exhibir una persona. No seremos humanos completamente en tanto no pongamos el bien común por encima del propio y la colaboración en el lugar que ahora ocupa la competencia.

Dejémonos, pues, de dioses inventados y de doctrinas complacientes y egoístas elaboradas pensando en la supremacía del yo y del nosotros. Sólo cuando seamos capaces de elaborar un discurso que sirva por igual a todo el mundo podremos empezar a pensar que nos estamos acercando a la verdad.

La gobernadora de Alaska, Sarah Palin, declarada públicamente afín al “dominionismo” ha sido elegida por el candidato republicano para ocupar la vicepresidencia. La posibilidad de que el fanatismo religioso pseudocristiano domine la tierra no es una quimera.

Ante este derroche de locura colectiva, de manipulación sectaria de las mentes que se están produciendo incomprensiblemente todavía en nuestro siglo XXI en ese lugar del mundo y en otros mucho más cercanos, parece más que justificado pasar todo pensamiento religioso, sea el que sea, por la piedra de toque del sentido común y de una ética universalizable. De otro modo, nuevos dioses se seguirán forjando en las mentes según diseño de quienes ansían el poder sobre la tierra.

[1] http://lahoradelgrillo.blogspot.com/2008/09/el-fundamentalismo-cristiano-infiltra.html

Pepcastelló

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martes, 9 de septiembre de 2008

Más sobre “Cantos a la utopía”

Pepcastelló

Como ya va siendo costumbre últimamente, un buen amigo me hace algunas observaciones que me muestran la conveniencia de precisar algo de lo dicho. Voy a ello.

Me señala muy acertadamente que «no todo son “almas sedientas” y hay mucha gente que desea ser conducida e ilusionada con símbolos tradicionales que les dan la seguridad de lo conocido».

Estoy completamente de acuerdo. Es por este motivo que escribí:

«Con esto no digo que las religiones no sirvan para nada ni que no sean caminos válidos para mucha gente. Las religiones sirven a quienes sirven, pero sirven muy poco o nada a la gran mayoría. Y lo que digo es que mientras se olviden de esa mayoría no servirán al mundo».

«Desde esta perspectiva, se me ocurre que en su relación con el descreído mundo actual las religiones harían bien renunciando a sí mismas y asumiendo su condición de “ancianas”. De este modo podrían alentar a quienes bregan contra viento y marea para que no desfallezcan y ayudarles con su sabiduría a superar escollos».

Pensé que se entendería que «las almas sedientas» del último párrafo son «quienes bregan contra viento y marea» en el penúltimo, pero olvidé decir que me refiero a quienes sin profesar creencias religiosas y aun con alergia a ellas se esfuerzan por hacer un mundo más justo y más humano. Lo olvidé posiblemente porque me pareció obvio, dada la línea de todos mis escritos y las reiteradas manifestaciones que hago de mi profesión de no creyente.

Y ahora mismo se me ocurre que tal vez haya otra cosa que tampoco está clara en mis escritos, que es la intención que los motiva. Voy a ver si puedo esclarecerlo.

Mi idea es que si el cristianismo sigue empecinado en acercarse a la gente mediante “los misterios del más allá” en vez de hacerlo mediante cuanto vamos averiguando sobre “el más acá”, especialmente en materia afectiva y neurobiológica, se apartará cada vez más de esta «civilización occidental cristiana» hasta el punto de excluirse totalmente de ella.

Pienso que en el fondo de todas las religiones hay un gran caudal de sabiduría y que el mundo actual está muy necesitado de ella. Pero es evidente que rechaza la envoltura religiosa que la vehicula. La actual forma de vida impulsa los conocimientos técnicos en detrimento de la sabiduría, luego es necesario encontrar nuevas formas de transmitirla y hacerla estimable. Me parece evidente que esta forma de vida materialista y deshumanizada es un disparate y una vía rápida para la autodestrucción.

La reflexión es una facultad humana. La bondad es una cualidad que todo individuo necesita desarrollar si queremos librarnos de esta vorágine que nos engulle, y esto requiere un trabajo interior en la persona. Si la vía religiosa ha fracaso en la mayor parte de la población, lo sensato es buscar otra, no insistir en lo que no va ni cruzarse de brazos. Pero ¿quien puede llevar a cabo semejante tarea, sino personas con cualidad humana suficiente? ¿Y dónde hallar preferentemente a esas personas sino en el entorno religioso? Sí, pero en un entorno religioso capaz de hablar con un lenguaje asequible al “no religioso” al cual quiere dirigirse, no con la tradicional jerga que el mundo no creyente rechaza.

Esta ductilidad que reclamo al mundo creyente no significa renunciar a su fe, sino al contrario, le pido que sea consecuente con su fe y que busque una forma de expresarla acorde con el momento histórico que vivimos. Cierto que ya hay muchas personas trabajando en esta tarea, pero me parece insuficiente porque la mayoría de ellas siguen anteponiendo sus creencias y no renuncian a expresarse en términos religiosos, como si lo más importante para ellas fuese dejar clara su identidad de creyentes.

En fin, ahí está esta aclaración y mi invitación a conversar sobre este tema. Gracias por vuestra atención y por vuestro esfuerzo.

Pepcastelló

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domingo, 24 de agosto de 2008

El “pack” religioso

Pepcastelló

En un cursillo sobre la fe cristiana en el cual participé hace ya algunos años, una compañera expuso sus razones para creer. Dijo que de pequeña le había preguntado a su padre cómo sabía él que había un Dios esperándonos en el cielo, y que él le respondió:

− ¿Como sabes tú que yo soy tu padre?

− Porque me lo habéis dicho tú y mamá.

− Pues del mismo modo sé yo que hay un Dios bueno, porque me lo han dicho personas a quienes creo.

Me quedó claro. Creemos en el Dios que predica la Iglesia porque creemos en la Iglesia. ¿Alguien puede decirme por qué creemos en la Iglesia?

En una conversación de sobremesa en torno a la educación de los hijos, una comensal me dio hace unas semanas una respuesta que me parece válida: «Las creencias de cada cual dependen del entorno social donde se ha criado». De acuerdo, aunque no tanto con lo que añadió: «Si yo fuese árabe, posiblemente sería musulmana». Bien, pues tal vez no, porque no todos los árabes son musulmanes, como tampoco son católicos todos los españoles, ni ahora ni aun en la época del nacionalcatolicismo. Pero lo que sí parece bastante claro es que las creencias se transmiten mediante lazos de afecto. De aquí que adoctrinar sea una labor más de orden afectivo que intelectual. Tenemos tendencia a creer lo que nos dicen las personas que amamos, aquellas con quienes nos sentimos identificadas o unidas, y a cuestionar lo que nos dicen las otras. Y ahí está el fallo, que consiste en que no es la razón sino el corazón quien decide lo que vale y lo que no vale, lo que es bueno y lo que es malo. ¿Serán estas «las razones del corazón» a las cuales se refería Pascal y que tan bien han demostrado conocer siempre los especialistas en marketing religioso?

Si las creencias se refiriesen tan sólo a las cosas celestiales no merecerían en mi opinión mucha atención, porque tendrían muy poca incidencia social. Pero algo que no repercutiese en el mundo real nunca hubiese surgido en la mente del ser humano. Las creencias son auténticos sistemas de programación mental que afectan a toda la conducta individual y colectiva. De ahí que haya habido siempre tantos y tan esforzados veladores de ellas y que tantos prominentes cerebros hayan dedicado horas larguísimas a elaborar todo ese galimatías que constituye el entramado de las diversas doctrinas religiosas. De ahí también que esas doctrinas hayan sido perseguidas o impuestas por quienes ejercían el poder en cada momento según que les perjudicasen o favoreciesen, algo que aunque parezca mentira todavía ocurre en este siglo XXI.

La religión tiene cada día menos influencia en el mundo opulento. Esta “civilización occidental cristiana” ha sustituido al clero por los mass media y con ellos dirige la mente y la conducta de las gentes. «Donde antes hubo los curas, ahora está el televisor; vamos de mal en peor». Pero aun así, subsiste un cristianismo conservador y burgués destinado a satisfacer la conciencia de las clases sociales privilegiadas, que son las que mayor influencia social tienen y las que más se oponen a todo cambio. Un cristianismo que como bien sabemos es el que ha impuesto la mayor de las instituciones que lo lideran desde hace siglos y el que predica hoy día.

Dado que la religión no puede imponerse ya por real decreto, la oferta religiosa se hace hoy en nuestro mundo civilizado en forma de “pack”, como cualquier mercadería. El “pack” católico tal como se ofrece en mi entorno consta de: las parábolas evangélicas, el Cristo de los concilios, el “tú eres Pedro”, el perdón de los pecados necesario para entrar en el cielo (cada día menos solicitado), los sacramentos todos en sus vertientes religiosa y social, la Madre Teresa de Calcuta y San José María Escrivá de Balaguer como ejemplos de vida cristiana, los gozos de la liturgia, una educación de élite para las clases pudientes (hoy a la baja), la posibilidad de medrar y en casos extremos de sobrevivir, un entorno social escogido adecuado a cada edad, la seguridad de un pensamiento claramente conservador..., y un montón de cosas más que no sé o no recuerdo. Todo esto más la bien organizada red humana que lo transmite, formada por párrocos entregados, amables curitas, disciplinados frailes, abnegadas monjas, afectuosas catequistas, asequibles monitores y monitoras de centros parroquiales, etc. Todos y todas a las órdenes incuestionables del obispo, y éste del Papa, responsable máximo ante Dios y ante los hombres de la calidad del “pack”. ¡Tremendo “pack”! No es extraño que muchos espíritus críticos lo rechacen.

Suerte que la especie humana es diversa, y esto ha hecho posible que de entre la población creyente clerical y laica haya habido siempre quienes han sabido desliar esos bien ensamblados “packs”, sacar de ellos la esencia del evangelio y deshacerse de todo lo inservible. De entre esas arrojadas personas con espíritu insumiso, las ha habido que acabaron en la hoguera, otras fueron proscritas o eliminadas de diversos modos, y hubo algunas que sobrevivieron. Cabe esperar que estas últimas sean la semilla que germine y de la cual brote el espíritu de un cristianismo verdaderamente redentor. Un cristianismo humano, alejado de espurios intereses clericales y políticos. Un cristianismo que intuyo podría jugar todavía una gran baza en el mundo actual, aunque no sé si en el futuro. “Eso Dios lo sabe”, dicen las personas creyentes. Bueno, pues dejémoslo así, y ojalá que así sea.

Pepcastelló

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